Fuera de broma, el que crea o no, pero esta gente está enviando un mensaje al planeta entero. No somos nada en el Universo, nos peleamos por ridiculeces. Guerras estúpidas. Dicen que el paraíso es el cielo pero ya vivimos en el paraíso y lo estamos destruyendo. Somos el Todo y somos la Nada. Es tiempo de evolucionar señores
🚨El Comité Olímpico Internacional (COI) anunció que, a partir de Los Ángeles 2028, solo mujeres biológicas podrán competir en la categoría femenina del deporte olímpico.
La presidenta Kirsty Coventry afirmó que la medida se basa en criterios científicos y busca garantizar equidad y seguridad en la competencia.
La educación superior pública en México vive una tensión entre jóvenes académicos precarizados y veteranos con estabilidad. Más que la edad, se trata de una disputa por recursos y prestigio en un sistema con escaso recambio. El reto hoy es revertir el conflicto en diálogo para dignificar la profesión y asegurar el futuro educativo del país.
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No hay forma de negar que México vive en la oscuridad perenne. En México es constantemente de noche. Nuestro reloj marca permanentemente la Hora del Diablo. Estamos malditos. El país ha sido arrasado por su clase política y por los narcos. Entre ambos nos han robado todo: la tranquilidad y la república; el futuro y la esperanza. Ambos son las piezas del narcorrégimen que aprieta la pinza sobre nuestro cogote. México es un país que peca de inocencia, que finge demencia para intentar conservar la cordura. Somos un país tan fallido que no nos queda más que hacer como que no pasa nada. Como que podemos tener TMEC chapoteando en la sangre de los descabezados; que podemos invitar a los inversionistas para que finquen sus fábricas sobre la tierra humedecida por las vísceras de los desollados; que podemos hacer nuestra vida, planear nuestro futuro, invertir en una casita, mientras hay madres escarbando la árida tierra en busca de unos huesos a los que puedan hablarles con el amor con el que un día les hablaron cuando eran sus hijos y estaban vivos. ¿Qué nos queda en un país que no va a ningún lado sino hacer como que seguimos avanzando? Vivimos en un país esquizofrénico que castiga las palabras y protege a las mujeres del debate pero entrecierra los ojos a los horrores que todos los días suceden en la densidad arbolada de algún paraje escondido; creemos que podemos sostener ideas "progresistas" como si cada hora alguien no fuera hecho cachitos por sus enemigos; vivimos como si el viento no hiciera resonar en todos los rincones del país los aullidos de los torturados, como si no hubiera millones de familias rotas y humilladas. Nos llenamos la boca de feminismo en un país completamente deshumanizado. Nuestro horror se esparce todos los días como un incendio feroz e incontrolable. No hay límites para la crueldad mexicana. Nuestra marca registrada es la sevicia, la barbarie es nuestra moneda de cambio, la salvajada el producto que mejor nos distingue en el mundo entero. ¿Cómo podemos seguir soñando si compartimos el país con una horda de miles y miles de salvajes, con una yunta de animales premodernos sin córtex prefrontal que inhiba su naturaleza oscura, su alma malhadada? ¿Cómo es que le hacemos para seguir contando chistes, cantando, bailando, riendo? ¿Cómo podemos hacer el amor si nuestra casa está a espaldas de un campo de exterminio; o cantar un gol si bajo esa misma tierra reposan los restos de alguien que nunca va a encontrar descanso? Pronto no quedará familia mexicana que no se encuentre atravesada por el dolor más brutal, que no haya sido tocada por la maldad demoniaca de sus semejantes. Ya nos volvimos todos locos porque es la única manera en que podemos despertar todos los días y hacer como que no pasa nada.
Este párrafo de Carl Jung me golpea muy fuerte.
El mundo está lleno de personas que sufren las consecuencias de su propia vida no vivida. Se vuelven amargados, críticos o rígidos, no porque el mundo sea cruel con ellos, sino porque han traicionado sus propias posibilidades internas. El artista que nunca crea arte se vuelve cínico con quienes do. El amante que nunca se arriesga a amar se burla del romance. El pensador que nunca se compromete con una filosofía se burla de la creencia misma. Y, sin embargo, todos sufren, porque en el fondo saben: la vida de la que se burlan es la vida que estaban destinados a vivir.
Once ejecutados en un campo de futbol, el 25 de enero, en Guanajuato.
Diez mineros secuestrados en Sinaloa, de los cuales cinco ya han aparecido muertos.
Eso, sólo en lo va de este año.
¿Qué más hace falta para sacudirte la conciencia, México?
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién.
La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión.
Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo.
Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas.
Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.
Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.
La autoproclamada izquierda latinoamericana está viendo las consecuencias haberse aliado con el crimen organizado. ¿Lo necesitaban para tomar y mantener el poder o fue por simple ambición económica?
@sciencegirl When survival is guaranteed, purpose disappears. When everything becomes convenient, curiosity dies. When you strip a species of challenge, you erase its need to evolve.
No es pesimismo, es claridad: vas a morir. Tal vez no hoy, pero sí. Y sabiendo eso, ¿cómo vas a vivir? Los estoicos usaban la muerte como faro, no como sombra. Porque quien recuerda su fin, honra mejor cada inicio.
Siento lástima por quienes creen que la pesadilla mexicana terminará cuando:
-Se muera López
-Desaparezca Morena
-Se acabe el dinero para las dádivas
-Gane la oposición
- Etc...
El problema no está en las consecuencias, sino en las causas, y la causa, es el mexicano promedio