Esto no lo ha dicho nadie hasta ahora: los carceleros gringos del ciudadano colombiano Beto Coral, además de torturarlo con golpes, hambre y sed durante 35 días, le robaron el teléfono celular, la billetera, una cadena de oro, y su mayor tesoro: los reconocimientos y diplomas con los que la DEA honró a su padre, el mayor Humberto Coral, el policía colombiano que, trabajando para Estados Unidos, localizó a Pablo Escobar el día que fue dado de baja; razón por la cual al mayor lo asesinó la misma policía, que protegía al gran capo mientras fingía que lo estaba buscando.
A Beto Coral también le robaron la cédula colombiana y todos los documentos legales de su trámite de asilo en Estados Unidos, el cual se encontraba en estudio.