La lágrima que se me ha saltado cuando los drones han generado a Antoni Gaudí para que por fin contemplara su obra prácticamente acabada. Me puse emocional. No supero.
"Es otro de los inconvenientes de padecer una desgracia: al que la sufre los efectos le duran mucho más de lo que dura la paciencia de quienes se muestran dispuestos a escucharlo y acompañarlo, la incondicionalidad nunca es muy larga si se tiñe de monotonía".
Javier Marías 🪶
El último día que vi a Robe fue en Barcelona, al acabar el concierto que dio en el Fòrum hace unos meses. Con su humor de siempre, me dijo: “¡Coño, no te había reconocido!”.
Hacía poco que le había imitado en Tu cara me suena. “A ver, que me entere yo: ¿por qué me andas imitando?”. “Bueno, Robe… ¿pero te gustó?”. “No lo vi”. Así era Robe.
La primera vez que nos conocimos, otra perla: “A ti te he visto mucho yo por la tele”. El simple hecho de imaginar a Robe Iniesta viendo la televisión —fuera lo que fuera— ya es casi un cuadro surrealista.
Hubo más anécdotas (no demasiadas, porque Robe era como uno de esos animales raros que solo se dejan ver de vez en cuando), pero hoy, que deja de estar con nosotros físicamente, quiero dejar por escrito que, junto a Albert Pla, para mí Robe Iniesta ha sido el mayor referente de la canción en español. Soy cantautor gracias a discos de Extremoduro como Yo, minoría absoluta, La ley innata o Material defectuoso. Canciones como “Dulce introducción al caos”, “Standby”, “Buscando una luna” o “A fuego” resonarán para siempre en las paredes de este mundo. Y en las que aún no conocemos.
Tus canciones perdurarán para siempre.