En realidad, no estoy pidiendo demasiado. Ahora mismo solo quiero descansar, dormir en paz, volver a reír hasta que me duela la cara, salir a respirar aire fresco y aferrarme a la certeza de que, poco a poco, voy a estar mejor.
Soy el claro ejemplo de que, para alejarme de algo, primero lo intento mil veces y al final tiene que destruirme por completo. Y no es por falta de amor propio, sino por la maldita fe que tengo en creer que todo puede cambiar. Soy de esos que se queda hasta el final, aunque me rompa entero. Porque prefiero irme hecho pedazos antes que con la duda de si pude salvarlo.
Me dolió que no lucharas por mí,
pero me dolió aún más
que no te costara nada perderme.
Esa manera de soltarme
como si nunca hubiera significado
ni un poco.
A veces también necesitamos que nos busquen, que nos digan que nos quieren y nos hagan sentir importantes. No siempre queremos ser quienes sostienen todo, toman la iniciativa o demuestran lo que sienten. También necesitamos recibir cariño y sentir que nuestra presencia importa.