Fiesta de mi amiga
El sábado por la tarde recibí un mensaje de mi amiga Ivonne: Amiga, ¿cómo estás? ¿Qué plan tienes para hoy? ¿me quieres acompañar a la fiesta de una amiga? Yo: Ninguno. Ayer salí, me desvelé, sigo acostada. Mi hijo se va de fiesta y mi marido ya sabes que está de viaje. ¿De quién es? I: Es de una amiga que estuvo en la secundaria conmigo, pero casi no conozco a nadie de su círculo, ¿Paso por ti?
(Lo pensé unos segundos), yo: Está bien, dame una hora para bañarme y cambiarme I: Será en su casa, vete cómoda.
Me bañé, me puse un vestido sencillo que marcaba lo justo, unas sandalias de tacón y salí sintiéndome de lo más normal, ni siquiera imaginaba que esa noche terminaría siendo tan distinta.
Durante el camino Ivonne me contó que la festejada era maestra de inglés y que habría varios compañeros de su trabajo, ella conocía a uno que otro invitado, al llegar, la casa estaba llena, música a buen volumen, luces tenues, gente riendo, copas en las manos... parecía una de esas reuniones que sólo había visto en películas estadounidenses, saludamos a la festejada, nos dijo agarren lo que quieran, ahí hay un barman para que les haga bebidas, hielera y whisky, siguió atendiendo a sus demás amistades, I y yo nos quedamos paradas cerca de la barra, mientras veíamos a la gente, ella saludaba a uno que otro amigo,
las horas pasaron entre tragos, baile y conversaciones casuales.
Fue entonces cuando se acercaron dos hombres altos y delgados, Ivonne los saludó con confianza y me los presentó, eran compañeros de trabajo de la cumpleañera, comenzamos platicando los cuatro de lo más normal: de dónde eran, cuánto tiempo llevaban en la ciudad, el trabajo... Nada fuera de lo común, los chicos eran Haitianos, llegaron de migrantes buscando el sueño americano, pero se habían instalado por un tiempo donde resido, tenían 36 y 37 años, no eran agraciados de su rostro, pero x su color de piel, y altura captaban la mirada de todas, aunque, si soy sincera, desde los primeros minutos noté la manera en que me miraban, tampoco voy a mentir...
A mí no me desagradaba la atención.
Poco después, Ivonne vio al chico que le gustaba, I: amiga ahí está el chico que me gusta, déjame a ir a saludarlo, no te molesta que te deje aquí con ellos ? Yo: no amiga, adelante…prácticamente desapareció entre la gente, quedándome bailando con los dos negritos, yo: Voy a salir a la terraza a fumar un cigarro, aquí adentro ya no aguanto el calor, ellos: Te acompañamos! No se separaban de mí, subimos al segundo piso, en la terraza corría un poco de aire y la música llegaba amortiguada desde el interior, ellos: Aquí está mucho mejor! Yo: si ya me hacia falta un poco de aire, hace mucho calor adentro, seguíamos moviéndonos al ritmo de la música mientras yo encendía mi cigarro, ellos: Te ves muy linda con ese vestido, no te habíamos visto antes, yo: Es que yo no conozco a la festejada, vine de colada, mi amiga es Ivonne fue la que me convenció, gracias por el cumplido, si supieran que me vine de lo más normal a la fiesta, sin tanta producción, uno de ellos: no me quiero imaginar como lucirías con producción, eres muy bella, más guapa de las que están aquí! Yo: que lindos son!, ellos: salud 🍻, por conocerte y por haber aceptado acompañar a Ivonne, mientras hablábamos, sin darme cuenta, uno quedó frente a mí y el otro a mi espalda, la distancia entre los tres se iba acortando poco a poco, como si ninguno quisiera romper ese pequeño juego silencioso, notaba algunas miradas desde el interior de la casa yo: Creo que varias chicas me están fulminando con la vista por estar aquí con ustedes, ellos: Que miren lo que quieran... nosotros preferimos quedarnos contigo, yo: que lindos! Sonreía, Pues entonces aquí quédense….
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Hijo de mi amiga
Nunca imaginé que todo comenzaría en un funeral, había acompañado a mi amiga al velorio de su madre, realizado en el viejo rancho familiar a las afueras de la ciudad. El ambiente estaba cargado de tristeza, rezos y conversaciones en voz baja, entre la gente que iba y venía, mis ojos se detuvieron en alguien que no esperaba encontrar, era Pedro, su hijo de 20 años, hacía años que no lo veía, la última imagen que conservaba de él era la de un niño inquieto que corría por la casa mientras su madre y yo tomábamos café, pero el hombre que tenía frente a mí era completamente distinto, más alto, más seguro, más atractivo de lo que me atrevería a admitir. Cuando me acerqué para darle el pésame, me agradeció con un abrazo. Un abrazo breve, apropiado para la ocasión, pero suficiente para dejarme extrañamente consciente de su presencia.
Durante el resto de la tarde apenas intercambiamos algunas palabras, sin embargo, cada vez que nuestras miradas se encontraban, algo dentro de mí se agitaba, no era culpa suya, era la incómoda sensación de estar notando algo que jamás debería notar.
Salí al porche para tomar aire fresco, me fumaba un cigarrillo, escucho una voz por mi espalda P: Hace mucho que no te veía, yo: demasiado tiempo, él: mi mamá siempre habla bien de ti, yo: espero que sean cosas buenas, él: las mejores! Aunque hay algo que nunca entendí, yo: ¿Que cosa? él: por qué todos te miraban cuando entrabas a algún lugar, yo: estás exagerando, él: lo noté desde qué era joven, la conversación comenzó de forma inocente, pero había algo en su manera de mirarme que me ponía nerviosa, no era descarado ni irrespetuoso, al contrario, parecía observarme con una atención que mi esposo no me dedicaba en mucho tiempo, la tormenta finalmente cesó cerca de la media noche, poco a poco las personas fueron abandonado la casona, yo también debía de irme pero algo me hizo permanecer unos minutos más él: parece que al fin podremos salir, yo: si... Aunque la noche terminó siendo muy distinta a como la imaginaba, P: para mí también! ¿Sabes? Siempre pensé que algún día tendría una conversación así contigo, yo: ¿Conmigo? él: Cuando era más joven te veía llegar a la casa y me parecías alguien interesante, diferente, supongo que nunca imaginé que años después estaríamos aquí hablando como dos adultos. Sonreí, yo: la vida tiene forma extrañas de sorprendernos, que lindo eres, no me imaginé lo bien que me haría platicar contigo, eres un chico muy bello, él: espero que no sea la última vez que conversemos, yo: claro que no, ya me tengo que ir, me despedí de mi amiga, familiares, el me acompañó al coche, nos despedimos con un beso en la mejilla, me iba a subír cuando me jala a él y me planta un beso que duró varios minutos, al terminar nadie dijo nada, me subí al coche venía pensando en el momento.
Dos días después de aquella noche, mi teléfono vibró mientras terminaba de trabajar P: Hola soy Pedro, espero que no te parezca extraño que te escriba, sonreí al instante al reconocer su nombre, yo: un poco inesperado, sí. Pero extraño no P: Me alegra, desde la tormenta me quedé con la sensación de que nuestra conversación quedó inconclusa, a partir de ese momento comenzaron mensajes ocasionales que poco a poco se volvieron parte de mi rutina, empezamos hablando de cualquier cosa: películas, trabajo, recuerdos del pueblo, anécdotas familiares, de mi matrimonio, sin darme cuenta, esperaba sus mensajes cada mañana, lo que más me sorprendía era la facilidad con la que podía hablar con él…..
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Ya tenia tiempo sintiendo atracción por mi primo, ni yo se que le veía porque guapo no es, pero algo tenía que me movía el tapete, todo inició cuando el venia a mi casa ó yo iba a la suya, nos quedábamos “mirando tv”, mientras yo me recostaba el sofá, él permanecía sentado, él: si gusta sube tus pies prima, yo: no te molesta? El: no, para nada, los subí, mientras me masajeaba mis patas, sentía tan rico, iba subiendo poco a poco por mis pantorrillas, muslos, fue tanto el agrado que me empecé a excitar… no dije nada, ese día llegando a casa por la noche, ya instalada en mi cama frotaba mi vagina hasta venirme delicioso 💦, la segunda ocasión fue en mi casa, yo estaba acostada en la alfombra, llevaba un minishort de mezclilla que apenas alcanzaba a cubrir mis curvas, una playera de tirantes y descalza, él: se encontraba detrás de mí, sentado en el sofá, observándome en silencio mientras jugaba distraídamente con mis pies, moviéndolos de un lado a otro, tomó mis pies entre sus manos con delicadeza los apretaba suave, en un movimiento inconsciente, mis pies quedaron entre sus piernas, podía sentir su bulto, jugaba con ellos con la planta de mi pie, un silencio agradable, de esos que transmiten más que cualquier conversación, cada segundo parecía alargarse, mientras el ambiente se llenaba de una complicidad difícil de explicar, de pronto, ese momento se interrumpió al escuchar que habían llegado más personas, el sonido de las voces y los pasos nos hizo volver a la realidad, nos miramos por un instante, sonreímos con discreción y, casi al mismo tiempo, fingimos que nada había ocurrido, aunque ambos sabíamos que aquel breve momento quedaría grabado en nuestra memoria.
Esa noche mientras me más turbaba, me preguntaba ¿si me atrevería estar con Niko? Era evidente que los dos queríamos, así jugábamos cada vez que nos veíamos, pero no nos atrevíamos a cruzar esa línea.
En ese tiempo ambos entrenábamos por las tardes en la misa escuela. Yo practicaba voleibol y Niko jugaba fútbol. Al terminar nuestras actividades, él siempre me esperaba para regresar caminando juntos a casa. Durante el trayecto hablábamos de todo: los chismes del día, las ocurrencias de nuestros amigos y cualquier pretexto era bueno para alargar la conversación.
Al llegar a casa le sonreí yo: ¿quieres un vaso de agua? N: Sí por favor!, entramos y se lo serví, N: y mis tíos? Yo: papá llega más noche, mamá dentro de dos horas, nos sentamos en el sofá de tres, la conversación se apagó, nuestras miradas se encontraron y permanecieron ahí, hasta que la distancia entre los dos desapareció, fundiendo nuestros labios con un 💋 suave, sin prisa, sus manos jugando con mis piernas, yo tomándolo de su cuello, N: desde hace mucho quería hacerlo, yo: yo también! Pero no sabía cómo iniciar, somos primos N: eso lo hace más ardiente, un secreto entre ambos, continuamos? Yo:si, pero vamos a mi habitación….
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