A sus 88 años, el médico japonés Takeshi Yoro ha dicho algo que debería incomodar a cualquiera que viva pegado al móvil: “Yo creo que acumular cada vez más información, por sí solo, no sirve de nada.”
Yoro es anatomista, formado en la Universidad de Tokio y profesor en la Universidad Kitasato, y en 2003 publicó en Japón un ensayo que se convirtió en un fenómeno editorial: “El muro de la ignorancia”, que este año ha llegado a España de la mano de Taurus. La idea central es fácil de nombrar y muy difícil de esquivar: todos construimos un muro que nos deja ver solo lo que encaja con lo que ya pensamos, y dejamos fuera todo lo demás.
Le preguntaron si se puede escapar de los propios puntos ciegos, y contestó algo que no suena a autoayuda, sino casi a lo contrario: “Solo tomamos conciencia de nuestros puntos ciegos cuando alguien nos los señala. Y ese ‘alguien’ no tiene por qué ser necesariamente otra persona; también puede ser la naturaleza tal como la percibimos.” Nadie sale de su propio muro mirándose al espejo. Hace falta algo de fuera.
Lo más interesante es cómo explica la diferencia entre saber algo y entenderlo. Dice que adquirir conocimientos de informática no es resolver un problema, igual que leer la Biblia no es lo mismo que meterse en un monasterio, y que en la cultura japonesa esa comprensión de verdad pasa por el cuerpo, no solo por la cabeza: “me cala hasta las entrañas”, “lo siento en lo más profundo”. Lo dice como quien avisa de que Occidente lleva siglos confundiendo saber mucho con entender algo.
Y cuando le hablan de inteligencia artificial, no suelta el discurso esperado sobre máquinas que nos van a superar. Pregunta otra cosa: “¿quién ha definido cuáles son, exactamente, las capacidades del ser humano?” Y de ahí salta, sin transición amable, a por qué basta una frase de un presidente para mover las bolsas, y a que hay guerras que hoy parecen rentables para alguien. Habla de información, de muros mentales, y termina hablando de por qué se hacen las guerras. No parece casualidad.
¿Vosotros creéis que hoy tenemos más información que nunca, o solo más muro?
«Es necesario que todo el mundo vea estas imágenes».
Guillaume Guérin, alcalde de Limoges, nos hace una visita de su Hôtel de Ville bajo los escombros.
Me niego rotundamente a seguir llamando a esa gente alborotadores o vándalos.
SON TERRORISTAS.
Cierra sin relevo la histórica librería El Aleph del amigo Manuel, después de casi cien años en esta céntrica esquina de la Calle Ferraz y la Calle Luisa Fernanda de Madrid. Todos sabemos lo que pasará cuando cierren el local para siempre este 28 de diciembre.