EL LIDERAZGO DE LOS CHARLATANES
Por qué el populismo moderno premia el narcisismo, la mentira y el show. El perfil psicológico y cultural de quienes votan por ese populismo extremo.
La pregunta incómoda no es por qué existen personajes como Trump, Milei, Bolsonaro, Orbán, Maduro o Kast. La verdadera pregunta es otra: ¿qué tipo de ciudadano los convierte en líderes de masas?
Porque estos personajes no emergen por accidente. Son el síntoma de un electorado específico: emocionalmente frustrado, intelectualmente perezoso para procesar complejidades y profundamente seducido por relatos simples, épicos y llenos de enemigos imaginarios.
Y no, esto no se explica sólo con “la derecha o la izquierda”.
Existen derechas e izquierdas democráticas, liberales, sociales y racionales. Lo que une a estos líderes no es una doctrina seria, sino el populismo autoritario, el culto al caudillo y la política convertida en espectáculo emocional.
Todos comparten rasgos evidentes: narcisismo, delirios de grandeza, mitomanía, ignorancia funcional en áreas que aseguran dominar y una obsesión enfermiza con su propia imagen. Milei se imagina una mezcla entre rockstar, profeta económico y futuro Nobel. Trump se percibe como un genio incomprendido. Maduro hablaba de economía como si leyera horóscopos. Bolsonaro añora reflejos autoritarios. Orbán convirtió el nacionalismo paranoico en modelo de gobierno. Kast construyó una campaña sobre mentiras, frases grandilocuentes, miedo y promesas imposibles que luego relativizó con una velocidad admirable.
Pero lo verdaderamente fascinante no son ellos. Son quienes los aplauden.
El votante de estos liderazgos suele compartir una mezcla bastante reconocible: frustración económica, miedo cultural, resentimiento social y una necesidad casi infantil de explicaciones simples. El populista les ofrece exactamente eso: un enemigo claro y una solución mágica.
La culpa siempre es de alguien: inmigrantes, comunistas, globalistas, empresarios, feministas, periodistas, “la casta”, las élites, Bruselas, Washington o Marte si es necesario. La complejidad desaparece. Todo queda reducido a un relato binario para consumo rápido: “el pueblo bueno” versus “los traidores”.
Y ahí aparece otro rasgo crucial: el desprecio por el conocimiento. Estos movimientos sienten una desconfianza profunda hacia científicos, académicos, periodistas, técnicos o cualquiera que use más de tres gráficos seguidos sin gritar. El experto molesta porque introduce matices, y el matiz es el enemigo natural del fanatismo.
Por eso tantos de estos líderes son negacionistas del cambio climático. La evidencia científica exige pensar en largo plazo, aceptar datos incómodos y asumir responsabilidades complejas. Mucho más fácil es decir que todo es una conspiración global inventada por ecologistas, burócratas o marcianos progresistas que quieren arruinar el asado.
El negacionismo climático funciona además como marcador identitario. No importa si hay incendios, sequías o temperaturas récord. Lo importante es demostrar lealtad tribal contra “la élite woke”. La realidad pasa a ser secundaria frente al sentido de pertenencia.
Por eso las mentiras evidentes rara vez dañan a estos líderes. El vínculo con sus votantes no es racional, sino emocional. Sus seguidores no los evalúan como estadistas; los consumen como símbolos culturales. Mientras insulten al enemigo correcto, todo se perdona: contradicciones, ignorancia, corrupción o delirios mesiánicos.
El populismo moderno funciona así: transforma frustración en identidad y rabia en proyecto político.
Y quizás ahí está lo más inquietante. Estos electorados no necesariamente buscan libertad, prosperidad o democracia. Muchas veces buscan algo más básico: alguien que les diga que el mundo es simple, que ellos son las víctimas virtuosas de la historia y que existe un líder fuerte dispuesto a vengarlos. Aunque para eso haya que mentir, dinamitar la realidad, la evidencia y el sentido común en horario prime.
@MisColumnas
Ayer estuve en una hogar de niñas y te juro que me gustaría que los que hablan del asunto "Niños de Haití" también hablaran de los niños de Chile, de cómo viven, de las carencias en las residencias...no tienen una puta idea de la realidad.
¡hipócritas oportunistas!
Ahora que sabemos que la emergencia no era de tráfico de niños, sino de niños que viven en situación de pobreza, hacinamiento y marginalidad, vamos a ver cuánto del discurso de protección a los niños era genuino.
@RobertoMerken Si.
A mi me sacaron $3000.- de la cuenta Rut
Ya que en los "emprendedores" del gas de acá del Maule; apenas supieron el valor del aporte ($27.000.-)
subieron el gas a $30.000.-
Son de la "escuela de la colusión" del Kiroz y sus secuaces.
Esta murga te aconseja reír para no llorar, sin dejar de cantar fuerte lo que haya que denunciar.
Ad portas de cumplir 100 días desde el inicio de este gobierno, las y los letristas de esta murga necesitan un descanso...
1.- Contraloría hace lo habitual , un pre informa para preguntar algo que le parece raro. 2.- Migraciones en vez de analizarlo, ve una oportunidad de pegarle a Boric y lo filtra. 3.- Medios se suben y arman escándalo sin investigar. 4.- dos días bastan para desmontar tongo.
@awaissbluth Yo creo que la estrategia y objetivo del TONGO de los "niños haitianos".
1-Desacreditar la figura de Michelle Bachelet y Gabriel Boric.
2-Boicotear la candidatura de Michelle Bachelet a la ONU.
3-Tapar los grandes cagazos del peor gobierno y gabinete de la historia de Chile. ¿no?
@Eneatipo7 Aprovechando esta preocupación profunda del gobierno por los niños haitianos, que se preocupen ahora por otorgarles un hogar digno, que no pasen frío ni hambre. Que tengan la salud y educación hasta la universidad. Una preocupación verdadera. Que no terminen vendiendo super 8.
EL GOBIERNO DEL LOBO IMAGINARIO
La Moneda volvió a incendiar el debate para terminar desmintiéndose sola.
El caso de los niños haitianos.
Hay gobiernos que fabrican crisis, las exageran y luego deben reconocer, con expresión compungida, que el incendio lo provocaron ellos mismos. El gobierno de Kast parece haberse especializado en eso: prender fuego al establo, convocar a la prensa para denunciar el humo, y terminar admitiendo que quizá alguien exageró.
El caso de los niños haitianos es probablemente el ejemplo más grotesco —y más torpe— de esa política de alarma permanente convertida en sello de esta administración. Durante días, Chile fue bombardeado con titulares sobre niños desaparecidos, redes de tráfico, vuelos sospechosos y mafias internacionales. El catálogo completo del terror contemporáneo servido en horario prime para una ciudadanía agotada de vivir entre amenazas imaginarias y conferencias apocalípticas.
Y entonces apareció un enemigo mortal para el relato: la realidad.
El preinforme reservado N° 541 de Contraloría —el mismo documento que desató la histeria— jamás habló de trata de menores. Nunca habló de mafias. Nunca habló de tráfico infantil. Ni una sola vez. Lo que describía era algo mucho menos cinematográfico y mucho más chileno: oficinas públicas que no se coordinan, bases de datos mal cruzadas, protocolos inexistentes y funcionarios que simplemente no hicieron la pega.
Pero esa verdad era demasiado aburrida para un gobierno adicto al dramatismo. Un “terrible desorden administrativo” no sirve para encender matinales ni justificar cruzadas morales. No produce titulares con música de suspenso. Y así, lo que era una demostración vergonzosa de incompetencia estatal terminó convertido, por obra y gracia de La Moneda, en una supuesta red internacional de tráfico infantil.
La operación fue grotesca incluso para los estándares de este gobierno.
Bastó que Contraloría dijera que 64 niños “no fueron ubicados” en una visita domiciliaria para que el oficialismo y buena parte de los medios tradujeran aquello como “niños desaparecidos”. Como si cualquier chileno que no abre la puerta un martes a las once de la mañana hubiese sido secuestrado por una organización criminal.
Después vino el ridículo inevitable. Los municipios comenzaron a encontrar a los niños en colegios, consultorios y viviendas familiares. Estaban matriculados, vacunados y viviendo con tutores. Pobres, muchas veces hacinados, pero presentes. Exactamente donde cualquier persona sensata habría supuesto que estaban desde el principio.
Y entonces llegó el momento más humillante: el propio gobierno desmintiendo el incendio que ayudó a provocar.
El ministro Fernando Barros terminó reconociendo que no existían antecedentes serios sobre tráfico infantil, prostitución, órganos ni desapariciones masivas. La frase quedará para la antología del bochorno administrativo chileno: “todo indica que se trata de un terrible desorden”.
Exactamente lo que el informe decía desde el inicio.
Pero el daño ya estaba hecho. La comunidad haitiana fue convertida durante semanas en sospechosa colectiva. Familias completas quedaron bajo una nube de insinuaciones miserables. Y todo para sostener la vieja obsesión política de este gobierno: demostrar que todo lo anterior fue caos y corrupción, aunque para ello deban inventar monstruos que luego ellos mismos terminan negando.
Ahí aparece inevitablemente Pedrito y el lobo.
El gobierno de Kast gobierna exactamente así: denunciando lobos imaginarios con la esperanza de que el miedo sustituya a la gestión. Cada error administrativo se transforma en conspiración. Cada descoordinación estatal en amenaza existencial. Y después, cuando la realidad destruye el montaje, llegan las rectificaciones tibias y los ministros pidiendo prudencia frente a la histeria que ellos mismos promovieron.
El problema es que el crédito de la mentira siempre se agota.
Y cuando aparezca un lobo verdadero, probablemente ya nadie les creerá.
@MisColumnas
Buen momento para recordar a Patricio Bañados, locutor del noticiero central de TVN en plena dictadura:
"Esto no lo puedo leer, pues no es cierto."
Le costó su carrera y le valió el respeto y la admiración perpetua de todo el mundo civilizado.
🖤
¡Echa un vistazo al vídeo de WroKeN (https://t.co/OkJAn24elh)! #TikTok https://t.co/L2WyFAdq0R Esta publicación se ha compartido a través de TikTok Lite. Para disfrutar de más publicaciones, descarga TikTok Lite: https://t.co/zJo5dwMcJu
⛏️ Trabajadores de CODELCO en alerta: Denuncian "trampa" del Gobierno por pretender vender activos clave en El Abra y Quebrada Blanca 🇨🇱📉.
➡️ Una tajante declaración pública emitieron los trabajadores de la Corporación Nacional del Cobre (CODELCO) dirigida al ministro de Minería, Sr. Quiroz, y al presidente del directorio de la estatal. Los representantes laborales acusaron al Ejecutivo de "hacer trampa" y de ir en un sentido totalmente contrario al desarrollo estratégico de Chile, luego de que circularan anuncios en la prensa nacional sobre las intenciones de enajenar las participaciones que la cuprífera posee en las faenas mineras de El Abra y Quebrada Blanca, a pesar de que las autoridades habían asegurado ante el Parlamento que la empresa no se privatizaría.
Las noticia más escandalosa del año pasó desapercibida.
Insólito.
Fiscalía borro una cantidad indeterminada de WhatsApp de Chadwick, los que, no hay que ser muy mal pensado para suponer que comprometían a toda la derecha.
@Drestrum_nopala Al parecer cierto organismo fiscalizador trabaja para Kast,en menos de 24 horas, están la mayoría de los niños ubicados. Hay que ver quién irresponsable% traspasa denuncias sin investigación para causar alarma publica, culpar política% a un gobierno y a una candidata a la ONU
Ya que el Gobierno muestra tanto interés en la protección de menores vulnerables, que aproveche el impulso y ponga todo su aparato estatal a trabajar. Es hora de aclarar el destino y paradero de los 20,000 niños chilenos robados y traficados en dictadura. Deuda histórica.
Funcionario "fantasma” de Joaquín Lavín León habría trabajado en la campaña de su padre Joaquín Lavín Infante pero pagado por el Congreso. El propio Servel hizo la denuncia y la fiscalía pide nueva formalización. Se empiezan a transparentar años de corrupción