Es extraño ver su reflejo en el espejo y, donde supuestamente estaría yo, no ver nada. En su cara se pinta la tristeza. Es ahí cuando decido poner mi mano en su hombro, sus ojos se mueven hacia dónde estoy yo. Mi madre me ve y mi alma, por fin, se libera.
El lanchero desamarró la lancha y nos fuimos. Pronto regresamos al ruido y desmadre del canal principal haciendo que lo que había vivido hace unos momentos pareciera un sueño. Cómo mencioné al principio, no entiendo qué sucedió.
El lanchero se dejó caer en la lancha sacándome de mi trance.
“Que pasó güera, tas más pálida que la llorona. ¿Pos a qué monstruo viste o qué?”
Abrí la boca pero no salió nada.