se dice que existe una noche tranquila en la que aceptas que ya no hay nada más que hacer y decides soltar, pero para llegar a esa noche el precio es mil noches de llanto
corté muchísimos vínculos cuando me di cuenta que si yo no hablaba, no me hablaban, si yo no decía de juntarnos, no nos juntábamos, si yo no preguntaba como estaban, no me lo preguntaban; duele darse cuenta, pero también es sanador ya no rogar amistad o atención.