"Sois ídolos de muchos jovenes. Pensadlo antes de empujarles a comprar para sostener su autoestima, hacer publicidad a marcas que sostienen un genocidio, o colaborar con neonazis".
Nerea Pérez de las Heras. El discurso más valioso, de y para influencers, de los #PremiosIdolo👏
Por qué NO receto antibióticos.
Spoiler: no es por hacerme el interesante.
La escena es casi universal: un paciente entra por la puerta con cara de gripe, estornuda dos veces, y antes siquiera de que termine de sentarse ya está esperando que le recete algo. Algo fuerte. Algo “que lo cure”.
La consulta médica, en España, no acaba cuando termina la explicación. Acaba cuando entregas una receta. Nos hemos acostumbrado (mal) a que el final del ritual médico sea la emisión de la receta. No sabemos hacer que el paciente se vaya de otra manera. Y eso es un problema.
Cuesta dinero en impuestos, daña la salud pública y convierte al médico en un expendedor con bata. Pero, aún así, es más barato recetar que disponer del tiempo y los recursos que cada paciente realmente necesita.
Sin embargo, los medicamentos no son caramelos. Hay medicamentos especialmente sensibles, que deberían estar bajo custodia médica severa: los antibióticos.
Ya bastante tenemos con ser uno de los países del mundo que más benzodiacepinas receta como para seguir regalando amoxicilina o azitromicina por catarros.
Vamos con lo básico. La mayoría de infecciones respiratorias son víricas. Es decir:
- Se curan solas.
- Solo se pueden tratar los síntomas.
- No, los antibióticos no “ayudan un poco”.
- No, no te acortan la enfermedad.
- No, no impiden que “te baje a los bronquios”. Estamos hablando de un resfriado, no de un ascensor.
Lo único que se puede hacer es tratar los síntomas: fiebre, dolor, malestar. Lo que decía tu abuela: líquidos, cama, manta, ducha tibia y paciencia. El resfriado común dura entre 3 y 7 días. Con antibiótico, sin antibiótico, con Reiki o con oración. Igual.
Cuando el buscador de antibióticos detecta que das demasiadas explicaciones, su radar se activa:
- “No me va a recetar un antibiótico, ¿verdad?”
- “No. Llevo 20 minutos explicándole por qué.”
- ”Es que a mí me va bien. Con antibiótico se me pasa en tres días”.
- “Claro, como a todos. Porque dura tres días.”
- “Pues mi otro médico siempre me lo receta.”
Y ahí… ahí es donde me muerdo la lengua para no contestar:
“Porque en el tiempo que yo estoy con usted, él ha visto doce pacientes.”
Tres razones por las que no te receto antibióticos:
1) Porque crean resistencias.
Los antibióticos no solo matan bacterias malas. Matan también a las buenas. Las que viven en tu piel, tu boca, tu colon… Las supervivientes son las más resistentes. La próxima vez que tengas una infección de verdad, es posible que el antibiótico ya no funcione.
2) Porque tus bacterias son nuestras bacterias.
Tus hijos, tu pareja, tu madre, tus compañeros de trabajo… comparten contigo su flora. Las bacterias resistentes no se quedan contigo. Las propagas. Y cuando ellos sí necesiten un antibiótico, puede que ya no sirva. Y será culpa tuya.
3) Porque tienen efectos secundarios.
Diarrea, náuseas, vómitos. Puede que a ti no te importe estar un poco flojo. Pero un anciano, una persona con poco apetito, alguien frágil… puede acabar hospitalizado por un antibiótico que no necesitaba.
4) Porque no te van a curar.
Cada año aparecen nuevas bacterias resistentes. Vamos perdiendo terreno. Desarrollamos antibióticos más despacio de lo que las bacterias se hacen resistentes. Perdemos la batalla, y no es una metáfora: estamos desarmándonos como especie por el capricho de que una tos se cure “más rápido”.
Así que no. No te voy a recetar un antibiótico.
Estar enfermo es una faena. Te duele la cabeza, tienes fiebre, mocos, tos… Lo sé.
Pero no hay atajos. No hay píldora mágica para los virus. Solo cuidados sintomáticos y paciencia. Lo que diría tu abuela.
Y si a los 3-5 días todo sigue igual, o empeora, entonces hablamos.
Hasta entonces, no me pidas un antibiótico. No soy un dispensario. Soy médico.
Estas pijas engreídas se graban corriendo por "barrios chungos" de Barcelona. Barrios "peligrosos" dicen son nuestros barrios, donde vivimos la mayoría de los catalanes.
Han paseado tranquilamente, eso no lo dicen. Son unas miserables clasistas y lo saben.
Banderas franquistas y saludos nazis en la manifestación de la extrema derecha en Ferraz delante de los cuerpos policiales. Quiéreme como la policía quiere a los fascistas.
Porque las mujeres no son incubadoras humanas.
Porque tener hijos no es ningún derecho.
Porque someter a una mujer al riesgo de un embarazo para satisfacer un capricho es despreciable.
Porque acabarán pariendo los hijos de los ricos las mujeres pobres.
Así, sin pensar mucho.
No perdamos la falta de humanismo hacia otras realidades: poder esquivar el hambre, la desigualdad o la guerra es consecuencia de haber nacido donde hemos nacido. No es otra cosa que azar. Erradicar las grandes distancias entre unos y otros también está en nuestras palabras 🇵🇸
"Nuestro trabajo no es humano con nosotros. Estamos deshumanizados porque no podemos más".
Esto de esta trabajadora del sector sanitario en #LaRevuelta me recuerda algo que intento tener siempre presente cuando alguien pierde las formas contra algún trabajador cara al público. El problema no está en ellos. Atacarnos entre iguales es igual de absurdo que no reivindicar unos derechos básicos al sistema, a los de arriba.
Si el sistema sanitario, en este caso, está enfermo, nos repercute por igual a los pacientes que a los sanitarios. Nos afecta a los ciudadanos. Televisión pública.
Ya está regularizada, está PROHIBIDO comprar bebés y alquilar mujeres. La explotación reproductiva está PROHIBIDA.
Otra cosa es que el resultado de esa regularización no te guste porque te gustaría comerciar con seres humanos para saciar tus carencias emocionales y tu ego.
si todas las mujeres que conocéis han compartido en sus redes sociales aquel artículo de que el amor es que vengan a buscarte, imaginad las poquísimas veces que han venido a buscarnos realmente para que queramos que se entere todo el mundo