la gente (hombres) criticándola porque da asco y yo solo puedo pensar que esta gigachad se ha hecho 8km mientras sangraba la matanza de texas pfff tiene un coño de aquí a logroño
Estamos dejando morir la sanidad pública.
La estamos dejando morir despacio,
sin ruido de sirenas,
sin titulares que duelan lo suficiente.
La dejamos morir en listas de espera eternas,
en consultas de cinco minutos,
en profesionales exhaustos que ya no pueden más
aunque quieran darlo todo.
La sanidad pública no cayó del cielo.
No fue un regalo.
Fue una conquista.
Costó décadas de lucha, de acuerdos, de impuestos compartidos,
de la idea radical de que la salud no es un lujo,
sino un derecho.
Que enfermar no debería significar arruinarse.
Que nacer pobre no debería condenarte a morir antes.
Y sin embargo hoy la tratamos como algo prescindible.
Como si fuera un gasto molesto
y no una inversión en dignidad.
Yo llevo más de media vida enferma.
He visto la sanidad desde dentro,
desde la camilla, desde la bata abierta por detrás,
desde el miedo antes de una prueba,
desde el alivio cuando alguien te mira a los ojos
y te cree.
Y lo digo claro: así como está ahora, es deplorable.
No por su gente. (Hay de todo, cómo en todos lados)
Nunca por su gente.
Porque hay médicas, enfermeros, auxiliares, celadores, técnicos
que siguen tirando del carro con el cuerpo roto.
Que se saltan descansos.
Que cargan con más pacientes de los que pueden atender dignamente.
Que se van a casa con culpa por no haber llegado a todo.
Gente competente, vocacional, humana…
a la que el sistema está asfixiando.
No es que no quieran.
Es que no les dejan.
Un sistema diseñado para aguantar lo justo,
para parchear en lugar de cuidar,
para empujar a quien puede a la privada
y abandonar a quien no.
Un sistema que normaliza el colapso
y llama “incidencia puntual”
a lo que ya es estructural.
Mientras tanto, los enfermos aprendemos a esperar.
A esperar citas.
Resultados.
Derivaciones.
Respuestas.
A esperar incluso cuando el cuerpo ya no puede esperar más.
Y lo más peligroso de todo
es que nos estamos acostumbrando.
A que funcione mal.
A que duela.
A que falle.
Pero la sanidad pública es uno de los últimos lugares
donde aún somos iguales.
Donde tu cuenta bancaria no debería decidir
si te salvas o no.
Dejarla caer es romper el pacto más básico de una sociedad:
cuidarnos.
Defenderla no es ideología.
Es supervivencia.
Es memoria.
Es respeto a todo lo que costó construirla
y a toda la gente que hoy sigue sosteniéndola con las manos desnudas.
Yo no hablo desde un despacho.
Hablo desde un cuerpo enfermo
que necesita una sanidad pública fuerte para vivir.
Y como yo, millones.
No la dejemos morir.
Porque cuando muera del todo,
no podremos curar
la herida social que quedará.
Noah Higón @GVAsanitat@sanidadgob #EnfermedadesRaras
Alguien me dijo ayer que cuando se siente nervioso por probar algo nuevo y su corazón comienza a latir muy rápido, lo llama su “aplauso interno” porque su cuerpo lo está animando, y creo que ese es el mejor ajuste narrativo de la historia.
No andas horny porque “estas ovulando”, puede que estés horny porque andas “folicular”. Vamos a darle una revisada a las fases del ciclo menstrual, y los cambios durante cada fase.
Normalicemos saber que hay decisiones correctas que nos van a romper el corazón, que hacer las cosas bien requiere muchísima más valentía que hacerlas mal, que empezar de cero da pánico, que da miedo arriesgarnos pero siempre, ser valiente y buena persona tiene su recompensa.
a medida q crezco me doy cuenta de q la forma más pura del amor es la consideración. Cuando alguien protege tu paz sin q se lo pidas, piensa en cómo te harían sentir las cosas, te tiene en cuenta al tomar decisiones q podrían afectarte. El amor está en cuánto nos tienen en cuenta
os habéis puesto a pensar que cuando pides 1/2 pollo asado estás compartiendo la otra mitad con un desconocido?? tal vez nunca os conozcáis pero estáis comiendo el mismo pollo, a esto lo llamo el hilo del pollo