Se decidieron y por fin llegó el día de reunirse con el que será su corneador. Ya tomaron unas copas y bailó con tu esposa restregando eróticamente sus cuerpos.
En distintos momentos te pasó por la mente arrepentirte y cancelarlo todo, es difícil verla disfrutar con un hombre tan superior a ti.
De pronto ves que ya le está toqueteando la pucha con lujuria. Su cara descompuesta de placer te hace entender que no hay vuelta atrás, que en ese momento solo desea sentir en su húmeda vagina la gruesa verga de un hombre de verdad.