tiro un facto y me voy: para algunos hombres es un alivio perder a una mujer increíble, porque pueden seguir siendo mediocres, sin la necesidad de mejorar
(era lo único que pedían)
La mayoría de las mujeres no lloran por el hombre; lloran por ellas mismas, por el esfuerzo que dieron, la esperanza que tuvieron, la ilusión en la que cayeron y el recordatorio de que el amor no las ha recompensado.