@DaniNovarama Si no fuera porque son tan poderosos, hasta me parecería divertido. Me pregunto cómo una democracia consolidada como la norteamericana no tiene filtros que impidan el acceso a estos puestos de poder a personas con esas disfunciones mentales.
@ErnestoEkaizer Excelente artículo! Gracias por compartirlo, Ernesto. Como decía mi abuela: “Deu faci mes que nosaltres” algo así como que Dios haga más de lo que nosotros estamos pudiendo hacer. Y te lo dice un agnóstico 😅
@elmonarac1 Pregunteu al Antonio Turiel @amturiel que porta explicant el que passa i advertint del que passara des de fa molt de temps i poca gent li fa cas 😔 #Valencia#INUNDACION
Ayer mientras participaba en el programa de Julia Otero, Juan Manuel de Prada me preguntó cómo estaba jubilado a los 60 años. A esa edad es perfectamente posible retirarse de la enseñanza, pero lo cierto es que yo estoy jubilado desde los 50. Una avalancha de tragedias familiares (mi hermano mayor se suicidó y después perdí a mis otros dos hermanos en circunstancias trágicas) me sumió en una depresión. En mala hora acudí a un psiquiatra que me recetó amitriptilina, un antidepresivo tricíclico que me provocó un cuadro de manía. Los médicos, incapaces de reconocer las evidencias que han puesto de manifiesto el carácter peligroso de los antidepresivos, pensaron que era bipolar y me incrementaron la medicación, agravando mi estado. Incapaz de continuar con mi rutina, pedí una baja y el psiquiatra utilizó la palabra “bipolaridad” en su informe. A las pocas semanas, la Administración inició un proceso de jubilación forzosa, que se completó en tres meses sin pasar por tribunal médico ni entrevistarme con ningún inspector. Corría los años del gobierno de Mariano Rajoy y yo me había destacado en las protestas de los docentes contra su política educativa. Publiqué artículos. Serios y satíricos. Adquirí mucha resonancia en las redes. Me acerqué a Podemos. ¿Influyó todo eso? Nunca lo sabré.
Aunque los alumnos organizaron grupos en las redes sociales pidiendo mi reincorporación, mi abatimiento era tan profundo que no presenté ninguna alegación. Había aprobado la oposición de profesor de filosofía de la Comunidad de Madrid con el nº 1, escribía en los medios y mantenía una relación excelente con los alumnos, pero la Administración no tuvo nada de eso en cuenta.
A los 50 años, parecía que se había acabado mi vida, pero no me resigné. Seguí escribiendo en El Cultural y Revista de Libros y empecé un libro autobiográfico, Miedo de ser dos. En los últimos diez años, he publicado 2.000 artículos y seis libros. En enero, aparecerá Maestros de la felicidad, una historia de la filosofía de 500 páginas que rescata las ideas más luminosas del pensamiento filosófico y explica cómo me ayudaron a salir de la depresión. No está escrito como un manual, sino como una novela y reproduce mi itinerario vital: la muerte de mi padre, el suicidio de mi hermano Juan Luis, los años que cuidé a mi madre con Alzheimer, la historia de superación de mi hermana Rosa, mi experiencia como profesor de instituto, mi convivencia con perros y gatos, la relación con mi mujer.
No habría podido hacer todo esto sin suspender gradualmente la medicación. Cualquiera que se moleste en investigar un poco, averiguará que los antidepresivos pueden ser muy dañinos. Son sustancias psicoactivas, como la marihuana y el alcohol. Algunos estudios fijan su eficacia en un 8% y no descartan que las mejorías se deban a un efecto placebo. En muchos países, hay sentencias judiciales reconociendo que han desencadenado graves alteraciones de conducta. Los autores de la matanza de Columbine perpetraron su crimen después de iniciar un tratamiento con sertralina y paroxetina. ¿Por qué se ocultan o se niegan estas cosas? Porque la industria farmacéutica es un lobby muy poderoso. De hecho, la Agencia Europea del Medicamente ha llegado a estar dirigida por una alta ejecutiva del sector, Emer Cooke. La intervención en el entorno y la psicoterapia son herramientas mucho más eficaces que los psicofármacos, pero también más caras. No hay ninguna prueba empírica que acredite el carácter biológico de la depresión. El que diga lo contrario, miente, pues no hay ninguna analítica, citología, biopsia o TAC que aporte datos inequívocos. Solo se ha demostrado la eficacia de los neurolépticos en los brotes psicóticos y de los ansiolíticos en las crisis de ansiedad, pero son fármacos con unos efectos secundarios muy desagradables.
Estoy harto de sobrellevar mi historia con embarazo. Cuando refiero lo que me ha pasado, algunos de mis interlocutores se incomodan. Parece que les estoy contando algo vergonzoso y que no debería airearse. Los estigmas sobre la enfermedad mental solo agudizan el sufrimiento psíquico. La depresión afecta a un porcentaje cada vez más alto de la población. En 2022, se quitaron la vida en España 4.097 personas. No sé si mi próximo libro ayudará a los afectados, pero creo que es un testimonio sincero y un signo de esperanza.
La depresión no es un condena irreversible, sino una experiencia de sufrimiento que puede superarse con afecto, ayuda profesional y un entorno favorable. He convivido años con un diagnóstico equivocado, pero ahora contemplo el porvenir con optimismo. Sigo siendo una persona melancólica y nostálgica, pero considero que la vida es una fantástica oportunidad y espero no desperdiciar los años que aún me queden.
GUATEMALA: EL GENOCIDIO DEL PUEBLO MAYA
Desde que Estados Unidos estableció en la década de los sesenta la Doctrina de la Seguridad Nacional, se ha perseguido y asesinado sin tregua a los líderes comunitarios, sindicales y políticos de la izquierda latinoamericana. La lucha contra la “subversión” no ha respetado a nadie. Periodistas, activistas de los derechos humanos, trabajadores, intelectuales, sacerdotes, comunidades enteras. Se ha criminalizado cualquier forma de protesta social para realizar masacres que no se pueden relatar sin producir espanto y una ilimitada repugnancia moral. Guatemala es el país donde los niveles de sufrimiento han desbordado cualquier expectativa, encarnizándose con la población maya. El exterminio no pasó desapercibido, pero nadie mostró mucha preocupación por los crímenes perpetrados por soldados y paramilitares. Han pasado 40 años y persiste la indiferencia.
Con el pretexto de acabar con la guerrilla subversiva, los generales Fernando Romero Lucas García, Efraín Ríos Montt y Óscar Humberto Mejías desencadenaron en los años ochenta un genocidio que acabó con la vida de 200.000 mayas y 50.000 opositores políticos, obligando a desplazarse a 1.500.000 personas. Se han documentado 667 masacres y 443 aldeas completamente destruidas. La masacre de Las Dos Erres sólo es una de las muchas matanzas que se produjeron en esos años, pero contiene todos los elementos necesarios para reflejar la crueldad del genocidio maya. El 7 de diciembre de 1982 una unidad de kaibiles –tropas de élite instruidas en la Escuela de las Américas (Panamá) por el gobierno norteamericano- atacó la pequeña aldea de Las Dos Erres, situada al norte del país. 201 campesinos, la mayoría mujeres y niños, fueron asesinados con inaudita ferocidad. La sentencia describe escenas que desbordan nuestro umbral de tolerancia ante el dolor ajeno. Empalamientos, decapitaciones, mutilaciones, embarazadas destripadas, niñas violadas, bebés reventados contra las paredes, familias rociadas con gasolina y quemadas vivas. Es imposible leer la sentencia sin avergonzarse de pertenecer a la condición humana. Hace pocos años, se condenó a 6.030 años a los cuatro oficiales al mando. La ley guatemalteca establece como pena máxima un período de 50 años de reclusión. En la sentencia, se considera probado que el subinspector Manuel Pop Sun se ocultó entre los matorrales para violar a una niña de diez años, regresó con ella, la decapitó y arrojó el cadáver a un pozo que se utilizó como fosa común. Se procedió en el mismo orden que en otras aldeas. Primero, se separó a las mujeres y a los niños de los hombres, que fueron torturados y asesinados en presencia de sus seres queridos. Las mujeres tuvieron que cocinar para la tropa después de la matanza. Después, fueron violadas y también asesinadas.
EL ASESINATO DE JUAN GERARDI
En 1998, la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala publicó cuatro tomos (1.500 páginas) relatando todas las atrocidades cometidas por las juntas militares. En 1999, la Comisión de Esclarecimiento Histórico de la ONU publicó un informe más extenso e igualmente estremecedor: 12 tomos, 3.800 páginas de inenarrable espanto. Al igual que los informes sobre torturas y asesinatos en Sudáfrica, Argentina, Chile o El Salvador, los hechos producen una intolerable mezcla de indignación y horror. El 26 de abril de 1988 la Conferencia Episcopal de Guatemala seleccionó a Rodolfo Quezada Toruño y a Juan Gerardi para que representaran a la Iglesia Católica en la Comisión Nacional de Reconciliación. Gerardi impulsó el proyecto Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI), comprometiéndose personalmente en la investigación de la verdad. Escribió informes, realizó entrevistas, habló con los supervivientes, se conmovió, se horrorizó y revivió el martirio de un pueblo crucificado. El 24 de abril de 1998 presentó el trabajo del REMHI con el título “Guatemala: Nunca más”, que documentaba 54.000 violaciones de los derechos humanos durante la dictadura militar que gobernó el país entre 1960 y 1996. “El trabajo de búsqueda de la verdad no termina aquí –advirtió Gerardi-. Ahora tiene que regresar a su fuente, al origen del que brotó y apoyar mediante homenajes, reconocimientos y ceremonias el papel de la memoria como instrumento de reconstrucción social”. Gerardi evocó emocionado a las 250.000 víctimas de la represión, a los casi dos millones de exiliados o desplazados, a los 200.000 huérfanos y a las 40.000 viudas. Nueve de cada diez víctimas eran civiles desarmados, la mayoría indígenas masacrados en sus aldeas. El 90% de los crímenes habían sido cometidos por el Ejército y sus escuadrones de la muerte entrenados por Estados Unidos.
Yo no he sido capaz de leer completo el informe elaborado por Juan Gerardi y otros activistas comprometidos con la verdad. Las aberraciones cometidas por los militares me producen una consternación infinita, particularmente las torturas y agresiones sexuales que soportaron las niñas:
«“Uno de los instrumentos de presión más fuertes contra las mujeres fue la utilización de los hijos para controlar, dominar o violentar las conciencias de sus madres: la tortura o muerte de familiares y la manipulación de los afectos como herramientas de tortura psicológica contra las mujeres:
Los niños vieron todo lo que hicieron a sus mamás, sus hermanas y demás familiares; y después a ellos también los mataron. Informante Clave 027 (Victimario), 1982” ».
Especialmente escalofriantes resultan las denuncias de horrores contra las mujeres embarazadas y los niños que estaban en su vientre. Se trata de una conducta repetida que refleja claramente la brutalidad de los integrantes del Ejército contra la población civil, tratando de eliminar hasta el origen de la vida:
“Las mujeres que iban embarazadas, una de ellas que tiene ocho meses ahí le cortaron la panza, le sacaron la criatura y lo juguetearon como pelota, de ahí le sacaron una chiche la dejaron colgada en un árbol. Caso 6335, Barillas, Huehuetenango, 1981.
Y quedaban los fetos colgando con el cordón umbilical. No cabe duda de que fue especialmente contra la mujer indígena el hecho de matar a los niños delante de las madres. Entrevista 0165.”
En el informe se pregunta a los supervivientes por qué la violencia se encarnizó con las mujeres y las niñas. Un testigo anónimo, cuyo nombre se omite para garantizar su seguridad, contesta con lucidez:
“Yo pienso que la contrainsurgencia era una política muy elaborada, pensada y calculada en el caso de la mujer, porque definitivamente las mujeres son un símbolo, el símbolo de la vida, el de la perpetuidad de la vida. O sea matar a la mujer era matar a la vida. Así como en el caso de los ancianos era matar la sabiduría de la gente, su memoria histórica, sus raíces. Entrevista 0165”.
Dos días después de la aparición del informe, monseñor Gerardi fue asesinado con un bloque de concreto. Los reiterados golpes en la cabeza le desfiguraron de tal modo que sólo pudo ser identificado por su anillo episcopal. Gracias a la colaboración del ex agente Rubén Chanax Sontay, que había vigilado durante dos años a Gerardi, con una falsa identidad de indigente, se logró averiguar que el crimen lo habían cometido el coronel retirado Byron Lima Estada, su hijo, el capitán Byron Lima Oliva (adscrito al servicio de inteligencia militar) y el ex militar Obdulio Villanueva, con la complicidad del sacerdote Mario Orantes Nájera, que compartía parroquia con Gerardi y que nunca había ocultado su antipatía hacia el trabajo realizado por el obispo a favor de las víctimas. Los responsables fueron juzgados y condenados por un tribunal civil de primera instancia, lo cual se consideró una importante victoria en el proceso de democratización.
EL LEGADO DE LAS VÍCTIMAS
Rigoberta Menchú, premio Nobel de la Paz 1992, presentó en 1999 una denuncia ante la Audiencia Nacional española contra Efraín Ríos Montt y otros cuatro generales, aprovechando la jurisdicción internacional de cualquier tribunal democrático en los casos de genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. La denuncia no prosperó. En 2014, el gobierno de Mariano Rajoy modificó la ley para que este tipo de denuncias sólo puedan aplicarse a los hechos acaecidos en el territorio nacional, limitando de este modo cualquier iniciativa que pretenda ampararse en la legislación internacional contra la tortura y la violación de los derechos humanos. Algunos de los generales implicados en el genocidio del pueblo maya han muerto, librándose del brazo de la justicia. Efraín Ríos Montt fue condenado el 10 de mayo de 2013 a 80 años de prisión por genocidio y crímenes contra la humanidad, pero la sentencia fue anulada el 20 de mayo de 2013 por la Corte de Constitucionalidad de Guatemala. La ley y la ética se divorcian, cuando el poder político y financiero interviene, protegiendo sus intereses.
El genocidio sigue vivo en la memoria colectiva del pueblo maya. Los vínculos comunitarios permanecen, pero se han propagado el fatalismo y la resignación. Mirar hacia otro lado, ignorar lo sucedido, no levantar la voz, recordando a las víctimas, constituye una forma de complicidad. La ética exige un compromiso activo, un espíritu de denuncia orientado a evitar que se repitan los crímenes. La responsabilidad moral, política y militar de Estados Unidos en el genocidio del pueblo maya es incontestable. Conviene recordarlo una y otra vez, especialmente cuando se justifican guerras y terribles violaciones de los derechos humanos, alegando que no hay otra alternativa para combatir el terrorismo.
Si olvidamos a las víctimas, si no alzamos la voz para recordar su sufrimiento, si no nos comprometemos para evitar que estas atrocidades se repitan, las víctimas morirán de nuevo, extraviándose en un olvido inaceptable. El pueblo maya se merece un futuro de paz y prosperidad. Ayudémosle a construirlo y a proteger su identidad cultural. Los niños y las niñas mayas no deberían enfrentarse nuca más a hombres armados, dispuestos a aniquilar unas vidas que sólo han comenzado a despuntar.
Rafael Narbona
Mi compañero de asiento en el autobús me cuenta que se le ha estropeado el teléfono y que necesita llamar urgentemente. ¿Me puede dejar el suyo?, me pide. Acepto y le entrego mi móvil. Será cosa de un segundo, me dice, mientras comienza a teclear un número... >>>
@FroilLannister Intolerable! 20.000 millones para los catalanes y condonarles 70.000 millones más. Propongo que expúlsenos a Catalunya de España y así nos ahorramos toda esta pasta
@larazon_es Suponiendo que esto sea cierto (tampoco me fío mucho viniendo de La Razón), orgulloso de tener un presidente así de ahorrador y que paga sus deudas 😎
@ElenaMarin_RSE Suposant que aquesta notícia sigui certa (no cites la font) i si ho ha aconseguit de forma legal i pagant els corresponents impostos Quin problema hi ha?
@JDemocraticaES@gisbert_ruben@a_iturralde Libertad? De acuerdo! Pero no escucho ni una palabra acerca de la igualdad y la fraternidad (solidaridad). Sinceramente, este discurso huele a rancio
@jsanchezmonge En fin, disculpa, Javier, esta larga reflexión y te ofrezco también mis disculpas si mis comentarios anteriores pudieron ofenderte en algo. En absoluto fue mi intención. Un abrazo!
@jsanchezmonge Como alguien que vivió la dictadura en carnes propias, eso me produce un gran temor,. La historia se repite y creo que ahora se está creando a nivel mundial un ambiente muy favorable a esos "salvadores de la patria" que, en nombre de la libertad, acaban esclavizándonos a todos.