Cuando el último desaparecido sea entregado a sus familiares deberían arder las calles y exigir responsabilidades.
De esta catástrofe queda, una vez más, demostrado que los políticos y la prensa son carroñeros, sanguijuelas e incompetentes.
España somos nosotros, los de abajo.
Larga vida a tener tiempo personal, para hacer nada, para mirar para el cielo, para hablar cosas cotidianas, para cansarse de descansar, para contemplar a los seres amados, para pensar, para hacer las cosas con pausa. El tiempo es vida.
Cabe decir que no fantaseamos con ser funcionarios: fantaseamos con los horarios, las vacaciones, las condiciones de trabajo y la estabilidad del funcionariado. De nadie más que de los empresarios es la culpa de no ofrecer una alternativa decente en el sector privado.
Este argumento es simplemente vergonzoso. Literalmente votamos ya hace tres meses y este señor se presentó a una investidura en la que no fue capaz de reunir apoyos.
Querer repetir elecciones hasta que salga lo que ellos quieren no es respetar la opinión de los votantes.
Nunca los hemos visto en la calle por la sanidad pública, por las pensiones, por la subida de salarios, por los derechos LGTBI ni por el feminismo. Solo los vemos en la calle cuando pierden las elecciones y se inventan que España se rompe. No son manifestaciones, son pataletas.