Los tiempos de Dios no sólo son perfectos: son justos, sabios y siempre llegan cuando el corazón está listo para agradecer lo que un día pidió llorando
No me cansaré de decirlo. Evita hablar de tu relación, de tu trabajo, de tus proyectos, de tus finanzas. Si todo va bien, solo agradece a Dios. No des pistas a tus enemigos. No todo el que te escucha le importas, solo está recogiendo información. Cuídate de la envidia.
He aprendido que cuando alguien te quiere de verdad y te es leal, siempre aparecerá quien intente sembrar duda o división. Por eso le pido a Dios que me dé luz para reconocer a quienes están con uno de corazón, y fuerza para cuidar esas lealtades que valen oro. Porque los verdaderos no se cambian, se honran.
Y a veces la lealtad no se rompe, se defiende.