Madurar es saber decir: si, me gustas un montón, pero tenemos planes distintos y buscamos cosas diferentes en la vida. Nunca va a funcionar. Gracias por tu tiempo, te deseo lo mejor y espero verte logrando todas las metas que me contaste.
Cuando te das cuenta de que todo está carísimo y, aun así, Dios no ha permitido que te falte el alimento, un techo donde vivir ni que tus manos queden vacías.