Hoy contratar a Tony Robbins cuesta 1 millón de dólares por un solo día.
Esto es una cinta de 21 minutos grabada en su propia casa hace más de 30 años.
Ahí explica exactamente cómo lograr que cualquiera diga que sí.
El mismo material por el que ahora cobran fortuna… completamente gratis.
Es una grabación rara e sin filtros, de la época en que todavía no cobraba a multimillonarios solo por estar en la misma habitación.
Cuando alguien dice que no, da dos excusas:
“No tengo tiempo” o “No tengo dinero”
Ninguna es verdad.
La verdadera razón es que todavía no cree que valga la pena.
No es un problema de dinero. Es un problema de estado.
Tony enseña algo que llama “atacar y confesar”
En lugar de discutir la objeción, confiesas la tuya propia:
“Yo tuve la oportunidad de ir hace seis meses y no fui hasta hace dos.
No puedo ni imaginar el tiempo que perdí”
La sala se queda en silencio. Nadie discute.
Después mete a la persona en el “tren del sí”
Cada pequeño sí se suma al siguiente.
Hasta que decir que no al final se siente más difícil que decir que sí.
Cuando llega el momento de firmar, la persona ya ha aceptado cinco veces sin darse cuenta.
Solo 21 minutos.
Ahí aprendes las dos únicas jugadas por las que la gente paga 1 millón al día:
cómo leer el estado de cualquiera… y cómo moverlo.
La mayoría se pasa años adivinando en ventas.
Él lo escribió en un flipchart de su sala de estar en menos de media hora.
Un asiento en esa habitación costaba $125 dólares.
Hoy cuesta $1 millón de dólares al día estar frente a él.
La cinta está gratis ahora mismo.
Y la respuesta está en este video.
AMLO le pidió a su familia alejarse de lo material.
José Ramón decía que quería andar en Metro, tomarse un café en la esquina y vivir sin lujos.
Andy juraba que él no iba a estar en el gobierno.
Qué bonita colección de cuentos.
Al final hicieron exactamente lo contrario: viajes, restaurantes exclusivos, ropa cara, tenis de miles de pesos, cargos, candidaturas y vida de privilegio.
La austeridad era para la gente.
La humildad era para el discurso.
La vida cómoda era para la familia.
Predicaron contra los fifís durante años… y terminaron viviendo como los fifís que tanto criticaban.
Un México chingón y exitoso. Se siente bien bonito escuchar la pasión y la felicidad con la que habla de su negocio, y de su joya en forma de mazapán. A quien sale adelante y triunfa, siempre hay que respetarlo y admirarlo.
Sin él, no existiría la arquitectura.
Ni los satélites.
Ni los mapas.
Ni el GPS.
Cambió el mundo sin levantar la voz.
Su nombre: Euclides.
Y su historia te va a volar la cabeza.