Dicen que cuando muere un chamán el fuego queda encendido toda la noche y las historias vuelven a contarse, no para retener a quien se fue, sino para asegurar que su palabra siga viva entre los que quedan. Ese chamán de la cultura popular argentina se llamó: Carlos “indio” Solari
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✍️Agustín Carucha
Con mis amigos estábamos convencidos de que el mejor plan para reconquistar las Islas Malvinas era armar un recital del Indio Solari allá y generar una invasión de ricoteros tan masiva e incontrolable que a los ingleses no les quedara otra opción que abandonar la isla
hay mucha gente que no entiende que lo que llora el pueblo es el desamparo de perder a alguien que te interprete. Alguien que te represente, alguien que te lleve como colectivo con armas que vos no tenés. Nosotros no somos poetas somos obreros, trabajadores, poetas son unos pocos
Para ellos Maradona era un drogadicto, Evita una puta y el Indio un mero empresario. Tienen esa incapacidad metafísica, de ahí la pasión liberal por secularizar. Necesitan hacerse un mundo chato a la altura de lo que pueden comprender, en el que no sean apartados por no saber.
“INDIO” SOLARI
Se ha mudado "al otro barrio" el músico argentino Carlos Alberto Solari, mejor conocido como “Indio” Solari.
No tuve oportunidad de conocerlo en persona, lo cual no me impide valorar lo que significa su trabajo artístico, su postura independiente, su compromiso con la memoria y su ascendente infinito que atraviesa generaciones de argentinas y argentinos, va mi saludo solidario y mi afecto para ellos y ellas, para su familia y amigos.
Rubén Blades
5 de junio de 2026
Nunca nos subestimó. Nos habló en lunfardo de cosas complejas y con palabras pretenciosas contó secuencias de esquina. Hizo bailar a los filósofos y leer a los ladrones.
“En vez de bajarles línea a los chicos, hay que escucharlos; porque en sus nervios hay mucha más información del futuro que la que los tipos de nuestra edad pueden tener como para aconsejarlos”.
Indio Solari, en la conferencia de Los Redondos en Olavarría, 15 de agosto de 1997.
A mí lo que sinceramente me parece fascinante es que sea un fenómeno tan imposible de ser globalizado, traducido a otras latitudes. Es nuestro. A nadie más le importa. Todo nuestro. Un tesoro enterrado en el fin del mundo.
Los Redondos fueron un fenómeno viral antes de las redes. Pasaban por debajo del radar hasta que irrumpía la realidad. Te movilizaban cientos de miles de personas por el país sin pegar un solo cartel.
Es imposible dimensionar esto hoy donde estamos hiperconectados.
Ayer veía a Luis, Katty, Johanna, Silvana y Ronny abrazándose, mientras Ismael, Josué, Steven Gerald y Nehemías aparecían en una pantalla. Eran ellos, los niños de Las Malvinas soñando. Pensando, entre los juegos, el fútbol, la escuela y el baile, un futuro posible.
Ayer atestiguamos algo histórico, que va más allá del reconocimiento militar. Fue, también, confirmar que la comunidad importa. Que las palabras cuidan. Que un abrazo es el refugio esperanzador cuando la vida se desmorona y nos quiebra de formas que jamás imaginamos.
La reconciliación solo es posible cuando hay reconocimiento de la verdad. Y para que eso ocurra, tantas voces debieron juntarse al acompañar la exigencia de justicia de estas familias. Hay una red solidaria que desafió el discurso oficial y tres familias que permanecen reclamando la verdad.
¿Qué pasó? ¿Por qué lo hicieron?
¿Qué pasó? ¿Por qué lo hicieron?
¿Qué pasó? ¿Por qué lo hicieron?
Esas mismas preguntas que ayer las madres buscadoras de 51 desaparecidos siguieron haciendo a los captores y también a nosotros.
Se preguntan por qué reclaman y tienen ganas de atravesar vallas y levantar carteles. Y gritar, gritar, gritar. Y buscar. Y seguir denunciando.
Allí hay también un acontecimiento de justicia. Un acontecimiento del reclamo con el que exigente dignamente siempre que les devuelvan las vidas de sus hijas e hijos. Lo hacen juntas, cabreadas. Hartas. Abrazadas.
Gracias, madres buscadoras 🫀
Marjane Satrapi, celle qui avait su dire non à toutes les oppressions, est partie, emportée par le chagrin, un an après Mattias Ripa, l’amour de sa vie. Elle, qui nous avait appris à rire de nos blessures, n’aura pas survécu à celle-ci.
Il nous reste son oeuvre pour continuer à croire en la lumière. Il nous reste son trait comme horizon de liberté. Il nous reste sa voix qui nous apprit tant de fois que peine et joie forment les deux mains jointes d’une vie pleine.
Il nous reste Persepolis et sa leçon d'humanité radicale, ses films et ses livres. Une part de sa singularité et de sa force restera éternelle. Je pense à sa famille, à ses amis, à ses proches, et à la famille humaine qui perd l'une de ses boussoles.