2030, nace Iberia
Somos íberos, algunos somos macaronesios, aunque todavía suene raro. Cuando ahora ves el pasaporte todavía flipas.
El ataque ruso a los países Bálticos, Polonia, Rumanía y Moldavia a principios de 2027 estuvo a punto de provocar la Tercera Guerra Mundial. Europa consiguió repeler al agresor, envalentonado cuando se dejó caer a Ucrania en 2026 por la traición estadounidense, que había ocupado Groenlandia, Islandia y las Feroe.
Europa sufrió un shock. Francia cayó en abril de ese año en una autocracia ultraderechista de la que ahora empieza a recuperarse. Y cuando todo indicaba que la Península Ibérica correría el mismo camino, los íberos elegimos vivir juntos para ser más fuertes.
La cumbre europea de mayo de 2027 era un mar de reproches y lamentos. El proyecto europeo hacía aguas. No había ningún plan. Aquella Europa estaba muerta de miedo y temía otro zarpazo ruso. Nadie sabía qué harían los dos portaaviones estadounidenses que patrullaban el Báltico.
Pasada la medianoche, el primer ministro portugués Luís Montenegro, un conservador que había rechazado aliarse con la extrema derecha, decidió llegada la hora de poner su plan en marcha. En un aparte, Montenegro dijo a Pedro Sánchez: “Sé lo que tenemos que hacer: Iberia”.
- ¿Qué dices?, replicó el presidente español.
- Fusionemos nuestros países, creemos Iberia.
- No entiendo.
- Salgamos ahí fuera juntos y anunciemos que hemos decidido empezar a trabajar para fusionar nuestros países. Será la primera piedra de la República Federal Europea.
- No estás bien, Luís.
- Estoy bien, Pedro. Lo necesitamos y Europa lo necesita.
Sánchez pensó que el portugués se había pasado con la cerveza belga hasta que @maidermakua , su sherpa, apareció con un documento de más de 500 páginas que le había entregado su homólogo portugués. Lo habían preparado todo durante meses.
Sánchez dijo a Maider: “Llama a @Diego_Rubio__ , cuéntale esto y dile que voy a aceptar”.
- ¿Presidente?, dijo Maider mientras se sentaba.
- Tranquila Maider, lo hacemos, Montenegro tiene razón. Y aunque finalmente no salga, Europa necesita una señal de unidad. Lo hacemos.
Maider llamó a Moncloa. Diego Rubio, director de Gabinete del presidente, no entendía nada cuando le sonó el móvil a las tres de la mañana.
- ¿Qué el PG sale ahora a anunciar la fusión con Portugal? ¿Qué dices, Maider?
- Es orden del PG, Diego. Está convencido. Lo va a hacer.
- Maider, dile que no haga nada, que lo piense unos días, esto es una locura. Que vuelva a Madrid, que consulte. ¿Lo tienes ahí? ¡Pásamelo!
- Diego, está con Úrsula, pero me ha dicho que te diga que te vayas a dormir.
Diego colgó, se sirvió otro té, vio que tenía otros 800 whatsapps sin responder y lanzó por la ventana abierta el balón de rugby que descansaba sobre la pila de libros por leer (la otra, mayor, eran los regalados que no iba a leer antes de enviar a la biblioteca de Moncloa).
Cerca de las cuatro de la mañana, la delegación española y la portuguesa pidieron a los servicios del Consejo que prepararan la sala de prensa grande. Bea Navarro miró a Luís Rego. Los dos veteranos de las cumbres europeas, ahora en el Gabinete de Costa, escribieron un pequeño texto para el jefe.
Entró Costa: “À Úrsula isso não agrada nada; o Bjorn não sabe como parar, mas não consegue. A mim, parece-me que chegou o momento”.
En las pantallas del Atrium, la inmensa sala donde trabajaban más de 500 periodistas que algún día morirán despedazados cuando la cristalera gigante del techo se caiga, apareció un rótulo: “Portugal & Spain joint press conference in 10 minutes”.
¿Qué sería aquello? Todos esperaban ver la reacción de Merz a la decisión de Marine Le Pen de cerrar la Asamblea Nacional francesa y sacar los tanques a la calle. ¿Montenegro y Sánchez no respaldaban a Merz y querían dejarlo claro? ¿El alemán era demasiado tibio?
Nadie tenía ni idea, excepto el corresponsal de El Mundo: “Sánchez se exilia por lo de Ábalos”.
Sánchez y Montenegro aparecieron en la sala de prensa junto a Úrsula Von der Leyen (con mala cara) y Antonio Costa (mucho más sonriente). Las televisiones públicas española y portuguesa emitían en directo. Costa empezó diciendo que se sentía orgulloso de ser parte de un momento así.
El primer ministro portugués tomó la palabra: “O meu amigo Pedro Sánchez e eu comparecemos para vos anunciar que decidimos começar a dar todos os passos políticos e constitucionais, tanto em Portugal como em Espanha, para fundir os nossos países e criar um novo Estado que se chamará Ibéria. A presidente Von der Leyen e os nossos 25 homólogos foram informados”.
Sánchez añadió: “Consideramos, tanto mi amigo Luís como yo, que Europa necesita construir un Estado federal. En este mundo de superpotencias autoritarias es la única manera de que Europa sobreviva como democracia. A 27 es ahora mismo imposible, lo hemos visto esta noche. Francia amenaza con romper y salir. Así que Portugal y España darán el primer paso. El objetivo es que en 2030 haya acabado el proceso y se hayan celebrado las primeras elecciones generales de Iberia. Tenemos dos años y medio y mucho trabajo por delante. Ahora contestaremos a sus preguntas”.
La sala de prensa quedó muda.
Julio 2027: Montenegro y Sánchez convocan elecciones (anticipadas en el caso portugués) el mismo día (25 de julio) con un solo punto en su programa: empezar a trabajar en la fusión. En la práctica se convierten en referéndums.
Los sondeos no aciertan. Tezanos falla 10 puntos, Michavila 15. Lo normal. En Portugal un poco menos. Ninguna casa de sondeos detecta una movilización histórica. Los temas habituales de los últimos años están totalmente fuera de la agenda. Sánchez y Montenegro hacen campaña juntos en los dos países como si fuera ya uno solo. El cierre de campaña, conjunto, es en Lisboa. Los dos renuevan en sus cargos. Tras las investiduras, ambos parlamentos crean sus propias comisiones de unificación ibérica.
Enero de 2028: 10 diputados portugueses y 10 diputados españoles presentan en Lisboa y Madrid el proyecto de ley de transición política y el de nueva constitución. Sánchez nombra Ministra para la Fusión a la conservadora portuguesa Ana Miguel Pedro y Montenegro hace lo mismo con la socialista española @lauballarin. Dos eurodiputadas.
Marzo de 2028: las dos cámaras aprueban los dos proyectos por mayorías de dos tercios. Las extremas derechas, una minoría de los populares portugueses, Podemos, el PP madrileño y la derecha nacionalista catalana votan en contra.
De abril de 2028 a junio de 2029 se aprueban en sedes parlamentarias todas las leyes de reforma. Se derogan normas, se crean otras y se adaptan las necesarias. Diputados portugueses participan como observadores en las sesiones en Madrid y diputados españoles en las de Lisboa. A principios de julio se anuncia el referéndum.
Septiembre de 2029: un 71% de portugueses y un 68% de españoles aprueban la nueva Constitución Ibérica. Ya no hay marcha atrás. La única provincia española que vota en contra es Madrid. En Portugal todas a favor. El PP madrileño hace campaña en contra porque rechaza perder la capitalidad exclusiva.
Octubre de 2029: el rey Felipe VI y el presidente de la República portuguesa, António José Seguro, rubrican la Constitución Ibérica en Olivenza, ciudad que albergará el futuro Tribunal Constitucional Ibérico.
Noviembre de 2029: los íberos o ibéricos (los académicos siguen sin ponerse de acuerdo) eligen por primera vez un Parlamento y un Senado común. La participación se dispara hasta el 80% en España y al 82% en Portugal tras la fusión de las familias políticas de ambos lados de la raya. El Parlamento estará en Madrid. El Senado en Barcelona. La Jefatura del Gobierno y del Estado en Lisboa, que será la capital oficial.
Madrid era la única capital europea sin salida navegable al mar. Ministerios, secretarías de Estado, direcciones generales y decenas de entidades públicas se reparten por otras sedes: Porto, Faro, Donostia, Salamanca, Mérida, Valencia, Funchal, Sevilla y Santa Cruz de Tenerife.
António Costa, de vuelta a la política nacional, se convierte en el primer presidente del Gobierno de Iberia. Teresa Ribera será su vicepresidenta. Montenegro es elegido secretario general de Naciones Unidas y Pedro Sánchez sucede a Costa en la presidencia del Consejo Europeo. Su tarea será salvar los restos del naufragio europeo y preparar la refundación. Otros 11 españoles y otros 5 portugueses conforman el primer Gobierno del nuevo país.
La nueva Constitución otorga el 30% de los escaños de diputados y senadores a las regiones portuguesas. El 30 de diciembre de 2029 Costa promete el cargo ante el rey Felipe VI en el Palacio Nacional de Ajuda, donde la Casa Real se había trasladado tras el sí a la Constitución en el referéndum de septiembre. Ese mismo día el ex presidente José María Aznar es extraditado desde Argentina tras la derrota de Javier Milei. Aznar había liderado un intento de golpe de Estado en julio de 2028. En prisión le esperaba Manuel Marchena, el otro líder de los golpistas.
Julio de 2030: Iberia está en la final del Mundial fútbol. Los íberos habían ganado en semifinales a Alemania en el Estadio Do Dragao de Porto cuatro días antes en un partido agónico resuelto en la prórroga con un gol de cabeza de Cristiano Ronaldo. Es su último gol como profesional, en su séptimo mundial. Tiene 44 años. Un mito.
En la final, en Madrid, con Cristiano lesionado, Iberia sale sin un 9 clásico después de una ceremonia de clausura donde Mariza y Rosalía estrenan el nuevo himno nacional. La letra es un poema inédito de José Saramago. El escritor había dejado un sobre en una notaría de Lanzarote con la orden de que fuera abierto si se producía la fusión ibérica.
Enfrente, la Francia de Le Pen, una selección que había forzado por ley la participación de sus jugadores, porque algunos habían dejado de acudir por motivos políticos. En el palco, Marine Le Pen junto a Felipe VI y António José Seguro.
El 11 ibérico que pasa a la historia lo forman el veterano Diogo Costa bajo palos; Geovany Quenda, Pau Cubarsí, Robin Le Normand y Nuno Mendes en defensa; Pedri, Vitinha y Bruno Fernandes en el centro del campo; Nico Williams, Lamine Yamal y Rodrigo Mora en punta. Es una mezcla de los finalistas del anterior Mundial.
Pedri y Vitinha juegan, dicen los grandes cronistas de Guardian, Clarín y La Gazzetta, el mejor partido de sus vidas. Pero empieza mal. El árbitro, italiano y de confianza del presidente de la Fifa, Infantino, permite el juego sucio de los franceses y pita un penalti inexistente. La imagen del VAR es clara. Quenda sólo toca balón, pero el árbitro no rectifica. Las protestas de los ibéricos se saldan con la expulsión de Cubarsí. Francia marca. Le Pen salta eufórica. Iberia pierde, juega con 10 y tiene 75 minutos por delante. El Bernabeu está en silencio.
El caos se apodera de las filas ibéricas. Costa salva un mano a mano con Mbappé, que poco después falla inexplicablemente una ocasión clamorosa. Iberia se desmorona sin la pelota. El seleccionador, Roberto Martínez, responde a la expulsión de Cubarsí enviando al banquillo a Bruno Fernandes y metiendo a Zubimendi, no a otro central. Al equipo le cuesta ordenarse, hasta que Vitinha y Yamal retrasan sus posiciones, ayudan a sacarla limpia e Iberia se va quitando de encima el asalto francés.
Abrir la lata cuesta 20 minutos más. La abre Pedri, el iluminado de la noche, cuando frota la lámpara. El gol del tinerfeño (primer capitán de Iberia, que se había perdido por lesión la final del Euro de 2024 y la final mundialista de 2026) es estratosférico, el heredero del de Maradona de 1986 contra Inglaterra. La retransmisión conjunta de la nueva televisión pública puesta en marcha a toda prisa para retransmitir el Mundial estalla con los gritos de Futre y Camacho. Ese gol calma los nervios de un equipo que sabe que esa noche no sólo carga en sus espaldas la responsabilidad de una final mundialista (España había ganado en 2010 y Portugal en 2026).
Con Pedri en estado de gracia, Vitinha toma el mando de las operaciones en el centro del campo y Zubimendi ayuda a Le Normand. El pequeño medio del PSG entiende entonces que deben juntarse por dentro, dejar que Mora pique como 9 falso y alimentar las bandas. Es un equipo liviano que no puede encerrarse atrás. No tiene cuerpo para eso. Sería aplastado. Desde la banda, Roberto Martínez pide cautela y defender más abajo. No le hacen mucho caso. Los medios ponen orden. Saben que tienen que adelantar líneas y presionar aunque estén en inferioridad. Debe ser un partido en campo francés. Son pesos pluma, duendes. Parecen, como decía Johan Cruyff, de dibujos animados.
El joven Mora y Yamal (que atrae las patadas, que parece que las busca tirando un caño tras otro, que provoca y provoca hasta desquiciar a Camavinga, Hernández y Rabiot) vuelan delante mientras el viejo Diogo Santos mantiene prietas las filas. Le Normand, pilar toda esa noche, se mantiene como único central. Es un 3-3-3 ó 3-5-1, un dibujo extraño cuando se juega con 10 y que Francia no termina de descifrar. Se sufre en los córners (que se defienden con una táctica rarísima pero efectiva, dejando a 5 jugadores arriba para vaciar el área).
En la segunda parte, con Iker Merino en el sitio de un Nico Williams que se va al banquillo al descanso, lesionado y cosido a patadas que el árbitro nunca castiga, todo empieza a funcionar. El tiki-taka con acento luso de unos jugadores que no han jugado ni 10 partidos juntos arrasa a Francia. El empate del descanso es un espejismo. Mora, que se disputa el trono del fútbol mundial con Yamal, hace dos goles de genio en 10 minutos y Francia se resquebraja. El pequeño portugués nunca está, pero siempre aparece. Es un asesino certero y silencioso.
Yamal, con grapas en la ceja izquierda tras un codazo de Rabiot, marca el cuarto en una contra lanzada por Quenda. Le Normand el quinto, de un cabezazo tremebundo a la salida de un córner. El central lo celebra enseñando a la cámara un tatuaje en su brazo: “Résistance”. Le Pen insulta a Costa, que sonríe. El árbitro italiano expulsa a Le Normand. Faltan 14 minutos. Mbappé protesta la expulsión y abandona el campo con Le Normand. También es expulsado. Juegan 10 franceses contra 9 ibéricos o íberos. Yamal sigue tirando caños hasta que Rabiot, desencajado, con los nervios hechos trizas, pide el cambio. Vitinha rompe la escuadra para el sexto cuando el partido muere. Iberia es campeona del mundo. Los franceses se echan a las calles contra Le Pen.
Montenegro (muy futbolero) y Sánchez (muy poco futbolero) ven el partido juntos desde Bruselas.
- Lo hicimos, Pedro.
- No hemos acabado, Luís. Hay que tomar Roma.
- ¿Qué?- Meloni caerá pronto. He hablado con el viejo Mario.
- Estás mal, Pedro.
- No. Hay que hacerlo, lo sabes
.- ¿Y la capital?
- Tranquilo, la capital seguirá en Lisboa.
A la muerte de Felipe VI en 2048, la heredera, la princesa Sofía, renuncia al trono. Sus dos hijas también. Su hermana Leonor había muerto en Polonia cuando su avión de combate fue alcanzado por uno ruso. No tenía hijos. La Monarquía se extinguía.
El referéndum dio paso a la República Federal Italo-Ibérica tras la fusión con Italia en 2035, última obra de Mario Draghi. La nueva Europa se haría uniendo sus antiguas piezas. En 2050 la República Federal Italo-Ibérica firmaba un acuerdo de federación con la República Escandinava y la República del Benelux. A la nueva entidad la llamaron República Federal Europea.
"Para escribir una poesía que no sea política,
debo escuchar a los pájaros.
Pero para escuchar a los pájaros
hace falta que cese el bombardeo".
-Marwan Makhoul