¡DERECHO A LA VIDA!
¿Qué es el amor?
El último beso de un lobito a su madre, la ternura y la inocencia aniquilada sin piedad
Nacer lobo y ser condenado a quedar huérfano
En Asturias y Cantabria se criminaliza al lobo ibérico y se defiende el negocio de la caza
#LoboProtegido
Da igual cuantas veces o de cuantas formas distintas le expliques algo a una persona que no está dispuesta a entenderte. La comprensión también depende de empatía y voluntad.
En España los autónomos pagan al mes 294€.
En Inglaterra la cuota es de 14€.
En Irlanda pagas el 5% de lo que ganas.
En Alemania si no ingresas más de 1.700€ al mes no pagas.
En Portugal pagas O€ y sin IVA..
No normalices el brutal saqueo del infierno fiscal español.
(Desconozco el autor).
Que Mariano Barbacid tenga que andar de plató en plató mendigando fondos después de lograr que el 90% de sus ratones queden libres de cáncer de páncreas —sin rastro del tumor y sin que se les caiga el pelo en el proceso— es para que se nos caiga la cara de vergüenza.
En un mundo con un mínimo de sentido común, deberían estar cayéndole billetes del cielo, pero aquí estamos, viendo cómo el sistema prefiere mirar hacia otro lado.
Conviene recordar, por si hay algún despistado que Barbacid no es un aficionado con un microscopio.
Su prestigio es global; en oncología, su nombre pesa tanto como el de cualquier Nobel.
En este gremio, la importancia se mide por el índice h, y el suyo es de 117. Si 60 ya es excelencia, superar los 100 significa que básicamente tú pones los ladrillos sobre los que se construye toda la investigación oncológica moderna.
Resulta incomprensible.
Hablamos de una enfermedad con medio millón de diagnósticos anuales en el mundo y diez mil en España.
Es uno de esos tumores tercos cuya mortalidad se ha negado a bajar en décadas y que, amenaza con escalar al podio de las principales causas de muerte por cáncer.
Con este panorama, que una eminencia nacional tenga que hacer una gira mediática para pedir financiación es, cuanto menos, una señal de que algo está muy podrido.
El drama de Barbacid es el ejemplo de libro para entender por qué la investigación pública es vital y por qué las farmacéuticas a veces parecen más interesadas en el Excel que en la salud.
El problema tiene dos nombres: patentes y genéricos.
El tratamiento propuesto por Barbacid, es un cóctel de tres fármacos, y ahí empieza el vía crucis.
Algunos compuestos ya existen o están a punto de perder la patente.
Y claro, ninguna farmacéutica va a poner 30 millones sobre la mesa si no puede blindarse el mercado.
Si la terapia acaba siendo barata y accesible como un genérico, a la industria no le salen las cuentas.
Para más inri, el cóctel mezcla fármacos de distintas compañías.
Coordinarlos implica que compartan secretos industriales y decidan quién se queda con la tajada más grande.
¿El resultado?
Un infierno burocrático donde los egos y los intereses comerciales pesan más que las vidas.
Por eso Barbacid pide un ensayo académico independiente: si el dinero es público, el control es de los científicos y el objetivo es que funcione, no que encaje en una estrategia de márgenes de beneficio.
El cáncer de páncreas es, hablando en plata, un "mal negocio".
Durante años, la industria lo ha evitado porque los pacientes morían demasiado rápido.
Cruel, pero real: no hay rentabilidad en tratamientos cortos. Las farmacéuticas prefieren llegar cuando el camino está asfaltado y el éxito garantizado.
Barbacid intenta que un avance histórico no termine cogiendo polvo en un cajón solo porque no es lo suficientemente "atractivo" para el mercado.
Así que, si Barbacid pide algo, el Gobierno debería dejar de marear la perdiz. No es un capricho. Esos 30 millones de euros son calderilla comparado con cualquier otra tontería en la que el Estado decide dilapidar el presupuesto cada hora.
Por cierto, me viene a la mente el caso de Steve Jobs, ese genio que, irónicamente, se pasó de listo.
Suele confundirse que murió del cáncer que investiga Barbacid, pero no es cierto.
Jobs tuvo la "suerte" de sufrir un tumor neuroendocrino, mucho menos agresivo que el adenocarcinoma común.
Tenía un cáncer operable y curable, pero decidió que era mejor idea intentar sanar con dietas de frutas, acupuntura y zumos.
Retrasó la cirugía nueve meses y, para cuando quiso volver a la ciencia, el tumor ya se había ido de turismo por su hígado.
Gastó millones en secuenciación de ADN y trasplantes experimentales, pero el tiempo perdido en pseudociencias no se compra con dinero.
Jobs tenía el cáncer "bueno" y su soberbia lo mató.
Barbacid lucha contra el "malo", ese que no te da nueve meses de margen para tontear con batidos verdes.
Si Jobs hubiera tenido el tumor que investiga Mariano, no habría durado ni un año, 20 años después de su muerte las previsiones son las mismas.
Así que, por favor, dejen de racanearle el dinero a quien de verdad sabe qué hacer con él.
Sí, es una medida muy socialista. Y qué. Cuando el capitalismo no está por la labor —porque no ve patentes, ni rentabilidad rápida, ni un mercado “bonito”— solo queda el Estado.
No para sustituir a la ciencia, sino para hacer posible que exista. La investigación que salva vidas no puede depender exclusivamente de si encaja o no en un plan de negocio.
Si el mercado decide que el cáncer de páncreas no es rentable, entonces la respuesta no puede ser encogerse de hombros.
Tiene que ser dinero público, sin complejos, para que los avances no mueran antes que los pacientes. Esto no va de ideología: va de decidir si un país quiere ser espectador… o responsable.
🚨🚨EL VÍDEO MÁS PODEROSO QUE VERÁS HOY.
HA QUEDADO DEMOSTRADO⚠️
PFIZ€R NEGOCIÓ en secreto con Von der Leyen la venta de 80.000.000.000 dosis para la UE, 178 vacunas por cada europeo.
'La vacuna nunca fue aprobada para prevenir la transmisión'
'Con el pasaporte C0VID, solo se pretendió obligar a las personas para que se inocularan'
El FRAUDE y ENGAÑO sin PRECEDENTES en la historia de la humanidad concida 😳👇🔥
-Óscar Puente: “He encargado a mi equipo que me cojan todas las columnas de opinión en la que se me insulta…
-Alsina: “¿Y qué utilidad tiene ese trabajo para los ciudadanos?”
Hay un apagón general, pero el Gobierno no tiene nada que ver.
Descarrilan trenes, pero el Gobierno no tiene nada que ver.
No hay viviendas, pero el Gobierno no tiene nada que ver.
El trabajo es precario, pero el Gobierno no tiene nada que ver.
Pagamos la mitad de lo que ganamos en impuestos que no ven compensado ese gasto en infraestructuras y servicios, pero el Gobierno no tiene nada que ver.
Convirtiéndonos a una velocidad de vértigo en tercer mundo.
Qué ganas de que existan gestores competentes. Que lleven la camiseta del color que quieran, pero que hagan de este potencial paraíso un lugar donde uno no viva temblando por qué va a ser lo siguiente.
🚨 Suiza confirma que Maduro envió 127 TONELADAS DE ORO a Suiza durante 5 años. En secreto. Para hacerse una idea, el Imperio Español extrajo 180 toneladas en los 3 siglos que dominó el territorio americano... ahora ya sabes quién debe devolver el oro robado a Sudamérica.
Sanidad española admite que la vacuna tenía graves efectos secundarios como la miocarditis, y con efecto de causalidad. Según ellos, hubo consentimiento informado, no hubo coacciones, y todo fue voluntario. Y si no sabías de los riesgos, es tu problema, y ellos se desentienden.
Una de las principales cosas que han cambiado desde mi infancia a la infancia de mis hijos es que nosotros, los de la generación que estamos en trance de cumplir los cincuenta, sabíamos perfectamente lo que queríamos el día de Reyes. Había mucho donde elegir y los días previos a la noche mágica nos las pasábamos devanándonos los sesos seleccionando entre nuestro interminable elenco de deseos. Mis hijos, en cambio, no saben qué pedir, y en el fondo esperan que los Reyes lo sepan mejor que ellos. Por una parte, porque ya lo tienen todo o, al menos, porque desde pequeños han tenido la mayoría de cosas que deseaban. Por otra parte, porque lo único que aún podrían desear, que es ese móvil que promete y concentra todos los placeres imaginables, saben que aún les está vedado.
En consecuencia, la carta a los Reyes Magos se ha ido adelgazando hasta convertirse en un ejercicio de vaguedad calculada, una enumeración tímida de cosas que no les comprometen. Mi hijo este año, por ejemplo, ha pedido "un tiburón, un coche y una pista". Así. En crudo. Y es que donde antes había debates sobre la conveniencia de pedir un Scalextric o el castillo de Greyskull, hoy se tira más del encogimientos de hombros y de una suerte de Dios proveerá. No es que mis hijos no deseen más de lo que tienen, pero el deseo de tenerlo, tal y como nosotros lo conocimos, se ha vuelto más débil y difuso.
Nosotros deseábamos objetos concretos porque los objetos eran más escasos y, por tanto, más valiosos. Cada juguete era una promesa de mundos enteros, una aventura que empezaba la noche del 5 de enero y se podía prolongar durante meses. Había una pedagogía de la espera que nos enseñaba a elegir, a renunciar, y a apostar todo a una sola carta. Nunca mejor dicho. Sabíamos que los Reyes no podían traerlo todo, y precisamente por eso cada elección importaba y se debatía durante semanas enteras con padres, hermanos y amigos.
Nuestros hijos, en cambio, viven en un presente continuo donde casi todo está disponible de inmediato. El juguete pierde su aura porque saben que es sustituible, que no es único, y que mañana habrá otro parecido o aún mejor. La magia, la verdadera magia, ya apenas radica más que en una pequeña pantalla, en un objeto tan maravilloso y extraordinario que ni siquiera les puede ser concedido por los más poderosos magos de Oriente.