Sé esa persona que transmite calma en medio del caos, ese lugar seguro donde alguien pueda bajar la guardia, descansar del ruido del mundo y sentirse en paz, aunque sea por un instante.
Así soy yo: hay días en los que disfruto hablar y rodearme de personas, y otros en los que necesito desaparecer, guardar silencio y no saber de nadie. No siempre quiero socializar, y está bien. Mi espacio y mi tranquilidad también son importantes.
Me iba a quejar por el cansancio que siento, pero recordé que es un privilegio enfocar mi energía en actividades, metas y sueños que he elegido yo mismo.
Qué paz saber que, aun en medio de mis problemas, sigo siendo una buena persona. Nunca he buscado hacerle daño a nadie. Tener la conciencia limpia y el corazón tranquilo es una paz que nadie puede quitarme, ni siquiera toda la mala vibra del mundo.