Crecí y entendí que no todo el mundo tiene las mismas intenciones que yo. Que no todos cuidan como yo cuido, ni valoran como yo valoro. Y aceptar eso ha sido una de las lecciones más incómodas, pero también más necesarias.
Nunca me sentí tan mal emocionalmente como me estoy sintiendo últimamente y si me preguntan cuál es el motivo, les juro que no lo sé, es una acumulación de cosas que me preocupan y estoy cansada de fingir que todo está bien, cuando lo único que quiero es llorar.