@gaceta_es@Gonnassaurius_ Precisamente por esto , Vox es mejor que vaya de la mano del PP, si fuera primera fuerza , algo inventarían para que no llegase a gobernar.
Mi madre fregaba el cuarto de baño con Vim Clorex Verde y lejía Los Tres 7. Y le daba un golpetazo de agua fuerte. P’a desincrustar. Y salía una nube de vapor gordo rollo Fukushima que te dejaba el pelo rubio y los ojos como un conejo con mixomatosis. Tiesos de cuna pero más limpios que los chorros del oro. “Niña, le decía mi padre, no vayas a mezclar el agua fuerte con lamoniaco que te conozco. A ver si vamos a salir ardiendo o argo, joder”. Mi padre no era Lavoisier pero leía el “Muy Interesante” en la barbería y el cabrón lo mismo te hablaba de toros que de la entalpia de vaporización de lamoniaco.
En mi casa de niño también se trabajaba el Taifol y la cera Alex. Y mi madre se ponía dos trapos en los pies y se pasaba el día dándole brillo al suelo mientras andaba como Fraga. “Niña, para ya con el ejercicio, hostia, que se te van a poner las piernas como a Lejarreta”. A mí me volvía loco ver a mi madre dar Blanco España a las juntas de los azulejos mientras canturreaba La Zarzamora o la Bien Pagá, porque en mi casa de niño, por lo que sea, se escuchaba más copla gorda de celos y puñales que a Verdi. Y más a Bambino que a Beethoven. Un día mi madre se hizo socia de “Avon”, que eran mujeres con permanente que organizaban reuniones en las casas y vendían colonias que venían en botes raros y olían a puticlub camboyano. Mi padre decía que eso era una secta, “esas son del Palmar de Troya, que te lo digo yo”.
Bendita infancia.
@labanderaes Por supuesto que lo primero es Ceuta y toda su gente, pero siempre es lo mismo , cuando ven que no tienen defensa de ningún tipo , “da igual de qué partido seas”, “todos son iguales “
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1/2 Difundan ese mensaje, por favor. 🙏🏻
Tras años de amenazas, una agresión en 2020 y más de 10 denuncias archivadas, ahora enfrento una gran ofensiva judicial en Madrid. ACO y el centro de menas de Hortaleza han presentado denuncias contra mí, usando incluso la LOPD para atacar mi trabajo. Se me acusa de delito de odio, revelación de secretos e irregularidades por el mero hecho de publicar datos oficiales.
Además de las tres demandas que ya inicié contra calumnias y difamaciones (gracias a los que colaborasteis), ahora debo afrontar mi defensa en los dos procedimientos abiertos. No quiero rendirme.
Acabo de activar un nuevo GoFundMe para cubrir la defensa legal, la contraofensiva judicial y continuar mi investigación. Vuestra ayuda es clave. Gracias de corazón.
https://t.co/GM8tMdZ0xg
SE ACABA LA SEMANA DE LOS MUÑECOS DE MADERA
Esta semana hemos asistido a un prodigio intelectual digno de estudio: miles de personas descubriendo que las imágenes de Semana Santa son, atención, “muñecos de madera”. Un hallazgo comparable a afirmar que la Capilla Sixtina es “un techo pintado” o que Velázquez se dedicaba a “dar brochazos”.
El problema no es la ignorancia. La ignorancia, al menos, puede corregirse. El problema es la intención disfrazada de ocurrencia brillante. Porque reducir siglos de arte, tradición e identidad a su materia prima no es describir: es vaciar.
Pero es un mecanismo muy eficaz. Si algo no te gusta, no lo discutes, no lo estudias, no lo entiendes. Lo ridiculizas. Lo conviertes en caricatura. Y, una vez convertido en caricatura, ya no merece respeto. Ni defensa.
Mientras tanto, quienes repiten lo de “muñecos de madera” creen estar demostrando una superioridad intelectual que, en realidad, consiste en no haber comprendido absolutamente nada. Porque no están describiendo la realidad, están simplificándola hasta hacerla irreconocible.
Curiosamente, este ejercicio de reducción nunca se aplica a otros ámbitos. Nadie llama “estructura de hormigón” a un museo, ni “pantalla iluminada” a una obra digital contemporánea. Solo ocurre con aquello que conecta con tradición, con historia, con identidad.
Casualidad.
Al final, no es una cuestión acerca de religión. Es algo mucho más incómodo: hay símbolos que recuerdan que existía algo antes de este presente vacío. Y eso, para algunos, es insoportable.
Por eso no lo atacan. Lo llaman “muñeco”. Y esperan que, a base de repetirlo, termine siéndolo.
Y aquí es donde la broma deja de ser broma. Porque lo de los “muñecos de madera” no es solo una ocurrencia desafortunada: encaja perfectamente en la lógica de la Agenda 2030 y su ideología.
Una agenda que no se presenta como ideológica —porque eso sería demasiado evidente—, sino como técnica, inevitable, casi moral. Pero que, en la práctica, necesita algo muy concreto: individuos desligados de sus raíces, de sus símbolos y de cualquier estructura cultural que no sea rediseñable. Porque lo permanente no se puede gobernar fácilmente.
Las tradiciones, como la Semana Santa, son un problema en ese esquema. No dependen de algoritmos, no responden a tendencias globales, no se adaptan a narrativas cambiantes. Son, en esencia, resistencia cultural.
Así que no se atacan de frente. Sería demasiado burdo. Se aplica algo mucho más eficaz: la ridiculización progresiva. Hoy son “muñecos de madera”. Mañana, una molestia urbana. Pasado, algo prescindible.
Y, cuando ya nadie las defiende, se sustituyen. Por nuevos rituales, nuevos valores, nuevas causas perfectamente alineadas con un marco global homogéneo.
La ironía es exquisita: se acusa a la tradición de imponer, mientras se normaliza una ideología —la de la Agenda 2030— que redefine qué debe pensarse, qué debe celebrarse y qué debe desaparecer.
Pero tranquilo. No es imposición. Es progreso. Simplemente, un progreso que casualmente exige que olvides quién eres, de dónde vienes… y por qué algo significaba algo.
Y una vez lo olvidas, ya no hay nada que proteger. Ni siquiera “muñecos de madera”.