Ya está lista la carpeta con más de 200 fotos en HD de la hazaña histórica de hoy; Una fiesta el baile descomunal que le pegamos a Inglaterra.
Inolvidable.
Una foto mejor que la otra.
y NOVEDAD: hay carpeta con videos.
PARA COLECCIONAR
Dale RT así seguimos con la cábala (están las carpetas de todos los partidos)
Lo bajan acá:
https://t.co/NND4wdXWOw
@BocaEsPueblo Chupa pijas, ustedes son responsables por haber engrunpido a varios tontos que se creyeron sus cuentitos.
Recién ahora se dan cuenta de la basura que es Riquelme para Boca. Y mirá que tuvieron oportunidades, eh.
En el Boca que se viene no hay lugar para mierdas como ustedes.
Tóxico como nadie. Problemas en cada lugar donde puso un pie. Jugó en Boca "por amor a la guita", lo dijo el cuando se retiró en AAAJ y se puso por encima del escudo. Con la pelota el mejor y como presidente el peor lejos. Dividió al club como nunca, rompió una familia. JRR.
Antisemitas y pro terrorismo me denunciaron masivamente la cuenta y la tengo shadowbaneada (invisibilizada).
Ayúdenme con RT y sugiriendo que me sigan, para romper esas restricciones.
Gracias a todos !!!
Tevez resignó USD 50 Millones en China para jugar en Argentina. Y en ARG eligió donar TODO su contrato a caridad.
El kirchnerismo siempre lo puteó y le dijo desclasado.
Florencia Peña se chupo una japi en vídeo, no donó una mierda, puteó a Messi y siempre cobró del Estado.
Se cansó de sacarle guita a Boca, de pedirle todos los dólares a más no poder al club. Hoy sigue currando y llevándosela con su familia. Cada día que pasa, esta rata que está escondida, me produce más rechazo. Lo peor que le pasó al club en 121 años.
Ya no interesa si "ahorró" 500 mil dólares en blanco, negro, gris o si era el mismísimo Satoshi. Es peso muerto e insostenible para un gobierno que vino a achicar el Estado y terminar con los curros.
Tiene que irse ya mismo y volver a su pasada vida de monje.
🔵🟡 RECRUDECE LA GRIETA POLÍTICA EN BOCA: MAURICIO MACRI CRUZÓ A JUAN ROMÁN RIQUELME OTRA VEZ
🧨 En un acto del PRO en Santa Fe, el ex presidente de la Nación y del Xeneize apuntó contra JRR, actual mandatario del Club de La Ribera.
🔥🗣️ "A que aquel que recibe el poder no crea que es más importante que las instituciones. En estos días hay un ejemplo muy doloroso para millones de argentinos, y para mí ni que hablar, porque yo dejé 12 años de mi vida en ese club para llevarlo y soñar con un gran equipo dentro y fuera de la cancha", deslizó Macri.
💬 ¿Qué piensan⁉️
🎥 @SolPlay915
El villano de una historia mal contada. Riquelme dividió a la gente, la hizo enfrentarse entre sí, rompió la unidad de los bosteros. Angelici ya no está, pero el hincha de Tigre sí, y sigue con la grieta. No solo eso, le pone filtro y le pega en la cancha. Sos un cadáver Román.
EL CLUB ES DE LOS SOCIOS PERO…
- Hay un filtro ANTIESTATUTARIO de 70% de asistencia
- Los abonos nunca estuvieron tan caros (superan a la inflación)
- El aporte del socio nunca fue tan alto como con esta gestión
- Te cobran carísimas unas entradas para un amistoso de mierda de pretemporada contra Millonarios 🇨🇴
- La app para comprar entradas (Boca Socios) funciona como el orto
- La cancha está llena de extranjeros
- El socio no puede expresarse libremente en la cancha: le pegan, lo aprietan, lo acallan
Lo de Riquelme no tiene perdón. Y lo de sus cómplices, menos.
Boca como botín político del kirchnerismo
Por Dani Lerer
Hay pocas instituciones en la Argentina con la capacidad de movilización emocional, social y cultural que tiene Boca Juniors. Boca no es solamente un club de fútbol: es identidad, pertenencia, pasión popular y también poder. Mucho poder. Y justamente por eso, desde hace años, sectores vinculados al kirchnerismo entendieron algo fundamental: controlar Boca significa mucho más que administrar un club. Significa ocupar un territorio simbólico gigantesco dentro de la sociedad argentina.
La política argentina siempre tuvo vínculos con el fútbol. Negarlo sería ingenuo. Pero en el caso de Boca, el fenómeno adquirió otra dimensión. El club dejó de ser únicamente una institución deportiva para convertirse en un escenario de disputa ideológica, construcción de poder y posicionamiento político.
No es casualidad que muchos dirigentes, operadores y militantes cercanos al kirchnerismo hayan encontrado en Boca una plataforma extraordinaria de visibilidad e influencia. El fútbol ofrece algo que la política tradicional perdió hace tiempo: emocionalidad masiva. La camiseta llega donde los discursos partidarios ya no llegan.
En los últimos años, Boca fue progresivamente colonizado por una lógica política que prioriza la construcción de relato antes que la excelencia institucional. La romantización permanente del “club es de los socios”, el uso constante de consignas emocionales y la necesidad de dividir al hincha entre “populares” y “enemigos” reproduce exactamente el mismo esquema discursivo que el kirchnerismo aplicó durante décadas en la política nacional.
El problema es que cuando un club se convierte en herramienta política, el socio deja de ser prioridad. Y cuando la política entra por la puerta principal, muchas veces la transparencia sale por la ventana.
En @BocaJrsOficial , cada crítica es presentada como una conspiración. Cada cuestionamiento es respondido con agresividad militante. El modelo es conocido: deslegitimar al opositor, polarizar, victimizarse y convertir cualquier debate institucional en una batalla ideológica. No importa si se habla de refuerzos, balances, gestión o resultados deportivos; todo termina absorbido por la lógica amigo-enemigo.
Esa dinámica no nació en el fútbol. Nació en el kirchnerismo.
El club se transformó en un espacio donde importa más ganar la narrativa que ganar prestigio internacional. Mientras otros gigantes del continente profesionalizan estructuras, desarrollan marcas globales y modernizan sus instituciones, Boca muchas veces parece atrapado en discusiones internas cargadas de simbolismo político y utilización emocional de la identidad popular.
Y ahí aparece otro elemento central: la utilización de ídolos.
En la Argentina, pocas figuras generan tanta protección emocional como Juan Román Riquelme. Su historia futbolística es inmensa e indiscutible. Pero justamente por eso, su figura resulta políticamente invaluable. Porque cuando un ídolo entra en política institucional, la crítica deja de analizar gestión y pasa a sentirse, para muchos hinchas, como un ataque personal o sentimental.
Ese fenómeno es funcional a cualquier construcción de poder.
El kirchnerismo entendió durante años la importancia de construir liderazgos emocionalmente blindados. Líderes convertidos en símbolos. Figuras colocadas por encima de cualquier evaluación racional. Y Boca terminó replicando parte de esa lógica: la discusión institucional muchas veces queda subordinada al culto personal, a la épica y al relato.
Mientras tanto, el club corre el riesgo de degradar algo fundamental: su grandeza institucional.
Porque Boca fue gigante mucho antes de cualquier dirigente, de cualquier espacio político y de cualquier administración de turno. Su fuerza histórica nació de la cultura del esfuerzo, de la competitividad, de la ambición internacional y de una mentalidad ganadora que trascendía ideologías.
Convertir a Boca en un instrumento de disputa política no fortalece al club. Lo achica.
La Argentina ya sufrió demasiado las consecuencias de mezclar fanatismo político con instituciones que deberían pertenecer a todos. Cuando una organización deja de funcionar como espacio plural y pasa a responder a una lógica facciosa, inevitablemente pierde calidad institucional.
Y eso vale también para el fútbol.
El socio de Boca no debería tener que elegir entre ser hincha o ser militante. No debería aceptar que cualquier crítica sea tratada como traición. No debería resignarse a que el club sea utilizado como plataforma de construcción política o laboratorio de relato ideológico.
Porque Boca no le pertenece a ningún espacio partidario.
Boca le pertenece a su historia, a su gente y a millones de hinchas que quieren volver a ver al club siendo referencia mundial por su grandeza deportiva e institucional, no por sus internas políticas.
Cuando la política convierte a los clubes en trincheras culturales, el fútbol deja de unir y empieza a dividir. Y ahí, todos pierden.
Riquelme se puede juntar con su mamá y quedarse en Don Torcuato tomando mate y comiendo asado. Quedó demostrado que es la persona que menos sabe de fútbol del país. Nos quejábamos del quemero de Angelici porque nos dormían siempre, pero con Riquelme eso no cambió nada y sus equipos directamente son tan malos que ni compiten.
Las peores Copas Libertadores de la historia son de esta gestión. Y en los primeros años ganó títulos y llegó a semifinales de Libertadores con el equipo que heredó de Angelici.
Todo el semestre tuvimos un lateral derecho pura y exclusivamente por afinidad política de Rosica con Riquelme. Weigandt no puede jugar ni en un torneo interbarrial, pero como sale con la hija de Rosica se llevó semejante premio.
Trajo negociados como Janson, Martegani, Javi García, Pulpo González, Roncaglia, Braida, Valdez, Velasco, Alarcón, Palacios, Aguirre, Lema, Cavani, Ramirez, Briasco, Orsini, etc.
Riquelme heredó un equipo que había llegado a 2 semifinales y 1 final de América (2016, 2018 y 2019), para después no pasar Octavos de Final 2 veces, no ganar siquiera la Fase Previa (con el peor equipo de la historia de la Libertadores) y quedar en Fase de Grupos (no pasaba desde 1994).
Ni hablar que en la Sudamericana 2024 (porque no jugamos Libertadores ese año), quedamos 2° en un grupo MEDIOCRE y nos fuimos en Octavos de Final. Una Copa que ganaron Defensa y Justicia, Racing y Lanús, nosotros ni competimos.
El que banque esta mediocridad, es parte del problema. Ni hablar de que la cancha no insulta porque la llenaron de amigos suyos haciéndolos socios por izquierda y con el filtro arbitrario desde 2022. Riquelme es el peor presidente de los últimos 40 años