La NASA acaba de anunciar que en Bennu —un pedazo de roca tan viejo que podría burlarse de cualquier dios— encontraron todos los componentes del ARN. No algunos. Todos.
Primero aparecieron las nucleobases, esas piezas fundacionales que ya Antonio Lazcano habría celebrado como quien encuentra huellas fósiles en un desierto silencioso. Y ahora se suman azúcares como ribosa y fructosa, el armazón mismo que sostiene la molécula que antecedió al ADN y nos dio la primera chispa de continuidad.
Es un golpe directo al pecho: la vida, o al menos su química, no fue un accidente exclusivo de la Tierra. Estaba allá afuera, dispersa como semillas en un universo oscuro y paciente, esperando caer sobre un planeta con suficiente agua, suficiente tiempo, suficiente calma para empezar su lento oficio de organizarse.
Y mientras yo trato de entender mis propias rutinas, allá afuera la naturaleza nos recuerda —como diría Lazcano en una de sus clases— que somos el eco de procesos tan antiguos que ninguna mitología alcanza. Que la vida es tenaz, testaruda y profundamente cosmopolita.
Una noticia histórica, sí.
Pero sobre todo, un recordatorio de que venimos de lejos.
Mucho más lejos de lo que solemos admitir.
En mi casa consideramos la animación de Shin-Chan de las mejores que hay y ‘Los adultos contraatacan’ una obra maestra incontestable a la altura de los clásicos del cine más venerados. Y punto.
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El programa de @La_SER que presenta Àngels Barceló se emitirá desde el Gran Teatro el viernes 13 de diciembre (desde las 7:30 horas)
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