El tiempo es sabio, como el mar también se mueve, con olas fuertes que van y que vienen, pero en su curso, las aguas sostienen la fe que al alma conmueve.
No temas al viento, que el bien no se niega; mira en el horizonte, que el sol también, va y vuelve.
Hojas de recuerdos se asoman con recelo, troncos con corteza, escalan con sus brazos hacia el cielo, buscando una perdida claridad.
Es un suspiro blanco, un hondo ruego, un velo que cobija la quietud; donde los sueños juegan a su propio juego y la niebla duerme en un deseo.
Ya no hablamos.
No hace falta.
El agua lleva nuestro secreto
entre olas, brisas y paciencia.
Pareciera que me pierdo en la marea, pero solo busco en las sombras el brillo de tu sol.
No te canses de remar,
yo te presto mi aliento y mis ganas de estar.
El sol deja escamas de plata
sobre este mar tan azul y callado, con esa calma que a todos atrapa, borra cualquier dolor del pasado que no olvido.
Una figura camina despacito, pequeña y lenta frente a tanta inmensidad, de mar y arena, que brilla bajo un bendito y suave murmullo.
Cayó Peraza, chichiriviche.
El mar te rodea como un abrazo eterno, agua turquesa que brilla en un verano eterno.
Llena de aves, brillos y colores, esta isla es pura, es paz y es amor.
Un mundo diminuto, perfecto y real, donde el mar y la tierra se hacen uno sin temor...
En el tono azul que abraza el silencio, como si el tiempo se hubiera detenido, a guardar lo que nuestras almas encierran.
Tu decidiste volar lejos, hacia cielos abiertos, donde el viento solo te lleva, pero tu mirada siempre regresa, sin abandonar el lugar, donde te espero...
La lluvia mañanera cae y moja las hojas y moja las flores. El aire se llena de aroma y de murmullos, mientras el mundo se viste de colores.
Bajo este cielo de sueños,
la belleza nace, tranquila y eterna. La lluvia besa la tierra sedienta, la naturaleza se vuelve tierna y fresca.
Es el contraste entre el mundo y el sueño, entre la tormenta y la paz que se siente infinita.
Una luz que no se apaga, ni se hace pequeña, en la orilla del tiempo, hay olas que eternamente rompen con fuerza, mientras que en la casa te quedas, tranquila y pensativa.
Desde lejos te he estado mirando, dibujando tus luces y sombras en mi mente, esperando que el día se acabe para que aparezcas en mi mente.
Han pasado las horas, los días, y aunque el mundo cambie de color, siempre busco tu imagen en el horizonte de mis recuerdos.
Hay algo que no cede,
recuerda y no olvida,
aunque el tiempo lo sacude.
Un pulso que permanece
cuando todo se mueve.
No es fuerza lo que lo sostiene, es simpleza, casi nada, una mano que se tiende, una voz que no se cansa y sin palabra, lo escribe.
Filipinas Island...
Piedra verde en mar azul,
collar de arena blanca,
el arrecife te cuida
como a ti te cuido yo.
Pequeña en el océano,
enorme entre corales,
silencio y tiempo
que nadie alcanza.
Los barcos te rodean
pero nadie te posee.
El mar sabe tu nombre.
El tuyo lo se yo.
Es Caleta Hanga Roa O Tai, en el Pacífico sur...
Hasta ahí te pienso...
Porque hay relaciones, que no necesitan palabras,
solo un sitio remoto donde el mundo se detenga, y dos miradas se entiendan, porque incluso en el final de la tierra, dos corazónes pueden encontrar su casa.
La lluvia cae sin pedir permiso, mis pensamientos caminan en silencio y paciente, porque sabe que todos cruzamos alguna vez esta misma recta interminable.
No corro, no busco refugio solo avanzo, porque a veces pensar es simplemente eso,
seguir la línea, aunque no veas el final.
Pequeñas sombras caminan sobre la arena mojada, en un mundo de fuego, mientras la tarde, tranquila y sagrada,
susurra al viento un "hola" muy luego.
Es el momento cuando el día termina y se viste de pasión, un instante que el alma domina y deja en el pecho una eterna emoción...
Veo las olas que vienen y van, blancas, fuertes y ruidosas.
En el agua clara, cuerpos que juegan, como peces libres que el mar se lleva.
Siento el viento y el olor a sal, a tierra y a la vida.
Soy testigo silencioso de este paraíso, donde el tiempo se detiene y el alma se alisa.
Mi corazon se derrama en oro sobre tu mar, que rompe en furia contra tus olas rugientes, con este abrazo, que el cielo tiñe cuando mi piel hierve.
Cada salto es un susurro ardiente, cada espuma es un beso que no se va, como el atardecer que se entrega a la arena de ese mar.
Su Luz dibuja en el firmamento, un camino de oro con destino, porque cada rayo que despide, es un latido hasta el infinito...
El reflejo baila entre nubes,
mientras las estrellas dejan sus huellas, como esa luz del faro encendido, que solo por ti, sabe estar prendido...
El vuelo de la gaviota en un cielo encendido, sobre la playa, donde el viento calla, por el hermoso instante vivido.
El mar bebe el rojo que el sol ha dejado en este atardecer dormido, abriendo camino en esta playa hermosa, su vuelo abre eco de este instante erguido.
Nubes negras devoran la luz, todo lo verde y celeste se tiñe de sombras, la brisa avanza y lleva su cruz, sola en el mundo, rumbo al oeste.
Los árboles danzan con el viento, las ramas cantan su lamento, y la tierra aguarda, en quieto aliento, el abrazo frío del aguacero violento.