Mientras desde el antimadridismo se intenta crear una cacería entorno a Bellingham, la realidad es que una vez más los nazis del Atlético de Madrid volvieron a protagonizar un episodio de racismo.
Primero fueron los gritos de mono, el siguiente derbi un muñeco colgado de un puente y ahora atacar a una pobre niña.
Y desde todos los estamentos del fútbol se sigue tapando este grupo radical que tiene hasta poder decisión en un club.