Los abuelos deberían ser eternos.
Deberían quedarse para siempre en la mesa de la cocina, con ese olor a café recién hecho y pan tostado, con la radio sonando bajito y esa paciencia que no se aprende en ningún libro.
Deberían estar siempre en el banco del parque, esperando a que llegues con tus problemas de adulto disfrazados de urgencia, y ellos, con dos frases y una sonrisa cansada, te los conviertan en cosas pequeñas.
Deberían ser eternos para que nunca falte esa llamada que empieza con un “¿ya comiste?”, aunque tengas treinta años y vivas solo desde hace diez.
Deberían quedarse para siempre con sus historias repetidas, porque al final entiendes que lo repetían para no olvidarse, para agarrarse un poquito más fuerte a la vida.
Y cuando se van, te das cuenta de que eran hogar.
Que las paredes de tu infancia estaban hechas de su risa, sus manos y sus silencios.
Que el mundo duele más sin ellos, pero al mismo tiempo, cada recuerdo es un abrazo invisible que no se gasta.
Ojalá los abuelos fueran eternos.
Aunque quizá lo sean, de alguna forma, cada vez que cierras los ojos y los vuelves a ver sonriendo en tu memoria.
admiro que te levantes, que lo vuelvas a intentar, que aunque has llorado en silencio y estás pasando por batallas que no le cuentas a nadie hoy estes aquí intentando dar lo mejor de ti, vengo a recordarte lo fuerte y valiente que eres por todas las batallas de las cuales has logrado salir adelante, recuerda todas las veces que te sentías similar a hoy y como después de ello vinieron momentos mejores, sé amable contigo y no te olvides de llevar siempre amor propio en tu caminar.🤍
Es totalmente cierto, cuando una mujer te dice las cosas que le molestan, es porque quiere estar bien contigo, una mujer callada es una mujer cansada, y cuando se cansa esta lista para irse.
honestamente no tengo ganas de sanar a nadie, ni de enseñarles cómo tratarme, mucho menos de pedir cosas o que me entiendan. Cada quien da lo que le nace o hace de corazón, por ahora en mi vida solo quiero tranquilidad y estabilidad.
corté muchísimos vínculos cuando me di cuenta que si yo no hablaba, no me hablaban, si yo no decía de juntarnos, no nos juntábamos, si yo no preguntaba como estaban, no me lo preguntaban; duele darse cuenta, pero también es un poco aliviador ya no rogar amistad o atención.