Me sorprende cómo puedo verme llena de vida y al mismo tiempo, estar tan atrapada en mis propios pensamientos negativos. Qué extraños pueden ser los contrastes que llevo por dentro.
Antes quería que todo fuera inolvidable. Ahora sospecho que una buena vida está hecha, sobre todo, de días comunes. Desayunos sin apuro. Conversaciones sin objetivo. Caminatas sin destino. Quizás el lujo más escaso no sea la aventura, sino la normalidad.