Llevan toda la campaña diciendo que Cepeda es guerrillero sin una sola prueba y sin ir a denunciarlo (básicamente por que es falso). Hoy Cepeda denuncia oficialmente a De La Espriella, sin titubeos, porque sabe que puede probarlo. Allí, gente, está la diferencia entre la propaganda y la verdad.
siento que abelardo de la espriella es el candidato más peligroso de la historia reciente del país y hay gente que piensa que simplemente es el menor de dos males. increíble.
Nunca voy a entender por qué la derecha se apropia de Jesús, cuando Jesús no defendió privilegios ni poderes establecidos. Estuvo del lado de los pobres, los marginados y los señalados; criticó la riqueza indiferente y puso la dignidad por encima de todo!
Que un candidato mitómano, clasista, racista, machista, misógino, aporofóbico, defensor de narcos, que habla de destruir páramos y presume que su verga le ganó votos femeninos, haya sacado más de 10m de votos, no habla de él. Habla del fracaso educativo y moral de este país.
Ya lo dijo su esposa: si Abelardo De La Espriella pierde, no pasa nada, por que se devuelven a su villa en Italia y a sus viñedos. Si gana, le va a tocar quedarse a gobernar esta marranera. Abelardo detesta el país que quiere gobernar.
Si algo le tengo que reconocer a Abelardo, es ser el mejor engaña bobos de los últimos años.
Entendió que el colombiano vota con las vísceras, y que ni las propuestas, ni la experiencia, ni la gobernabilidad, ni la ética convencen más que el odio.
que hoy las mujeres podamos votar, divorciarnos, abortar, trabajar y ser independientes es gracias a décadas de lucha social y políticas de izquierdas. Porque, si hubiera sido por la derecha, seguiríamos reducidas a máquinas reproductoras, sin voz ni voto.
Decir que “no podemos opinar porque no somos venezolanos” no es un argumento: es una falacia ad hominem circunstancial. No refuta ideas, solo intenta descalificar al interlocutor por su origen.
Cuando países vecinos hemos tenido que crear políticas públicas por la migración venezolana, compartir miles de kilómetros de frontera, relaciones comerciales, impactos fiscales, sociales y de seguridad, es imposible, e irresponsable, no opinar.
No se trata de “meterse donde no llaman”, sino de un deber político y ciudadano: informarnos, analizar y opinar sobre un fenómeno que nos afecta directamente y que puede tener repercusiones regionales, incluso para quienes creen que es un asunto “interno”.
Opinar también nace del legítimo temor de ser las siguientes víctimas del autoritarismo y del colapso institucional. América Latina es un sistema interconectado, no islas aisladas.
Y un recordatorio necesario: Venezuela no es el centro del mundo. No es el único país que habita América Latina ni el único con derecho a voz. Lo que pasa allí impacta a toda la región, y por eso la región opina.