Mi silencio no es indiferencia, es cansancio. Porque si dejo de hablar, de explicar, de intentar entender, es porque ya agoté todas las palabras. Y cuando yo, que siempre busco resolver, me callo, algo muy dentro ya se rompió.
La responsabilidad afectiva no es solo evitar herir, es entender que todo lo que haces, lo que dices, lo que callas, cómo actúas, deja huella en la mente y el corazón del otro.
No se trata de prometer, sino de ser consciente de lo que generas.