Macario Martínez ha sido todo el consuelo que necesité el último tiempo. Mientras tanto, sigo perdido entre mis opciones por una nueva estética para mudarme de cuenta. Universo, soy yo otra vez.
Este año mi cumpleaños vino cargado de varias reflexiones. Apenas pasó un día y me he puesto a cuestionar muchas cosas arraigadas a lo que soy, pero al menos sé que todo es para construir algo mejor para mí. En definitiva, ya es momento de volver.
El reencuentro con una persona que perdiste la esperanza de volver a ver es indescriptible. Para alguien como yo que nunca olvida, definitivamente brinda calidez saber que fuiste recordado. Ojalá se repita esta pequeña suerte de ayer.
El mar es mi refugio. Él no me cuestiona, porque en su suave oleaje reconoce que siempre sostengo recuerdos y afectos, y me permite soltarlos. Duele. Y prefiero escribir en la arena la pena que mantengo cautiva en mi pecho, esperando que guarde mi secreto al morir en la orilla.