¿Algo se quebró entre esta Selección y el Pueblo?
Sí, pareciera que sí. La sensación es que algo profundo se rompió. Muchos colombianos hoy quieren su pronta eliminación en el Mundial.
Pareciera que el idilio ciego se terminó, y no por culpa del balón, sino por el descarado manoseo de una clase política que descubrió en el fútbol su mejor tarima de propaganda. Muchos hinchas hoy prefieren la eliminación a validar el show político con la camiseta de Colombia.
La culpa de esta ruptura la tienen los políticos que se han encargado de polarizar y arrastrar a los jugadores a la miseria de sus propias disputas.
Esas miradas de odio y absoluto rechazo que irradiaban futbolistas como Luis Díaz o James Rodríguez mientras Gustavo Petro les hablaba. Por eso el presidente les dijo que “dejaran tanta soberbia”.
La extrema derecha arrastró al fútbol a sus feudos; como cuando Yerry Mina y otros jugadores terminaron metidos en El Ubérrimo, prestándose para ser burlados en una demostración ecuestre.
La clase política se ha dedicado a parcelar la Selección, convirtiendo a los futbolistas en trofeos de guerra. Los dividieron frente al país y transformaron la camiseta en un uniforme de partido político.
El resultado de esa manipulación es la náusea colectiva. Desear el fracaso prematuro es una forma que encontró el pueblo para quitarle el micrófono a los oportunistas del poder.
Que eliminen a Colombia en primera ronda no es ninguna tragedia. Es lo normal. Pero que gane Espriella si sería la debacle.
A fin de cuentas, la política logró su cometido más miserable: romper el único refugio donde los colombianos no nos odiábamos. O por lo menos, no nos odiábamos tanto.
#Bandalos
El gobierno más corrupto de este siglo es el que mató hasta 6.402 jóvenes haciéndolos pasar por guerrilleros, mientras eran simplemente jóvenes de barrio sin empleo.
El gobierno más corrupto de la historia es el que dejó perder decenas de billones de pesos de la salud, esfumados en las manos de los propietarios de las EPS como intermediarios financieros de la salud. Corrupto el que financierizó los derechos fundamentales del pueblo como la salud o las pensiones.
De esos gobiernos de verdad corruptos, hasta llegar al crímen contra la humanidad, hizo parte Alejandro Gaviria, y nunca dijo que fueran corruptos, pero como no supo estar a la altura de los cambios que necesitaba Colombia, no entendió el papel que podía cumplir, que era el del reconocimiento del fin del neoliberalismo y el comienzo de la construcción de una nueva política y teoría económica, que debe poner en prioridad la elevación del intelecto general de la sociedad como motor del crecimiento y de la productividad, en una nueva economía que empiece por utilizar solo energías limpias y aumente la capacidad no solo cerebral sino computacional, para desatar un verdadero crecimiento económico en equilibrio con la naturaleza, nada entendió el profesor uniandino de Chapinero alto, de estas realidades económicas y políticas que hemos vivido, y por eso llama corruto al gobierno del cambio con el megáfono que le presta el banquero más adinerado de Colombia, solo un escrito para que ayude a que los tiempos de la Colombia donde reinaba la muerte, vuelvan
Un andino educado en los EEUU, bajo una teoría económica que no era más que matemática alucinada y sin base científica, es coautor del modelo neoliberal que soñaba haciendo de los derechos fundamentales: mercados, mientras los paramilitares que gobernaban a su lado se llenaban los bolsillos de dinero extraídos de la cocaína, mientras asesinaban, con descuartizamiento incluído, 200.000 colombianos, y centenares eran llevados a hornos crematorios, y decenas de miles a las fosas comunes, mientras habían convertido las EPS, el sistema de salud, en cajas del paramilitarismo para matar colombianos y no para curarlos.
Nunca entendió el uniandino economista la realidad económica de Colombia y mucho menos entendió la Colombia hermosa ensangrentada.
@AcueductoBogota@NaranjoNata1 Así es, que sean serios y expliquen a la ciudadanía qué es lo que está pasando. Porque la excusa de las válvulas nadie la cree