El lunes 24 de marzo de 1980, el arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero fue asesinado de un disparo en el pecho mientras celebraba una homilía en la capilla del hospital La Divina Providencia, en San Salvador. Su muerte, según fuentes oficiales, se debió a sus constantes denuncias contra la dictadura militar de extrema derecha que gobernaba El Salvador en esos años y a su defensa de los pobres y los derechos humanos.
El día anterior, durante la misa del domingo 23 de marzo, Monseñor Romero dirigió un mensaje firme a los militares, pidiéndoles que detuvieran la represión contra los campesinos:
“Yo quisiera hacer un llamamiento a los hombres del ejército y la policía. Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos. Ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: ‘No matar’. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios”.
Al día siguiente, un suboficial de la Guardia Nacional le disparó desde un vehículo frente a la puerta de la capilla.
Poco después de este crimen, Rubén Blades escribió ‘El Padre Antonio y el Monaguillo Andrés’ en homenaje a Monseñor Romero y la grabó con su banda Seis del Solar para el álbum ‘Buscando América’, publicado en 1984 bajo el sello Elektra Records. Treinta y ocho años después de su asesinato, Monseñor Óscar Arnulfo Romero fue canonizado y declarado santo por el Papa Francisco el 14 de octubre de 2018, sellando así un legado que trascendió la violencia para convertirse en símbolo de fe, justicia y memoria.
Para un hijo, dar un discurso de despedida es muy duro. Para los interesados, este fue el emotivo mensaje que uno de los hijos de Willie Colón dedicó a su padre:
Durante gran parte del siglo XX, la musicología académica decidió ignorar la música popular. La llamada ‘ciencia’ dividía el universo sonoro únicamente entre música docta, es decir, música académica enseñada en conservatorios, y música folclórica, dejando por fuera todo aquello que no encajara en esas categorías, no por falta de valor artístico, sino por puro prejuicio. La música popular quedó relegada, invisibilizada y desestimada como objeto de estudio serio.
La música docta se validaba porque tenía partitura, complejidad técnica y se enseñaba en escuelas superiores, esa sofisticación la convertía en ‘arte’. La música folclórica, en cambio, se legitimaba por ser ‘pura’, rural, anónima y representar la esencia de una nación, era el objeto de estudio antropológico. En muchos espacios académicos se enseñaba que sólo la tradición europea merecía análisis riguroso; si no estaba escrita en una partitura compleja, simplemente no era música. Se podía dedicar toda una vida a analizar un manuscrito del siglo XVIII, pero estudiar un bolero o un tango era visto como una pérdida de tiempo, algo poco científico.
Desde revistas especializadas y libros se reforzó la idea de que la música popular era apenas un producto para vender, comparable a un jabón o un par de zapatos, carente de espíritu o profundidad artística. La lógica era clara: si una canción sonaba en la radio y se hacía para que la gente la comprara, entonces no era arte, era negocio. Así, la academia se encerró en una burbuja de cristal, ignorando que en la música popular de América Latina estaba ocurriendo la verdadera innovación, hasta que apareció en la escena Ricardo Ray, y lo demás es historia.
Carátula de ‘Willie Colón Presents Rubén Blades: Metiendo Mano!’ cuya sesión fotográfica fue realizada en 1976 en el histórico Gleason’s Gym, fundado en 1937 por Bobby Gleason y ubicado entonces en 252 West 30th Street, a orillas del río Hudson, cerca de las bodegas de Fania Records en el West Side de Manhattan. Considerado uno de los grandes templos del boxeo mundial, fue centro de entrenamiento de leyendas como Muhammad Ali, Roberto Durán, Héctor Camacho y Mike Tyson. El escenario real, cargado de historia y mística deportiva, reforzó la poderosa metáfora visual del entrenador y el peleador que definía la narrativa conceptual de este icónico álbum de la salsa.
Cuando murió Lavoe, Willie Colon publicó la mejor carta de despedida, con el recordado final de "Perdónanos Héctor". Ayer, Rubén Blades publicó el mejor texto de despedida para Willie, que cierra con "Ud no está muerto, compadre. Al contrario, ahora es que Ud comienza a vivir"
Fotos inéditas del último concierto de Willie Colón & Rubén Blades: el 25.º aniversario del álbum ‘Siembra’, realizado en mayo de 2003 en el Estadio Hiram Bithorn, Puerto Rico.
@Chris_Montz Difícil llegar a una conclusión de cual es la más representativa. Una de mis favoritas es Falta de consideración, aunque no sea de las más representativas. Saludos afectuosos!!!!
Llevo tres días escuchando la discografía de Willie Colón y aún no he podido llegar a un consenso sobre cuál es su canción más representativa. Colón tuvo tres etapas bien definidas y en cada una de ellas hay temas emblemáticos, prueba de su dimensión artística.
"El 21 de febrero del 2026, se ha mudado “al otro barrio” un titán de la música del género de salsa, William Anthony Colón, mejor conocido como Willie Colón.
Recuerdo perfectamente la última vez que lo vi, el 3 de abril del 2023, en el velorio de nuestro amigo y colega, el bongosero Jorge “Georgie” González.
Estaba conversando con José Massó y su esposa Divina cuando sentí una mano en mi hombro. Me volví y allí estaba Willie. Si a mí me sorprendió verlo, el resto de la gente presente casi se desmaya al vernos juntos.
Contrario a lo que quizás algunos esperaban, nuestra conversación fue cordial. Y es que, a pesar de los pesares que existían y existirán, ambos siempre respetamos lo que hicimos y las experiencias por las que atravesamos durante esos seis años y seis álbumes juntos, creando direcciones musicales inéditas hasta ese momento, en un género colmado de inconmensurables talentos.
Fue en 1967 ¿o 1968?, cuando conocí a Willie y a Héctor en Panamá, la primera vez que fueron para amenizar unos carnavales. No había oído hablar de ellos, pero la tarde que los vi actuando en una tarima en la Plaza Cinco de Mayo y Avenida Central, la energía y sentimiento de rebeldía que emanaban de la joven banda me convirtió en un "fan" para siempre.
Allí sostuve mi primera conversación con Willie, sin que imagináramos que en pocos años crearíamos una conexión personal, emocional e intelectual, capaz de cambiar la estructura tradicional de la salsa, desde un esquema de temas con letras y de arreglos dirigidos al baile y estrictamente limitados a la realidad del barrio, a una música de contenido urbano y nacional, que no evadía la presentación del asunto político.
Sin haberlo premeditado, nuestra combinación proyectaría al género afrocubano a otras dimensiones, y lo haría incluso a nivel mundial. Fue mi fortuna el encontrar a un músico con la inteligencia necesaria para comprender el sentido panamericano de mis composiciones y brindarles la oportunidad de ser escuchadas internacionalmente a través de su orquesta.
La ambición de Willie no se limitó a la salsa. Lo demuestra, entre otros, el excelente concepto de su producción musical, "El Baquiné de los Angelitos Negros", su banda sonora para un programa de televisión de la PBS (Public Broadcasting System). Ese poco conocido disco es una muestra del riesgo que Willie estaba dispuesto a asumir para satisfacer su curiosidad por encontrar nuevos caminos, aún a expensas de las demandas que el éxito comercial imponía en ese momento a su carrera. El disco no fue un éxito de ventas pero probó que Willie estaba interesado en explorar formas diferentes de hacer música. Por este tipo de ejemplo siempre he respetado y respetaré el talento e imaginación de Willie y su enorme conocimiento como productor musical.
En lo personal, recuerdo la solidaridad que demostró conmigo en los 80’s, cuando canté mi tema "Tiburón" en Miami, a pesar de haber sido amenazado y advertido de no hacerlo, o cuando tocamos en el entonces famoso "Studio 54" de New York. El maestro de ceremonias, eufórico describió la ocasión como si fuera un importante hito para la música y los latinos en Estados Unidos, y le comenté a la audiencia que ese lugar era un antro de "plástico", que solo aceptaba nuestra presencia porque estaba en decadencia y necesitaban el dinero, y que si queríamos ser considerados seriamente teníamos que activarnos políticamente. Cuando terminamos el set, Willie me defendió cuando el promotor y sus ofendidos asistentes me reclamaron por lo expresado.
Sobre nuestras diferencias personales, diré que estas existen y existirán en todo tipo de relación. Todo ser está compuesto por una compleja mezcla de emociones. Nuestra personalidad presenta numerosas facetas, que en ocasiones se complementan y en otras se contradicen. La gente se divorcia, pero sigue queriendo a sus hijos y nunca olvida los momentos buenos compartidos. Aunque nadie es del todo bueno o del todo malo, nuestra tendencia es generalizar y demonizar, y por eso para muchos resulta imposible aceptar o comprender que se puede reconocer lo positivo de una persona y a la vez rechazar lo que consideramos negativo en su actuar.
Siempre sentiré afecto por Willie aún a pesar de no entender por qué decidió demandarme judicialmente, reclamándome plata que nos hurtaron de un concierto, por qué hizo luego un arreglo extrajudicial con el que se quedó con nuestro dinero y nunca se excusó conmigo, ni siquiera después que la empresa que nos perjudicó fue encontrada legalmente culpable y condenada a devolvernos el dinero hurtado. Y aunque también me molestó su apoyo y simpatía por el político más mentiroso, narcisista y racista que se haya visto en Estados Unidos, nada de esto afecta la realidad de lo que logramos crear musicalmente, ni elimina o cancela mi cariño por él, las memorias positivas, las risas, las luchas, triunfos, dificultades y sacrificios compartidos.
A pesar de los pesares, mi admiración por Willie y mi respeto por su trabajo jamás desaparecerán, y nunca permitiré que el odio forme parte de nuestra pasada relación. Este es el aspecto que considero importante destacar: la providencial unión de dos jóvenes músicos, uno de New York vía Puerto Rico y el otro de Panamá, que lograron presentar y consolidar en canciones de salsa mensajes de unidad y posibilidades, de verdades, solidaridad y esperanzas al mundo entero, recibiendo un masivo apoyo popular, especialmente en países de habla hispana.
Willie Colón se ha ido, pero solo físicamente. Su extraordinario legado continuará presente a través de personas que amen la música y el baile, aprecien la fuerza, vitalidad y el gusto en los arreglos musicales del género salsa y se identifiquen con letras de temas urbanos que detallan y documentan, de forma simple o compleja, realidades y experiencias compartidas a lo largo y ancho de nuestra América.
Las banderas que presentó "Bad Bunny" al final de su exitosa presentación en el "Super Bowl" tienen un antecedente: repiten el primer llamado de unidad a todas las naciones de Latinoamérica jamás antes registrado en la música popular latina, grabado al final de la canción "Plástico", de nuestro álbum, "Siembra".
Hoy, una nueva generación dice presente y cultiva la semilla que juntos sembramos hace casi cinco décadas atrás. Hoy, cuando la tarea de reivindicar la identidad y justa posibilidad de nuestra cultura luce más urgente que nunca, nuestro trabajo, hecho con amor, cariño y fe, aún contribuye a promover el ideal panamericano que siempre defendimos y que nos hermana eternamente, a pesar de los pesares.
Descansa en paz, Willie Colón y, te repito lo que siempre digo: ¡gracias Willie!
Usted no está muerto, compadre. Al contrario; ahora es que Usted comienza a vivir".
Rubén Blades
23 de febrero, 2026