Cómo último acto de amor vivo resignificando aquellos lugares que fueron, son y no serán.
Me viven como fantasma, quizá alguno que espera que el amor trascienda la muerte.
Hay tanto que me hubiera encantado que vieras, pero en aquel último encuentro tan cercano al desencuentro solo se asomaba el diablo tras tus ojos. Supe que habías muerto, que debía comenzar a duelar ante la vida, a vivir con la pérdida, sin metonimias, sin placebos ni ilusiones.
Hay algo muy sintomático, lo se. Algo que insiste pero a día de hoy el cauce que encuentra deja una marca cercana a lo humano, a aquello a lo que los locos llaman divino.
He sido exiliado del ser reconocido, he renunciado a la ilusión de ser leído sin dejar resto alguno.
Tengo fe en que aquellos momentos en que dejo un instante de mi finitud pueda ser un nuevo significante para alguna experiencia.
He deambulando este año en porvenires que nunca pensé que depararía mi deseo.
Desconocido y sin rostro para aquellos a quienes presto palabra; para aquellos que sin saberlo me han salvado dándome un lugar en el mundo.