𝐒𝐈𝐆𝐔𝐄 𝐄𝐒𝐂𝐑𝐈𝐁𝐈𝐄𝐍𝐃𝐎 𝐋𝐀 𝐇𝐈𝐒𝐓𝐎𝐑𝐈𝐀 𝐃𝐄𝐋 𝐃𝐄𝐏𝐎𝐑𝐓𝐄 𝐘 𝐃𝐄𝐋 𝐓𝐄𝐍𝐈𝐒
Novak Djokovic gana a Sinner en cinco sets y tras más de cuatro horas y jugará la final del Open de Australia, la UNDÉCIMA de su carrera, la primera desde 2023
LE-YEN-DA.
EN GALICIA NO LLUEVE
En Galicia no llueve…
Galicia se descompone lentamente en agua.
Aquí el cielo no se cae:
se rinde.
Se sienta encima de ti y dice:
—“Bueno, vamos a estar así una temporadita.”
La lluvia en Galicia no es meteorología,
es una relación tóxica de toda la vida.
Siempre vuelve.
Siempre promete que será la última vez.
Y tú, como un idiota optimista, le crees.
Sales de casa y dices:
—“Bah, no hace falta paraguas.”
ERROR.
Primer error del día.
El segundo será pensar que los zapatos se secan solos.
Porque aquí no llueve fuerte.
Aquí llueve con intención.
Es una lluvia persistente, psicológica, de desgaste.
No te empapa el cuerpo,
te moja la voluntad.
Y encima la lluvia gallega no tiene horario.
Llueve de día, de noche, los domingos,
cuando tiendes la ropa,
cuando lavas el coche,
cuando decides “hoy voy a caminar”.
Y atención:
cuando un gallego dice “parece que abre”,
significa que va a llover con más ganas.
Aquí el tiempo no se mira en una app.
La app miente.
Siempre.
Aquí el tiempo se mira en:
el lomo de la espalda
la rodilla
y el cuñado
Porque el cuñado siempre sabe más:
—“Eso no es nada, en el 98 llovía peor.”
En Galicia la humedad no está en el ambiente,
está en el ADN.
Por eso aquí:
el pan se pone duro en 4 minutos
los armarios huelen a infancia
y las paredes sudan más que tú subiendo una cuesta
Y claro, nos adaptamos.
El gallego no corre cuando llueve.
Camina igual.
Porque ¿para qué?
Si vas a llegar mojado con dignidad.
Los paraguas aquí son decorativos.
Se rompen.
Se dan la vuelta.
Se pierden misteriosamente en los bares.
Como si el paraguas supiera que no sirve para nada.
Y luego está el sol.
Ese concepto teórico.
Ese rumor.
Ese invitado que aparece sin avisar y provoca pánico:
—“¡El sol! ¡Saca la ropa! ¡Corre!”
Cinco minutos después:
—“¿Dónde está la ropa?”
—“En la lavadora otra vez.”
Pero aun así…
AUN ASÍ…
Amamos esta lluvia.
Porque cuando sales fuera y llueve,
dices:
—“Esto no es lluvia.”
Porque aquí la lluvia no es enemiga.
Es compañera.
Te acompaña al café,
a la caña,
al paseo que no ibas a dar.
La lluvia en Galicia justifica llegar tarde,
no salir,
quedarte más rato,
y tomarte otra.
Es la excusa perfecta para todo.
Y el gallego ama una buena excusa.
Así que sí, llueve.
Mucho.
Siempre.
Pero gracias a eso somos como somos:
duros
irónicos
expertos en aguantar
y con el alma un poco húmeda…
pero caliente.
Porque en Galicia, aunque llueva fuera,
el carácter ya viene impermeable de serie