Francisco Jesús Navarro Compán no posee el mayor palmarés de la historia, pero sí un récord que habla de una virtud extraordinariamente compleja de encontrar en el pádel.
Ha sido campeón junto a ocho compañeros diferentes. Ocho estilos, ocho personalidades, ocho formas de entender el pádel que terminaron convergiendo alrededor de un mismo denominador común.
Porque Paco no solo gana partidos; moldea y potencia jugadores. Es un cincel que, a golpe de exigencia, va retirando todo aquello que sobra hasta dejar al descubierto la mejor versión de quien tiene al lado.
Su manera de hacerlo, eso sí, nunca ha sido convencional. Quien decide compartir pista con él sabe perfectamente a qué se expone.
A una mirada que pesa más que mil palabras. A un par de juegos de silencio absoluto. A un gesto de desaprobación, a una mueca de frustración o incluso a ese warning forzado deliberadamente como llamada de atención.
Su comportamiento es mejorable, y él lo ha dicho siempre. Pero reducir al sevillano únicamente a esos momentos es injusto.
Detrás de esa superficie áspera existe una inteligencia competitiva extraordinaria, una capacidad sinigual para detectar cuándo un compañero necesita un empujón, cuándo debe elevar su nivel y cuándo la comodidad empieza a convertirse en el peor enemigo del rendimiento.
Exige mucho porque sabe que el potencial rara vez aparece sin presión.
Si eres lo suficientemente maduro para entender que sus gestos no son personales y lo bastante fuerte de cabeza para no romperte cuando aprieta, el premio suele llegar.
Pacorro no convierte el plomo en oro por arte de magia; simplemente obliga al metal a soportar temperaturas que pocos están dispuestos a resistir. Ahí reside su mayor virtud. No solo juega a un nivel superlativo, sino que consigue elevar el ecosistema competitivo de quienes le rodean.
Quizá por eso resulta tan injusto el juicio que parte de una fotografía en lugar de contemplar toda la película. Lo que os repito siempre del contexto.
Mucha gente empieza a ver los partidos completos en cuartos de final o, directamente, en semifinales, justo cuando a este tipazo de 37 años le toca enfrentarse a Tapia-Coello o Chingalan.
Es entonces cuando aparecen la frustración, las caras largas y ese lenguaje corporal que tantos titulares genera. Quien solo presencia esos partidos concluye que está acabado, que ya no tiene nivel y que además es un mal compañero.
Pero olvidan que quien ya ha conquistado la cima también debe convivir con la cruda realidad de que el tiempo no perdona. Un proceso muy jodido.
Y, sobre todo, se pierden lo que ocurre en los partidos de dieciseisavos y octavos en los que sigue impartiendo auténticas masterclass de pádel, dominando con autoridad y mostrando una actitud muy distinta a la caricatura que algunos han construido.
Paquito fue número uno del mundo. El gran impulsor del crecimiento del pádel español cuando este deporte todavía estaba lejos de la dimensión actual, dominado por argentinos.
Y ahora, en el tramo final de una carrera irrepetible, sigue demostrando que su mayor legado no son únicamente los trofeos, sino las personas a las que ha ayudado a competir mejor.
Di Nenno, muy lejos de su nivel habitual durante meses, ha vuelto a respirar competitivo de la mano de su amigo Pedazo.
Han llegado las primeras semifinales del año y, con ellas, la sensación de que el argentino vuelve a reconocerse sobre la pista. ¿Casualidad? Quizá.
Pero cuando un mismo fenómeno se repite una y otra vez con compañeros distintos, deja de ser casualidad para convertirse en una firma.
Esa firma es la del Huracán del Barrio de Los Remedios: un competidor imperfecto, sí; incómodo muchas veces, también; pero extraordinariamente capaz de sacar de los demás aquello que ni ellos mismos sabían que llevaban dentro.
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Lo de Manu Carrasco aquí no va de espectáculo. Va de memoria, de humanidad y de entender que una canción también puede ponerse del lado correcto.
Cuando la cultura mira de frente, deja marca.
Hoy ha fallecido El Cabrero, la voz revolucionaria del pueblo andaluz.
"Con la fuerza de un volcán
el pueblo se está quejando,
con la fuerza de un volcán,
porque ve que está pagando
las trampas del capital
y se pregunta ¿hasta cuándo?"
Quienes nos acosaron y amenazaron ahora van a pagarnos el sueldo 😘😘
Los jueves ‘Poco me parece’ en @rtveplay a eso de las 23:10 (cuando termine La Revuelta)
🎸Los nombres propios más importantes en la carrera de @paquito_navarro .
🎙️Episodio #1 de BullPodcast ya disponible aquí: https://t.co/B1XbEz60I0
@NachoPalen#BullPodcast
El orgullo de un barrio hecho cofradía cuando sale el Soberano Poder: "Ya está aquí el rey de La Granja"
✍ @fabuin
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En dos días nos han dejado dos de las grandes figuras del rock español. Muy diferentes y a la vez muy parecidos. Metafórico y lírico Robe, incisivo y sintético Jorge, ambos compartían una ausencia de hipocresía y un verbo ágil para la respuesta que en los tiempos actuales les hacían merecedores de viralidades que para ellos no tenían sino un carácter anecdótico. Hasta irónico: para dos tipos que fueron denostados en su día por su irreverencia, estar considerados como epítomes de la intelectualidad actual no tenía que dejar de causarles cierta gracia.
Se van dos figuras fundamentales para entender el devenir del rock español de las cuatro últimas décadas. Es ley de vida tener que despedir a nuestros referentes: no sé si se refería a eso Robe cuando hablaba de una ley innata. Pero hoy, en un mundo cada vez menos simbólico y absurdamente literal, la partida de dos artífices de la palabra me parece un símbolo de los tiempos.
Hoy el bosque se me antoja un poco más sombrío.