En febrero de 1979 viajé al Uruguay para ver el Sudamericano que clasificaba para el Mundial juvenil en Japón. Lo ganó Uruguay. Nosotros, con Maradona y Ramón Díaz, segundos. Allí, en los partidos en el Centenario, en las calles, en el programa Hora 25 por Radio Oriental que dirigía Víctor Hugo Morales (nos pegaba con todo), pude percibir el odio antiargentino extremo que se profesa en Uruguay, acumulado desde la secesión de Artigas en los tiempos de la Asamblea del Año XIII. Nos vengamos en Japón, sin duda, del hecho deportivo. Pero quedé muy dañado porque no existe a la inversa un odio argentino recíproco hacia la República Oriental del Uruguay. Esta repulsión uruguaya contra Argentina, aunque disimulada bastante en trato diario, en la realidad supera muchas veces a la chilena contra nosotros (éstos por la envidia que sienten hacia San Martín que los liberó en Chacabuco y Maipú). Uruguay y Chile tienen sentimientos más antiargentinos que Brasil, lamentablemente. Pero nosotros, los argentinos, no odiamos, Somos pro-todos y anti-nadie. Desde estas columnas, llamo a los uruguayos a la reflexión para cesar con sus inclinaciones antiargentinas que arrastran cultural e irracionalmente desde el Segundo Triunvirato de Buenos Aires.
Exagerada llame a la emergencia por algo del humanito. Llame 5:30, estamos en aprontes para dormir y no han aparecido… así que confirmo que soy una exagerada
Unless I’m working in an ER, working as a paramedic, or working as a firefighter, there’s no reason I should be expected to “thrive in a fast-paced, high-pressure environment.” Just fix the terrible management and stop running your office like a circus.