Ayer en el programa de Pergolini, Fito Paez retrocedio el tiempo y volvimos a la epoca en donde en la tele habia un espacio para hacer silencio y apreciar la belleza, hermosisima version de Desarma y Sangra, solo Paez puede versionar a Garcia.
Lo más amable que hace la literatura es recordarte que tus pequeños sentimientos peculiares siempre han existido. Alguien, en algún siglo, se sintió igualmente confundido por el amor, aburrido por la sociedad, cansado de actuar y hambriento de significado.
Leer a Dostoievski es recordar que el ser humano no se divide entre buenos y malos, sino entre quienes se atreven a mirar su oscuridad y quienes pasan la vida huyendo de ella.
Freud nos dijo que el inconsciente es atemporal y contradictorio. Lacan nos enseña que en realidad lo inconsciente tiene sus propias leyes y que lejos de ser caótico, opera desde la lógica y la estructura, emerge a partir del tropiezo, evoca, vacila, cuenta.
No es demasiado tarde. Tampoco estás atrasado. Estás exactamente donde necesitas estar. Cada paso que das es necesario. No te juzgues ni te reproches por el tiempo que demora tu viaje. Todos necesitamos nuestro propio tiempo para recorrer nuestra propia distancia. Agradece haber llegado tan lejos.
"Por ahí atrás de las redes me dijo 'estás robando la guita cantando el Bicho, bicho hace 20 años'. Pero viene Paul McCartney y canta un tema que lo grabó a los 19 y te cobran 20 palos y la paga. Es como que el uruguayo con el uruguayo no es muy bueno".
Ya no existe la espera. Todo es consumible e inmediato. Todo aparece antes de ser buscado. La sorpresa pierde valor. La intimidad requiere tiempo, misterio y presencia. 3 cosas que ya no existen.
Los libros hablarán de cómo la Copa del Mundo me salvó la vida en el domingo más gris, frío y lluvioso que tuvo este país. La tarde fue exitosa gracias a Haaland y la noche con la Batalla del Azteca. No me maté porque hay un balón que une al mundo.
Quizás la peor batalla no ocurre en la mente, sino en el corazón cuando ama demasiado.
Esta frase de Edgar Allan Poe fue escrita en una carta dirigida a su tía y suegra, Maria Clemm, el 7 de julio de 1849.
Creo que nadie olvida la última vez que le tocaron el corazón 🥺