SIETE LOBOS MENOS. Y SIETE VECES MÁS DE VERGÜENZA PARA UNA ADMINISTRACIÓN QUE CONFUNDE CONSERVAR CON MATAR.
Ya son siete los lobos muertos en las primeras batidas autorizadas por el @GobAsturias.
Y hay un dato que no debería pasar desapercibido: esas muertes fueron ejecutadas por Agentes Medioambientales, profesionales cuya función debería estar vinculada a la protección y conservación del patrimonio natural.
Que una Administración decida matar lobos ya es suficientemente grave.
Que quienes tienen encomendada la vigilancia y protección del medio natural se presten a ejecutar esas órdenes resulta, como mínimo, profundamente cuestionable.
La crítica no va contra una profesión imprescindible. Va contra quienes, desde dentro de ella, aceptan convertir la muerte de fauna protegida en una herramienta rutinaria de la política de una Administración lobófoba.
Porque un agente medioambiental no debería ser el brazo ejecutor de una política que reduce la conservación a apretar el gatillo.
La profesión exige mucho más.
Exige conocimiento, criterio, responsabilidad y compromiso con el patrimonio natural.
Y cuando esos principios se sustituyen por la simple ejecución de batidas para alcanzar un cupo de 67 lobos, quienes actúan así no solo comprometen a los animales que matan: también contribuyen a denigrar una profesión que debería estar en primera línea de la defensa de la naturaleza.
Siete lobos abatidos. 67 como objetivo.
Esto no es conservar al lobo.
Es hacer de su muerte una política pública.
Y ahora el @GobAsturias reclama además la implicación de los cotos de caza y sus guardas para seguir avanzando hacia el objetivo de 67 lobos muertos.
Ahí está la fotografía completa:
👉 El Principado ordena.
👉 Los cotos colaboran.
👉 Los agentes ejecutan.
👉 Los lobos mueren.
Y después pretenden llamarlo conservación.
No.
La conservación del patrimonio natural no consiste en poner a los agentes medioambientales al servicio de batidas ni en movilizar a los cotos para aumentar el número de lobos abatidos.
Un profesional del medio natural debería ser garante de la biodiversidad, no convertirse en una pieza más de una maquinaria administrativa diseñada para matar fauna.
Y quienes aceptan desempeñar ese papel deberían preguntarse qué imagen están proyectando de una profesión cuya razón de ser debería ser precisamente proteger el medio natural.
Mientras tanto, @AdrianBarbon y @Marcelotineo siguen haciendo cuentas.
67 lobos.
Ese es el número que han puesto encima de la mesa.
Pero detrás de cada número hay un animal. Un grupo familiar. Una estructura social. Un papel ecológico.
Y detrás de cada disparo hay una decisión política.
El lobo no necesita que lo maten para que exista ganadería. Lo que necesita Asturias es una política rural que no convierta la muerte de fauna salvaje en la solución automática a los conflictos.
La naturaleza no necesita más gatillos. Necesita más ciencia, prevención y conservación.
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Ya conocemos suficiente a Maricarmen. Ahora necesitamos este tipo de artículos pero sobre ellos, los administradores de Urbagestión: ¿Quiénes son Ricardo Alonso Fernández y Fernando Alonso Fuentes?
Cuando se habla de ataques de lobo, hay una obligación legal que demasiadas veces desaparece del debate @MalasLenguas_Tv
El Real Decreto 348/2000, de 10 de marzo, que incorpora al ordenamiento español la Directiva 98/58/CE sobre protección de los animales en las explotaciones ganaderas, establece en su artículo 3 y en el apartado 6 de su Anexo que los propietarios y criadores deben adoptar las medidas necesarias para garantizar la protección de los animales mantenidos al aire libre frente a los depredadores.
Esto es importante porque cambia el enfoque del debate.
La prevención de los ataques no es únicamente una responsabilidad que pueda exigirse a la Administración ni una cuestión que se resuelva eliminando al depredador. Existe también una obligación de adoptar medidas de protección del ganado.
Y eso significa que, antes de convertir cada episodio en un argumento para justificar controles letales, el debate debería centrarse en algo mucho más elemental: ¿qué medidas preventivas se estaban aplicando?
Cierres adecuados, vigilancia, perros de protección, pastoreo, manejo del ganado y otras medidas preventivas forman parte de la gestión de una explotación cuando el ganado se mantiene en territorios donde existen grandes depredadores.
Porque el lobo no puede convertirse automáticamente en el último eslabón de una cadena en la que todos los problemas terminan pagando los animales silvestres.
La coexistencia exige prevención. La prevención exige responsabilidad. Y la conservación del lobo exige que matar no sea presentado como la primera ni como la única respuesta. Y cumplir una obligación de prevención no puede convertirse en una opción cuando resulta incómoda.
Ojalá existiera un depredador en Galicia especializado en cazar jabalíes. No sé, por ejemplo, un animal extremadamente inteligente, que cazase en manada y que llevase miles de años acostumbrado a depredar sobre suidos.
Y ojalá ese depredador, no fuese perseguido por la @Xunta.
Si divides el supesto número de animales que esta gente ha perdido (20.000), entre el número de lobos que dicen que hay (20), resulta que cada lobo se ha comido 1.000 animales en 7 años.
Un animal cada 2,5 días.
Que los lobos asturianos se mantengan en pie, es un milagro.
"Los ganaderos no son los dueños de la naturaleza. Tener ganado en el monte no otorga el derecho a decidir qué especies pueden vivir allí y cuáles deben desaparecer".
#LoboVivo#LoboProtegido
Hay argumentos que, cuando se aplican en sentido contrario, dejan al descubierto su propia contradicción.
Los ganaderos del Sueve dicen que «quien quiera lobos, que se los lleve para casa».
¿Y si aplicamos exactamente la misma lógica con su ganado doméstico? ¿A que ya no parece tan razonable?
Porque el problema de fondo es precisamente ese: el monte no es propiedad exclusiva de una actividad humana. El hecho de llevar ganado a un espacio natural no convierte ese espacio en un territorio privado donde quien desarrolla una actividad particular pueda decidir qué animales tienen derecho a vivir y cuáles deben desaparecer.
El lobo no necesita que nadie «se lo lleve para casa». Está en su hábitat. Igual que otras especies silvestres que forman parte del ecosistema.
Y si aceptamos que la solución a cualquier conflicto entre una actividad humana y la fauna es sencillamente eliminar o expulsar al animal, entonces dejemos de hablar de conservación, de naturaleza y de convivencia.
Hablemos de otra cosa: de un monte diseñado a la carta para que solo permanezca aquello que resulte útil o conveniente para determinados intereses.
¿Hay daños? Se investigan, se acreditan y se compensan.
¿Hay formas de prevenirlos? Se aplican y se mejoran.
¿Hay problemas de gestión? Se corrigen.
Lo que no es aceptable es convertir una especie autóctona y vital para el buen funcionamiento de los ecosostemas en el único elemento que sobra del paisaje.
Así que, puestos a utilizar ese argumento tan simplista:
Si quien quiere lobos tiene que llevárselos para casa, quien quiera xatos, vacas, ovejas, cabras o caballos que se los lleve también para casa.
O, mejor todavía, dejemos de pensar que la naturaleza funciona así.
El monte no es un cortijo.
El lobo no es un intruso.
Y la fauna silvestre no tiene que pedir permiso para existir.
“SI NO QUIERES LOBOS, NO QUIERO TU QUESO NI TU CARNE”
Puede resultar incómodo. Puede molestar. Pero hay debates que necesitan dejar de envolverse en eufemismos.
Si no quieres lobos en el territorio, si pretendes reducir su población hasta dejarla en el número que consideras “aceptable”, si cada manada es vista como un problema y cada lobo como un animal prescindible, entonces hay algo que debemos cuestionar:
¿Qué clase de naturaleza queremos conservar?
Porque el monte no es propiedad exclusiva de nadie.
El territorio no puede convertirse en un espacio donde las especies salvajes solo puedan existir mientras no incomoden a determinados intereses.
Y en Asturias, este debate adquiere una dimensión especialmente preocupante.
El @GobAsturias vuelve a apostar por el control letal del lobo y ha anunciado actuaciones que podrían terminar con la muerte de hasta 67 lobos a partir de septiembre.
67.
No son 67 cifras en un documento administrativo.
Son 67 animales.
67 individuos que pueden ser eliminados deliberadamente de una población que ya está sometida a fragmentación, mortalidad y otras amenazas.
Pero hay algo todavía más preocupante.
Para justificar las actuaciones letales contra el lobo, la @MRuralAsturias , con @Marcelotineo al frente, se apoya en unos datos poblacionales que han sido objeto de fuertes cuestionamientos.
Censos inflados que, como mínimo, deberían ser sometidos a una revisión científica independiente y rigurosa.
Porque si se parte de una población artificialmente sobredimensionada, el resultado es perverso: cuantos más lobos aparecen sobre el papel, más fácil resulta presentar su eliminación como una actuación asumible.
Primero se infla la cifra. Después se utiliza esa cifra para justificar la muerte.
Y así se construye un relato administrativo en el que matar lobos parece una decisión técnica inevitable.
Pero la ciencia no puede funcionar al revés.
Los datos deberían servir para proteger y gestionar correctamente las poblaciones, no para fabricar el margen necesario para eliminarlas.
Por eso la pregunta es inevitable:
¿Cuántos lobos hay realmente en Asturias?
Y, sobre todo:
¿Qué garantías existen de que las cifras utilizadas para justificar estas actuaciones reflejan fielmente la realidad?
Porque gestionar una especie protegida o amenazada exige rigor.
Exige transparencia.
Exige metodología científica.
Y exige que las decisiones de matar animales no se apoyen en cifras cuestionadas, infladas o sobredimensionadas.
El lobo no es una anomalía.
No es una especie invasora.
No es un elemento ajeno al paisaje.
Es naturaleza. Es patrimonio natural. Es parte del ecosistema.
Y su presencia no debería depender de la voluntad política de turno.
Lo verdaderamente preocupante es que la muerte de lobos pueda terminar normalizándose como una herramienta ordinaria de gestión.
Hoy son 67.
Mañana pueden ser más.
Y cuando aceptamos que eliminar animales salvajes es una solución válida cada vez que generan conflicto, el límite deja de marcarlo la ciencia y empieza a marcarlo la conveniencia.
Eso no es conservación.
Es adaptar la naturaleza a nuestras preferencias.
Queremos territorios vivos.
Queremos ecosistemas funcionales.
Queremos biodiversidad.
Y queremos que el lobo siga formando parte de ellos.
No queremos un monte vacío de grandes depredadores para que resulte más cómodo.
Queremos un territorio donde la fauna salvaje tenga derecho a existir.
Porque el lobo no necesita que lo toleremos cuando nos conviene.
Necesita que dejemos de tratar su existencia como un problema que debe resolverse a tiros.
Por eso, ante los 67 lobos que podrían morir a partir de septiembre, la pregunta no es cuántos estamos dispuestos a perder.
La pregunta es:
¿CUÁNTOS LOBOS TIENE QUE MORIR PARA QUE ENTENDAMOS QUE ESTO NO ES CONSERVACIÓN?
🐺 67 lobos. 67 vidas. Una decisión política.
Cantabria: cuando la política convierte la conservación en exterminio.
Lo del @cantabriaes ya no puede maquillarse con eufemismos como «control», «extracciones» o «gestión».
Cuando autoriza la eliminación de 41 lobos y mantiene un cupo de hasta 35 más en una población estimada en 177 ejemplares, estamos hablando de una política de mortalidad deliberada sobre una especie silvestre.
Y detrás de esta política hay una responsable política que no debería esconderse detrás de la palabra «convivencia»: @María Jesús Susinos @mariajsusinos .
La consejera mata lobos habla de lobos que están «campando» por Cantabria y asegura que existen daños en lugares donde «nunca debieran estar».
Pero la pregunta es sencilla:
¿Quién ha decidido que un lobo está donde «nunca debiera estar»?
¿La ciencia?
¿La ecología?
¿Los datos sobre distribución histórica de la especie?
No.
Lo decide una determinada concepción política del territorio en la que parece que el Patrimonio Natural debe plegarse a los intereses de determinadas actividades económicas hipersubsidiadas.
Y ahí está el verdadero problema.
Porque el Patrimonio Natural no pertenece a un sector económico, ni a una consejería, ni a un partido político. Es un bien de interés general que las Administraciones tienen la obligación de conservar para el conjunto de la sociedad y para las generaciones futuras.
Sin embargo, la política de este gobierno regional parece funcionar exactamente al revés: cuando una especie silvestre ocupa territorio, se considera que está ocupando territorio «equivocado»; cuando genera conflicto, se elimina; y cuando los datos científicos incomodan, se cuestionan.
Eso no es conservación.
Es negacionismo científico convertido en política ambiental.
Y resulta especialmente preocupante que se pretenda presentar como inevitable una política que prioriza la reducción de la población del lobo mientras se anteponen los intereses de determinadas actividades privadas fuertemente sostenidas por recursos públicos como es la ganadería extensiva
El dinero público puede y debe servir para hacer compatible la actividad económica con la conservación de la naturaleza. Nunca para convertir la conservación en rehén de determinados intereses particulares.
Cantabria tiene 25 manadas y una presencia del lobo cercana al 80 % del territorio. Precisamente ese dato debería provocar una reflexión sobre cómo gestionar una especie que está recuperando parte de su área de distribución, no una carrera para decidir cuántos ejemplares pueden ser abatidos.
Y hay una contradicción que resulta imposible ignorar:
Susinos dice que no quiere ningún exterminio. Pero su Gobierno ya eliminó 41 lobos y mantiene para 2026 un cupo de hasta 35.
Cambiar la palabra «matar» por «extraer» no cambia la realidad.
Un lobo muerto sigue siendo un lobo muerto.
Y cuando se convierte la muerte de decenas de ejemplares en una herramienta ordinaria de gestión, el lenguaje administrativo no puede ocultar la realidad política: estamos ante una política de exterminio local de una especie que debería ser gestionada desde criterios científicos y de conservación, no desde presiones sectoriales.
Señora @mariajsusinos :
el lobo no es patrimonio de los ganaderos, ni de los cazadores, ni del @cantabriaes .
Es parte del Patrimonio Natural.
Y el Patrimonio Natural no se gestiona a tiros.
Se conserva.
https://t.co/rfZryBLd0I