Carta de un cura de barrio a Silvia Abril:
Estimada Silvia:
Me llamo Francisco Javier. Soy un sacerdote del montón que vive y trabaja en un barrio obrero del sur de Madrid, en Leganés. En mi día a día no hay focos ni maquillaje; aquí la vida es muy auténtica.
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EN GALICIA NO LLUEVE
En Galicia no llueve…
Galicia se descompone lentamente en agua.
Aquí el cielo no se cae:
se rinde.
Se sienta encima de ti y dice:
—“Bueno, vamos a estar así una temporadita.”
La lluvia en Galicia no es meteorología,
es una relación tóxica de toda la vida.
Siempre vuelve.
Siempre promete que será la última vez.
Y tú, como un idiota optimista, le crees.
Sales de casa y dices:
—“Bah, no hace falta paraguas.”
ERROR.
Primer error del día.
El segundo será pensar que los zapatos se secan solos.
Porque aquí no llueve fuerte.
Aquí llueve con intención.
Es una lluvia persistente, psicológica, de desgaste.
No te empapa el cuerpo,
te moja la voluntad.
Y encima la lluvia gallega no tiene horario.
Llueve de día, de noche, los domingos,
cuando tiendes la ropa,
cuando lavas el coche,
cuando decides “hoy voy a caminar”.
Y atención:
cuando un gallego dice “parece que abre”,
significa que va a llover con más ganas.
Aquí el tiempo no se mira en una app.
La app miente.
Siempre.
Aquí el tiempo se mira en:
el lomo de la espalda
la rodilla
y el cuñado
Porque el cuñado siempre sabe más:
—“Eso no es nada, en el 98 llovía peor.”
En Galicia la humedad no está en el ambiente,
está en el ADN.
Por eso aquí:
el pan se pone duro en 4 minutos
los armarios huelen a infancia
y las paredes sudan más que tú subiendo una cuesta
Y claro, nos adaptamos.
El gallego no corre cuando llueve.
Camina igual.
Porque ¿para qué?
Si vas a llegar mojado con dignidad.
Los paraguas aquí son decorativos.
Se rompen.
Se dan la vuelta.
Se pierden misteriosamente en los bares.
Como si el paraguas supiera que no sirve para nada.
Y luego está el sol.
Ese concepto teórico.
Ese rumor.
Ese invitado que aparece sin avisar y provoca pánico:
—“¡El sol! ¡Saca la ropa! ¡Corre!”
Cinco minutos después:
—“¿Dónde está la ropa?”
—“En la lavadora otra vez.”
Pero aun así…
AUN ASÍ…
Amamos esta lluvia.
Porque cuando sales fuera y llueve,
dices:
—“Esto no es lluvia.”
Porque aquí la lluvia no es enemiga.
Es compañera.
Te acompaña al café,
a la caña,
al paseo que no ibas a dar.
La lluvia en Galicia justifica llegar tarde,
no salir,
quedarte más rato,
y tomarte otra.
Es la excusa perfecta para todo.
Y el gallego ama una buena excusa.
Así que sí, llueve.
Mucho.
Siempre.
Pero gracias a eso somos como somos:
duros
irónicos
expertos en aguantar
y con el alma un poco húmeda…
pero caliente.
Porque en Galicia, aunque llueva fuera,
el carácter ya viene impermeable de serie
Vivimos como si la vida nunca fuese suficiente. Corremos para producir, para demostrar, para no perder terreno. Pero el Evangelio nos enseña que saber detenerse es un gesto de confianza que tenemos que aprender a realizar. La vida no depende siempre de lo que hacemos, sino también de cómo sabemos despedirnos de cuanto hemos podido hacer. #AudienciaGeneral
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Al alba del 18 de agosto de 1936 fusilaron a Federico García Lorca por 'comunista, homosexual y masón'.
El fascista que le asesinó dijo: 'le metí dos tiros en el culo por maricón'.
89 años después sus restos aún se buscan y los del fascismo que le mató aún se votan.
A los gallegos es mejor no venirnos con el cuento de que cuando en España se amigraba, se hacía ordenadamente y con contratos de trabajo: en todas nuestras familias hay abuelos y bisabuelas que se colaron en barcos a América o llegaron a Alemania y Suiza de cualquier manera
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