Quan s’apagui el foc, ens haurem de preguntar fins quan permetrem que un “pijo” que a les nou del matí fa el Caramel Macchiato a Starbucks decideixi com ha de cuidar el bosc un pagès que a les cinc de la matinada està treballant la terra? #IFBisbaldEmpordà
“La profundidad es un lujo.
Terminar un libro. Conversar sin un teléfono sobre la mesa. Dedicar más de diez minutos a reflexionar sobre un problema. Escuchar un álbum completo. Escribir sin interrupciones. Estar en un lugar sin sentir la necesidad de publicarlo.
En un mundo que vende distracción masiva, la atención sostenida se ha convertido en el privilegio de quienes deciden. Y viven.“
Hubo un tiempo en que Madrid se conjugaba en presente de barrio. Un tiempo en que cruzar de una acera a otra de la Gran Vía no requería el instinto de supervivencia de un náufrago en un océano de maletas de mano y selfis clónicos. Aquel Madrid de hace 40 años se construyó con un diccionario propio que nacía en las barras de aluminio y moría en los portales. Hoy, uno camina por la Red de San Luis y se descubre extranjero en su propia memoria, envuelto en un murmullo cosmopolita e idiomas de todas partes. Te asalta entonces la gran pregunta muda: ¿en qué momento exacto Madrid dejó de pertenecer a los madrileños?
No es esta una queja contra el forastero. Esta ciudad siempre tuvo el orgullo legítimo de no pedir el pasaporte a nadie; aquí se era de Madrid a los diez minutos de bajarse en Atocha, compartiendo el espacio entre los de siempre y los que acaban de llegar.
las Fiestas de San Isidro parecen librar una batalla sorda por no perder el alma. El calendario marca el día del patrón, pero la Pradera se llena de una energía renovada donde el menú popular muta. Aquellas verbenas que antes olían exclusivamente a gallinejas, entresijos, morcilla frita y raciones de bravas compartidas en mesas de formica, conviven ahora con otros manjares. Es una evolución natural donde el pasado y el presente se dan la mano.
Para escuchar el Madrid auténtico, el que todavía arrastra la «z» al final de las palabras con orgullo tabernario, hay que huir de la almendra central. Los madrileños de Madriz no han desaparecido; simplemente la «z» ha viajado y se ha adaptado a la geografía actual, buscando nuevos refugios en los márgenes de los mapas oficiales. Incluso en barrios como Vallekas, con su «k» de resistencia, el aguacate le ganó la vez a la banquetera del torrezno en total armonía.
Hoy, el uso de los viejos modismos revela de inmediato la edad de la memoria de quien los pronuncia. Decir “chupa” evoca el invierno de los ochenta, cuando la “peña” o la “basca”no quedaban para un café de avena por WhatsApp, sino haciendo cola en las cabinas de teléfono, con monedas de veinticinco pesetas en la mano, para citar a las parejas en una esquina. Quedaban para tomar unas “cañas” o unos “penaltis” de cerveza apuntados con tiza en calles míticas como Fuencarral, antes de ser peatonal, en la bohemia de Malasaña, o bajando por Montera y Atocha. La economía del día a día se movía entre “talegos”, “melones” y escuchando música en el “Loro” del “colega”, mientras se buscaba un “curro” y se evitaba a cualquier “notas” que te metiera un “marrón”. En la periferia, esa jerga se ha hibridado. Los nietos del “mola un huevo” mezclan ahora la «z» con palabras del “trap, Bro, Guey o chévere”, expresiones latinoamericanas que manteniendo la misma función: marcar la identidad del barrio.
Se echa de menos la cotidianidad ruidosa de los pubs pequeños de Argüelles o los bares de desayuno de la calle Alcalá, donde el eco de la mañana se mezclaba con los golpes secos de manillar del futbolín y las monedas que daban paso a otra partida. Aquellos templos del humo y la confidencia han sido devorados por la uniformidad. El naufragio es silencioso pero constante: los míticos salones de billar se han convertido, al igual que algunos cines, en hamburgueserías o restaurantes temáticos. ¿Adónde han quedado lasluces tenues y los tapetes verdes con lastizas azules en los dedos?
Cierra el bar de siempre, la librería de viejo y la zapatería de barrio con su olor a pegamento y cuero. Si hoy Sabina o Flores tuvieran que reescribir su himno, la letra tendría que decir que “las franquicias viajan en ascensores rotos” y “los edificios mueren por un piso turístico”. Madrid se nos ha vuelto una ciudad escaparate, hermosa pero transformada. Nos queda la militancia de cruzar el río para buscar el Madrid que se resiste a morir entre “las tontas y las listas”de la Pradera de San Isidro, demostrando que el espíritu de la ciudad sigue siendo inquebrantable.
Feliz San Isidro, Gatos/as, Chelis y Chulapos/as.
El PRESENTISMO es la actitud más extendida: no preocuparse del futuro ni hacer más planes que el finde y las vacaciones. Es no atarse a nada. Explica muchas cosas:
1️⃣ no tener hijos
2️⃣ rechazar trabajos exigentes
3️⃣ cuidar mucho el físico
4️⃣ no preocuparse demasiado de nadie
5️⃣ no querer saber cosas inquietantes
6️⃣ Desconectar de la política, la educación, la economía y los problemas impersonales.
7️⃣ Convertir la cultura en espectáculo sin pretensiones, y la crítica en autoayuda y queja
8️⃣ Dar por hecho que el futuro será agradable y seguro aunque algo le dice que, quizás, no está asegurado…
9️⃣ Confiar pasivamente en salvadores que hagan el trabajo desagradable si las cosas se tuercen
Un “carpe diem” de clase media en decadencia demográfica y económica, sin ambición ni proyectos. Y por eso mismo perderá su envidiable situación, de la “aurea mediocritas” pasará a la dependencia de poderes que no ha querido controlar para no tomarse la molestia.
Ha muerto Pepe Cruz Novillo. Su obra forma parte de la memoria colectiva de generaciones.
Ha sido al diseño gráfico en España lo que Cervantes a la literatura.
Su estela la continúa @ppcruznovillojr. Abrazo de admiración y cariño ❤️🩹
"El hombre que diseñó España".