Inaudito en un tráfico colapsado, los inteligentes de la EMOV se dedican a dar paso en el turbo redondel de la primero de mayo y americas, en verdad que inoperancia de empresa, pongan agentes donde se necesitan no donde más congestionan @emov_ep@czamoramatute
La ignorancia de @ETAPAOficial vienen a cortar el agua por actualización de datos y cortan la matriz de todo un edificio, se queda sin agua 8 departamentos y 2 locales, gente que tiene sus actualizaciones al día, la constitución indica que el agua es un derecho @czamoramatute
La ignorancia de @ETAPAOficial vienen a cortar el agua por actualización de datos y cortan la matriz de todo un edificio, se queda sin agua 8 departamentos y 2 locales.. por la inoperancia de su gerente, la constitución indica que el agua es un derecho…
Personas de más de 80 años que tienen al día sus pagos y no han recibido notificación de actualización están sin agua porque ha @ETAPAOficial se le ocurre cerrar la matriz principal de un edificio, ignorantes, inoperantes…
Del ladrillo con antena al móvil que te arruina la vida
Antes tener un móvil era como llevar un arma de defensa personal. Aquello no era un teléfono: era un adoquín con antena. Si se te caía al suelo, no se rompía el móvil; se rompía el suelo. Lo llevabas en la riñonera o en el cinturón, como un sheriff tecnológico, y cuando sonaba no era una llamada: era un acontecimiento.
El primer móvil servía para llamar. Qué locura, ¿eh? Un teléfono que servía para llamar. Ahora tienes un aparato de mil euros que hace fotos a la luna, traduce japonés, mide tus pasos y, cuando tienes que hacer una llamada importante, dice: “Sin cobertura”.
Antes llamabas y listo: “Mamá, llego tarde”. Fin. Ahora, para decir eso, tienes que desbloquear el móvil, cerrar una actualización, quitar notificaciones, abrir WhatsApp, ver 48 mensajes pendientes, contestar a un grupo que no sabes por qué sigues dentro y escribir: “Voy”. Y el autocorrector te lo cambia por: “Voy a morir”. Porque el móvil no corrige: dramatiza.
Luego llegó el SMS, literatura de supervivencia. Tenías 160 caracteres y escribías como un egipcio con prisa: “Qdms a ls 8? tkm”. Cada mensaje costaba dinero, así que pensabas antes de enviarlo. Hoy mandamos quince audios para decir “ok”. Y siempre empiezan igual: “Te mando un audio corto”. Mentira. Empieza hablando de una cita médica y termina explicando la caída del Imperio Romano.
Y las baterías… Antes cargabas el móvil el domingo y te duraba hasta Semana Santa. Podías irte a la guerra y el Nokia seguía con tres rayas. Ahora sales con el 100%, miras la hora dos veces y ya está al 63%. Abres la cámara y entra en pánico: 12%. Tiene más tecnología que la NASA, pero la batería vive como un mechero de gasolinera.
También estaban los tonos. Antes te bajabas un politono que sonaba como una orquesta atrapada en una lata y eras el rey del barrio. Ahora todos llevamos el móvil en silencio porque vivimos aterrorizados. Suena en público y parece que has cometido un delito.
Y los juegos. Antes teníamos la serpiente. Una línea comiendo cuadraditos. Y éramos felices. Ahora tenemos mundos abiertos, gráficos brutales e inteligencia artificial, pero acabamos ordenando caramelos mientras decimos: “Solo una partida”. Claro. Igual que Netflix te pregunta si sigues viendo y tú te ofendes: “Por supuesto, no me juzgues”.
Luego llegaron las cámaras. Al principio las fotos parecían hechas desde una pecera. Salías con doce píxeles y decías: “Qué calidad”. Ahora el móvil tiene cuatro cámaras, gran angular, modo noche, modo retrato y modo “te arreglo la cara porque la vida te ha tratado regular”. Y aun así seguimos sacando fotos torcidas de comida fría. Antes hacías una foto y la guardabas. Ahora haces 37 iguales, las editas y al final no subes ninguna.
Y las redes sociales remataron la faena. El móvil antes conectaba personas. Ahora conecta inseguridades. Antes llamabas para saber cómo estaba alguien. Ahora ves su historia y deduces que sigue vivo. Cambiamos el “¿qué tal?” por un like. Y si alguien no contesta, antes pensabas: “Estará ocupado”. Ahora piensas: “Ha estado en línea, ha visto mi mensaje, ha respirado y no me responde”. El móvil nos ha dado pruebas judiciales para sufrir mejor.
Antes el móvil era un aparato. Ahora es oficina, banco, cámara, televisión, agenda, tienda, mapa, casino, psicólogo malo, espía y agujero negro de tiempo. Y todos decimos: “Yo no estoy enganchado”. Claro que no. Solo lo miras al despertar, al desayunar, en el baño, andando, viendo la tele y antes de dormir.
Hemos pasado del móvil que servía para llamar al móvil que te llama a ti: con notificaciones, ofertas, alarmas, recuerdos de hace cinco años y vídeos de gente que no conoces haciendo cosas que no te importan.
El móvil ha evolucionado una barbaridad. La duda es si nosotros hemos evolucionado con él o si solo hemos cambiado el ladrillo con antena por una losa brillante que llevamos en la mano… y que, encima, nos cobra por hacernos idiotas en alta definición.
Todos amamos a Cuenca y la consideramos la mejor ciudad del mundo. Eso no se discute. Pero Numbeo es una crowdsourced, es decir, cualquiera puede meter datos para que los resultados que se obtengan de sus encuestas sean acorde a lo que se quiere conseguir.
El caso más conocido de fraude con Numbeo es el de Lund, Suecia, que con una encuesta fue ubicada como la más peligrosa del mundo cuando es un pueblo más seguro que El Pan.
No nos engañemos. Adoramos a Cuenca, pero negar nuestros problemas en salubridad rural, acceso a la vivienda, acceso a la salud, salario promedio, costo de vida, pobreza y pobreza extrema, entre otros, no nos va a ayudar en nada.
Cuando algo es bonito y conmovedor, aunque corresponda al mundo de la ficción, uno solo puede felicitar a su autor, compartirlo y esperar que los demás también lo disfruten.
Un gerente japonés me dijo una vez: “Despedimos a los empleados que llegan a tiempo”.
Me reí.
Luego me explicó por qué y eso cambió por completo mi forma de ver el éxito.
Escuché esto por primera vez en Tokio durante una cena de negocios.
Pregunté por qué llegar tarde es una falta tan grave en Japón.
Él respondió con calma:
No despedimos a los que llegan tarde. Despedimos a los que llegan justo a tiempo.
La mesa quedó en silencio.
En mi cultura, llegar justo a tiempo significa:
• responsable
• disciplinado
• profesional
¿En su cultura? Significa pasivo.
Él explicó:
“Si llegas a las 9 en punto, has esperado hasta el último segundo posible”.
Eso nos dice algo importante.
Nos dice que no planeaste:
• tráfico
• retrasos
• incertidumbre
• responsabilidad más allá de ti mismo
Y si no planificas para la incertidumbre… no se te pueden confiar los sistemas.
Dijo algo que nunca olvidaré:
“Sólo los débiles llegan en el último minuto”.
No porque sean perezosos, sino porque piensan en límites, no en márgenes.
Las empresas japonesas no valoran la precisión.
Valoran la anticipación.
Un profesional llega temprano para:
• calmar la mente
• leer la sala
• prepararse mentalmente
• mostrar disposición
No entrar precipitadamente sin aliento.
Esa idea se quedó conmigo.
Y una vez que me di cuenta... no pude dejar de verlo.
Las personas más exitosas en todo el mundo, sin importar en qué país:
• llegan temprano
• mantienen la calma
• observan primero
• hablan el último
Ya están presentes antes incluso de que otros entren.
Generan confianza antes de comenzar la reunión.
Se dan cuenta de detalles que otros pasan por alto.
Crean oportunidades antes de que otros reaccionen.
Ese borde se agrava.
Llegar temprano no es cuestión de tiempo.
Se trata de mentalidad.
Exactamente a tiempo dice: “Hice lo mínimo”.
Temprano dice: “Vine preparado para la realidad”.
Los negocios y la vida requieren margen.
Cuando alguien dice: “Pero llegué a tiempo”,
Ya no escucho disciplina.
Escucho el límite de su pensamiento.
Japón lo entendió hace mucho tiempo:
El éxito comienza antes de que empiece el reloj.
¿Los españoles, estadounidenses, los alemanes y muchos otros volverán a aprender estos principios que se explican por sí solos?
La pregunta de ahora en adelante es:
¿Continuarás con el comportamiento de los que no tienen, o elegirás el comportamiento y el éxito de los que sí tienen?
La mejor interpretación del Ave María de Schubert. Ella es Aida Garifullina, una soprano rusa de 38 años cuya voz alcanzará la eternidad. ¡Feliz Navidad!
Vídeo @Hoang_HQ
@PRENSAVirtual_@DanielNoboaOk@annabellazinok por Dios hagan algo, tomen acciones, el país se hunde por el mal manejo de usted Daniel, ya habrá los ojos ante la realidad del país.
No entiendo porque no hacen su trabajo, es un cuento de no acabar todos los días en la primero de mayo carros estacionados y ustedes no hacen nada @emov_ep
@tomebamba yo no entiendo para que la EMAC da un punto de pago, si no sirve....? toda la mañana intentando verificar los valores a cancelar y la página caída, verifiquen primero que todo este funcionando de manera correcta, antes de supuestamente habilitar páginas.
Cuándo será que la @emov_ep haga algo en la primero de mayo, todos los días carros estacionados en garajes @czamoramatute por favor señor alcalde tomar medidas y sancionar
Tiempo de cambiar de estrategia, de darse cuenta que ya no cuenta con el apoyo de la gente @DanielNoboaOk de ver si realmente su equipo vale la pena, ver otros tipos de alianzas, y reflexionar respecto a su mandato.