Imagen que acabo de grabar en el campo que recibe el nombre en honor a Aitor Zabaleta. Grupo de chavales se acercan a la imagen de Aitor Zabaleta celebrando el triunfo de la Real Sociedad
El problema del exceso de empatía es que mientras nosotros podemos entender y ayudar en las luchas ajenas, los demás son incapaces de entender las nuestras. Entonces te conviertes en una fogata donde nadie más pone leña pero si se acercan a a calentarse las manos.
"Eres tú pisha!, el ángel de la guardia de mi hijo".
Vaya momentazo cuando el padre de uno de los heridos en el accidente de Adamuz descubre en directo que Julio, de 16 años, fue quién ayudó a salir a su hijo del tren cuando estaba herido.
Estos acontecimientos me hacen pensar sobre la aleatoriedad de nuestra existencia. Cómo la vida puede cambiarte en un segundo por coger un tren. Mis pensamientos están con quienes por esa misma aleatoriedad hoy van a pasar una de las peores noches de sus vidas. Mucha fuerza.
Hay una declaración de cariño muy grande cuando te callas y no interrumpes al de enfrente para decirle que ya te sabes esa historia, que te la ha contado veinte veces
Te quedaste dormida sobre mi brazo
y no lo moví en toda la noche.
Me dolía, sí,
pero también me dolería no tenerte ahí.
A veces el amor es eso:
aguantar el hormigueo
para no estropear un silencio que nos cuida.
He notado que las personas más rotas suelen ser las que más consuelan. Como si conocer la oscuridad les diera herramientas para alumbrar a otros. Curan con las mismas manos que aún intentan sanarse.