Suspírame, gímeme y jadeame en tu habitación. Rómpete y allánate sola, hazlo tú misma recordando en la memoria de tu piel la impertinencia de mis manos estrujando de manera vehemente a tu cuerpo que alguna vez se declaró mi pertenencia.
Perdón, te fui infiel con la poesía
frente a ella dejo de ser lóbrega
no soy un cuento, sino una obra
deje de ser el eco de tus errores
soy mensaje y prosa.