Madurar es aceptar que yo también fui la mala de algunas historias, que también le he hecho daño a personas que me importaban y que no siempre tomé las decisiones correctas. Acepto mis errores y entiendo que la perfección no existe, que todos tenemos nuestras propias cicatrices.
no entiendo a las personas que les aburre pasar tiempo a solas, yo lo disfruto tanto que a veces hasta se me olvida que llevo horas sin pronunciar una sola palabra