Observa en conciencia tus acciones habituales y recobra el asombro de lo cotidiano: la acción más pequeña, mover una mano o sonreír, contiene el esplendor de la vida misma, recuerda que la plenitud también está en lo mínimo, en lo aparentemente ínfimo.
Hoy en el grupo comprendimos que nuestra insatisfacción se debe a que con nuestras actitudes compulsivas o disfuncionales en realidad no estamos atendiendo el origen de nuestra conflictiva. Por eso, hagamos lo que hagamos, el vacío seguirá apareciendo.