En la Colombia que sueña la Espriella, la gran mayoría de los ciudadanos serán repartidores en moto (o en bicileta con motor de guadañadora). Los mafiosos pedirán domicilios corronchos. El resto, que se contente con hacer bulla sin derechos laborales.
Chandas, después de la última interview que tuve con el mamerto de @ivancepedacastr decidí volverlo a invitar, obvio, necesito saber quién los pondrá a comer damier los próximos four years.
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Ningún católico debería votar por un violento que amenaza con violecia. Ni, tampoco, por un candidato que alardea de ser católico y que se convirtió convenientemente para su carrera política.
Espriella no es religioso. Se hace videos, que es distinto.
No se confundan.
Espriella casi se totea dando ese discurso, forzó su cuerpo a lo que daba y estaba que golpeaba los vidrios que lo separaban de la gente. Su público hubiera enloquecido aún más, toda esa fuerza de macho bravo y entregado…
La memoria no se borra con un rodillo, señor @AlvaroUribeVel.
La memoria de los 7.837 jóvenes asesinados en los falsos positivos durante su gobierno sigue viva en las madres, padres, hermanos, hijos, amigos y comunidades que aún esperan verdad, justicia y encontrar los cuerpos de sus seres queridos, muchos de ellos enterrados en fosas comunes.
El arte no es vandalismo; es memoria, dignidad y el grito colectivo de un país que se resiste al olvido. Intentar censurar un mural no tapa la verdad ni silencia el dolor de miles de familias colombianas.
Por más pintura que se use, la verdad seguirá hablando, porque un pueblo que recuerda jamás permitirá que la memoria sea enterrada.
¡Las cuchas siempre tuvieron la razón y el pueblo NO olvida!
Enseñar a leer es un acto político.
Enseñar a escribir es un acto político.
Enseñar a cuestionar es un acto político.
Enseñar pensamiento crítico es un acto político.