@LethalCrysis Lethal, sé que es difícil no prestar atención a este tipo de ataques que te hacen por tu publicación, pero como Venezolano te puedo asegurar que nosotros, los de bien, estamos muy agradecidos por tus buenos deseos y por siempre estar pendiente de nosotros. Mil gracias por todo 🇻🇪
@hilbash Típico. La gente de otros países quieren enseñarnos a los Venezolanos y a los hermanos Cubanos como es nuestra vida. Siempre recuerda, ellos tienen la razón aunque no vivan esa realidad.
@eltemagv La derecha siempre usa la violencia para conseguir lo que no puede conquistar democráticamente...
Asqueado que todos estos mal nacidos de la izquierda mundial le quieran decir a todo el mundo, pero sobretodo a nosotros mismos como se vive en Venezuela.
Aunque sea obvio —y duele precisamente porque lo es—, el “día después” no terminará con la purga ni con la restauración del honor. Vendrá el tercer acto, el más difícil y el más hermoso: aprender a ser libres. Y responsables de nuestra libertad**.
Porque la tercera virtud que debemos rescatar del olvido es precisamente la libertad, no la caricatura de libertinaje que nos vendieron durante décadas, sino la libertad adulta, con reglas, con costos y con consecuencias.
Y aquí, estimado lector, nos toparemos con los dos grandes retos que harán tambalear a más de uno:
Reto 1 – Aprender a elegir entre 10 candidatos sin que nos dé un infarto colectivoEl venezolano del siglo XXI está acostumbrado a la polarización de caricatura: o el mesías rojo o el “fascista” de turno. Dos opciones, dos demonios, cero matices. Pero en democracia real no hay dos candidatos: hay ocho, diez, veintitrés. Habrá liberales clásicos, conservadores cristianos, socialdemócratas decentes, centroderecha meritocrático, ecologistas serios, nacionalistas moderados y hasta algún loco pintoresco que sacará 0,3 %.
Habrá dos vueltas, coaliciones, negociaciones y, sí, también traiciones y desencantos. Y el venezolano tendrá que aprender —por las malas, si es necesario— que unir el voto contra la izquierda no significa votar por el que más grita ni por el que más promete. Significa leer programas, comparar trayectorias, entender que puedes estar de acuerdo en el 70 % con un candidato y en el 30 % con otro, y aun así elegir con la cabeza fría.
Significa aceptar que tu candidato favorito puede perder en primera vuelta y que, para sacar al comunismo del poder, tendrás que votar en segunda por alguien que no te enamora pero que no te robará la patria. Eso es libertad: tener opciones reales y asumir la responsabilidad de escoger la menos mala cuando sea necesario. No la ausencia de opciones, sino la abundancia de ellas.
Reto 2 – Entender que libertad no es anarquía, sino ley y orden asumidos con madurezNos han vendido durante 26 años que “libertad” es hacer lo que te da la gana: colarte en la cola, botar basura en la calle, construir en la acera, evadir impuestos “porque el Estado es ladrón”, quemar cauchos cuando te provoca.
Error garrafal.
Libertad verdadera es lo contrario: es vivir sabiendo que tus derechos terminan donde empiezan los del otro, y que la única forma de que nadie te quite tus derechos es que nadie pueda violar la ley impunemente. El día después tendremos que aprender, a la fuerza si hace falta, que:
La libertad de expresión no incluye el derecho a bloquear carreteras ni a amenazar de muerte en redes.
La libertad de empresa no incluye vender arroz podrido ni evadir impuestos “porque todos lo hacen”.
La libertad de propiedad no incluye invadir terrenos ajenos “porque el gobierno lo permitió antes”.
La libertad de reunión no incluye tomar una universidad por meses ni quemar autobuses.
Y que para gozar de esas libertades habrá que pagar el precio: impuestos justos, reglas en las playas, colas sin colados, policía que te multa si te pasas el alto (aunque seas diputado), jueces que te meten preso si robas, aunque seas general retirado.
Porque la generación del 98 —esa que dejó ganar a Chávez por 4 millones de abstenciones frente a sus 3,6 millones de votos efectivos— creyó que la libertad era no votar, no comprometerse, no ensuciarse las manos. Y nos costó 26 años de miseria.
La nueva generación no puede repetir el error. La libertad tiene costo: estudiar candidatos, ir a votar aunque llueva, aceptar el resultado aunque duela, pagar impuestos aunque joda, respetar la ley aunque nadie te vea. Esa es la única libertad que vale la pena: la sangre que derramamos para recuperarla.
El día después no será una fiesta sin reglas. Será una fiesta con muchísimos invitados, música distinta en cada esquina y un solo acuerdo sagrado: aquí mandan las reglas que todos aceptamos, no el que grita más fuerte ni el que reparte más billeticos.
Porque la vergüenza nos limpió la casa. El honor nos hizo caminar erguidos. Y la libertad —la de verdad, la que cuesta— nos hará, por fin, un país de ciudadanos y no de súbditos.
Venezuela no necesita más caudillos que “nos den” libertad. Necesita hombres y mujeres que sepan ejercerla sin que les tiemble el pulso: ese verdadero Venezolano patriota, cuya figura nos hicieron odiar.
Y eso empieza el día que dejemos de esperar que otro lo haga por nosotros.
A mí lo que me arrecha, lo que de verdad me vuela la cabeza, es ver a extranjeros marchando con mi bandera como si tuvieran la menor idea de lo que significa vivir bajo ese régimen asesino.
¿Dónde estaban cuando al pueblo venezolano lo mataban en las calles?
¿Dónde estaban cuando secuestraban, torturaban y tiraban bombas a las casas de gente inocente?
¿Dónde estaban cuando se DEMOSTRÓ que robaron las elecciones y se confirmó lo que todos sabíamos: que Venezuela cayó en una dictadura criminal?
Ah, pero ahora sí aparecen… ahora sí “defienden” una paz en Venezuela en nombre de una ideología que destruyó a mi país.
¡Hipócritas!
Porque es MUY fácil apoyar una dictadura cuando tú no eres el que tiene que vivir sin agua, sin luz, sin comida, sin medicinas, sin seguridad, sin libertad.
Es muy fácil hablar desde afuera cuando no eres tú el que tuvo que ver a tu familia irse, o cruzar fronteras a pie, o enterrar a alguien porque no había insumos médicos.
Ningún extranjero tiene derecho a usar MI bandera para lavarle la cara a un narco, a un dictador, a un proyecto ideológico que destrozó a un país entero.
Eso no es solidaridad.
Eso no es política.
Eso es una falta de respeto al dolor de millones.
Y no lo voy a romantizar:
Lo que pasó en Venezuela fue peor que un experimento fallido; fue una tragedia histórica.
Y por eso duele ver a ignorantes jugando a la revolución con una bandera que NO es de ellos, y con un sufrimiento que NUNCA vivieron.
Mi bandera no es un accesorio político.
Mi bandera no es para justificar asesinos.
Mi bandera es de mi gente, de mi tierra y de una lucha que los de afuera jamás van a entender.